Juicios tengas y los ganes

|

Cartel de la película
Aún recuerdo mi sensación de profundo estupor cuando le oí decir a mi padre por primera vez la maldición gitana que sirve de título a este artículo. Se la oí después infinidad de veces, sin entenderla, bendita infancia. Años más tarde, con la llegada de la edad adulta, empecé a comprender su significado, y la interioricé por completo hace poco tiempo, cuando me vi sentado por primera vez en el banquillo de los acusados por un delito contra la seguridad del tráfico, en un juicio muy tabernilero, dicho sea de paso.

La sensación de desamparo absoluto ante la justicia fue tan enorme, tan abrumadora, que durante algún tiempo -poco, por fortuna- logró colapsar todos mis pensamientos. De la mañana a la noche me dedicaba, amargado, a recitar monólogos interiores defendiéndome de las injustas -por supuesto, ¿qué esperaban?- acusaciones de que era objeto. Era, en suma, un secuestro mental en toda regla.

Quiero terminar ya con esta introducción basada en mis vivencias personales y entrar al tema, pero antes diré que a lo único que me exponía en aquel juicio era a una temporada privado del carnet de conducir y a una multa que, aunque cuantiosa, no dejaba de ser ridícula. Quiero decir con esto que en realidad no me exponía a nada.

Pequeño obituario sin pretensiones
El pasado 24 de junio de 2006 falleció Joaquim Jordà (Premio Nacional de Cinematografía 2006), un cineasta no excesivamente popular cuyo trabajo destaca por una excelentísima calidad y una originalidad en el tratamiento de los temas sin parangón en el cine documental español -con permiso de Erice. Frecuentemente resulta difícil encontrar sus películas, como en el caso que me ocupa (no está editada, que yo sepa, en ningún soporte para la venta al público), así que al final del artículo los interesados encontrarán unos útiles e-links para descargarla con ese fantástico invento llamado e-mule. No creo que al difunto Jordà le incomodara que la ponga a su disposición ya que, como cualquiera que la haya visto podrá suponer, es una película condenada de entrada al ostracismo (creo que sólo se pudo ver durante un breve periodo en una sala de Barcelona) y el objetivo de Jordà era sin duda el contrario, que cuanta más gente mejor tuviera acceso a este material.

De nens (De niños)
Ayer tuve la suerte -o la desgracia, aún no lo sé- de ver De nens (2004). La película es una escalofriante visión de los hechos que rodearon al caso de supuesta pederastia del barrio del Raval de Barcelona (destapado en 1997) y a su posterior juicio. En ella podemos observar cómo los artífices de una trama de especulación inmobiliaria galopante no dudan en destrozar (literalmente) la vida de varias personas acusándolas de abusos y agresiones sexuales a menores.

Si bien no es sorprendente que esto ocurra en el mundo en que vivimos, sí lo es la visión que la película nos ofrece, ya que normalmente cuando suceden estas cosas no pueden apreciarse tan de cerca, no es posible ver como alguien se ríe en la cara de un pobre hombre acusado de uno de los delitos más graves que la sociedad pueda actualmente concebir. Al enfrentarse a De nens es inevitable dejarse llevar por la indignación ante la actuación de la justicia -¿cabe nombre más irónico para esta institución?.

Para cualquiera que vea De nens con la mente mínimamente abierta, y mirándola con ojos lógicos en lugar de hacerlo con un código penal bajo el brazo, resulta incomprensible el hecho de que los que estén encarcelados por todo este asunto no sean, cómo mínimo, el juez -no se pierdan a este señor, a esta criatura diabólica salida del averno, a ese ejemplo de lo que un juez jamás debería ser, jamás debería hacer, y jamás debería decir, no se lo pierdan aunque tengan que pagar por ello un alto precio en pesadillas- y el fiscal-monigote, dañino, pero que al lado del juez parece un alma cándida, que se encargaron de enjuiciar el caso.

Desde luego, una película que les animo, no sólo a ver, sino también a copiar para sus amigos y vecinos, a organizar con ella exhibiciones públicas en salas pequeñas, a enlazar desde sus blogs, para que, de este modo, se pueda conocer el tremendo y brutal alcance de la injusticia de la justicia.


Enlaces:

Benjamin Nazka

Mar, 18/07/2006 - 22:55

Vi esta excepcional película cuando se estrenó. Ahora leyendo su escrito he vuelto a recordar las sensaciones que me produjo su visión. No encuentro adjetivos por exceso de adrenalina: me cargaría al juez, al fiscal, al de la asociación de vecinos del Raval, a los policías que se inventaron las declaraciones de los niños presionándolos hasta la desesperación... y paro.
Aproveho para recomendar la última película de Joaquim Jordà "Veinte años no es nada", una crónica de la tramposa transición con sus protagonistas reales: gente currante con anhelos de libertad. Como pequeña muestra, un comentario de una señora que lleva un bar: "la diferencia es que antes no podía hablar. Ahora puedo decir lo que quiero pero nadie me escucha".

Gràcies Joaquim

Decía Cioran que "toda indignación, desde la simple queja hasta la revuelta luciferina, revela una interrupción en la evolución mental"... No se indigne tanto señor Nazka.