Días pasados, leí una novela que había obtenido buenas críticas en cierta prensa progresista, cosa que debería hacerme desconfiar.
Una tarde de merodeo por las estanterías de la biblioteca de mi barrio apareció ante mí. «La piel fría» se titula. Debo reconocer que la observé con cierta sorpresa. Es lo que tienen las visitas a las bibliotecas públicas, las novedades asoman como botines de guerra. El librito me lo leí en una tarde, es adictivo, y en su comienzo, apasionante.
Estamos en la Europa del 14, un irlandés rebelde y revolucionario, se destierra en una deshabitada isla del Atlántico Sur, donde toma a su cargo un observatorio meteorológico. Ya el mismo día de su arribada, unos seres empiezan a dejarse ver, pronto le atacan... Al final, les comprende y viven en feliz armonía...
La reflexión que le sigue, sin embargo, no la deja en buen lugar. Es una obra pedante, actualísima. Quizás es una alegoría de la modernidad. También podría ser una metáfora de Occidente. Acaso pertenezca al género fantástico. Podrían ser tantas cosas. En todo caso, no resiste la comparación con novelas que la precedieron, ni con el tantas veces citado «Esperando a los Bárbaros», o como quiera que Kavafis lo titulase originalmente.
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