Jueves
A la hora de elegir mis lecturas me dejo llevar, básicamente, por dos conceptos: el azar y la simpatía hacia el autor.
El azar me ha ofrecido mis mayores satisfacciones personales, presentándose desnudo, así, sin avisar. Sus leyes, que jamás conoceremos, ordenan a su manera el mundo mucho mejor que las latosas leyes de la razón que han impuesto los hombres.
La simpatía hacia el autor es también importante para elegir una lectura. He leído a Joseph Roth porque supe que era alcohólico y oficial del añorado (al menos por mí) Imperio Austro-húngaro. Luego descubrí que es un gran escritor. Empecé a leer a De Quincey porque me enteré que pasó la mayor parte de su vida -primero por necesidad y luego por placer- bajo los efectos del opio. Ahora se ha convertido en uno de mis autores de cabecera.
Quizá sea ésta una manera poco edificante de acercarse a la literatura, pero es la mía. Me gusta y me basta.
En el universo no soy nada; para mí lo soy todo. (Senéncour: Obermann).
Viernes
Tengo un pie más grande que otro y es éste un serio problema a la hora de comprar zapatos. Si el zapato izquierdo me va bien el zapato derecho me aprieta. Si el zapato derecho me va bien, el zapato izquierdo me «baila». La lógica dice pues que mi pie derecho es más grande que mi pie izquierdo. Le propongo a la dependienta de la zapatería llevarme dos zapatos de diferente número suponiendo que habrá más gente con mi problema a la que acabaré, tarde o temprano, haciendo un favor; pero ella se niega y piensa que le estoy tomando el pelo. Me voy de la zapatería, una vez más, sin zapatos.
Sábado
Un instante de calma en la habitación de casa: escuchar una sonata de Bach y percibir cómo las cosas que nos rodean han adoptado, sin esfuerzo, un sosiego que antes no tenían, o no teníamos nosotros y por tanto no podíamos advertir. Amiel decía que el paisaje es un estado del alma. Encender un cigarrillo y echar el humo hacia arriba, lentamente. Coger un bolígrafo y un papel e intentar escribir algo acerca de esta sensación. Empezar por la descripción física de nuestra habitación ahora envuelta por la música. Pasar luego a la descripción emocional de los objetos que nos rodean. Buscar los adjetivos que convienen; encender otro cigarrillo para encontrarlos, claro señor Pla.
Hablar de las cosas que nos rodean, inmóviles, es hablar de nosotros mismos. Esto nos asusta. Es difícil, laborioso. Hace calor.
Mejor bajar a la calle y buscar una terraza a la sombra donde corra un poco de aire. Pedir una cerveza bien fría. ¡Qué bueno es el primer trago de cerveza, sobretodo en verano!
Hasta aquí, lo que puede ofrecer una mañana tranquila de verano en la que uno se ha despertado perceptivo, algo inquieto y sin resaca.


Claro, hay que elegir las lecturas siguiendo un criterio hedonista. Si alguien quiere sufrir leyendo que se haga crítico literario.
Muy bueno este diario.
Saludos.
Ah, totalmente de acuerdo con lo del primer trago de cerveza.