El pintor de batallas

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Amor Victorius

- Me llamo Ivo Markovic.
- ¿Por qué me busca?
El otro había dejado el vaso y se limpiaba la boca con el dorso de la mano.
- Porque voy a matarlo a usted.

Markovic es un excombatiente croata cuya vida se diluyó en una tragedia a raíz de una fotografía que fue publicada en las portadas de numerosos periódicos y revistas de todo el mundo, hecha por Faulques, su futura víctima, antiguo reportero gráfico especialista en reportajes de guerras. En el presente, Faulques, se dedica a entender y a explicar la guerra, como si esta fuera una única batalla que ha atravesado la historia de la humanidad, a través de la pintura ya que después de treinta años de ejercer su anterior profesión se dio cuenta de que no podía hacerlo a través de la lente de una Nikkon.

Este es el prometedor comienzo de una novela de 301 páginas, de las cuales solo he disfrutado 100, y que son las que se centran en el diálogo de estos dos personajes. Ambos tienen el denominador común de haberse visto afectados por la violencia aparentemente irracional del ser humano y haber conocido el caos y el terror de la guerra. La necesidad de comprender las leyes que rigen los más bajos comportamientos humanos los lleva a mantener un diálogo interesante a través del cual intentan dar una explicación a lo que quizá sea inexplicable.

Nuestro interés queda truncado con los recuerdos de Faulques, que en lugar de esclarecer su situación actual (supongo que ese es el motivo de estas largas analepsis) reducen la ilusión de tensión que se establece en un principio entre el pintor de batallas y el croata. En estos flash-backs aparece un tercer personaje: Olvido Ferrara, amante del ex fotógrafo. Éste nos la presenta hermosa, inteligente, valiente, aguda, culta, ingeniosa, profunda en sus alegrías y en sus tristezas y sexualmente cálida y activa. Por si esto no fuera poco, la muchacha en cuestión es de alta cuna: creció en Venecia, su padre la llevaba de visita a casa de Giorgio de Circo y es capaz de decir en una conversación informal entre amantes lo siguiente: «...Nada será en realidad lo que es hasta que el Universo, que no tiene sentimientos, despierte como un animal dormido, estire las patas desperezando la osamenta de la Tierra, bostece y dé unos cuantos zarpazos al azar. ¿Te das cuenta? Sí, claro que te la das. Ahora comprendo. Es cuestión de amoralidad geológica. Se trata de fotografiar la útil certeza de nuestra fragilidad. Estar al acecho de la ruleta cósmica el día exacto que, de nuevo, no funcione el ratón del ordenador, Arquímedes triunfe sobre Shakespeare y la Humanidad se palpe desconcertada los bolsillos, comprobando que no lleva moneda suelta para el barquero». Todas las palabras que oímos de Olvido son de este estilo grandilocuente. Pero esto no es lo peor. Conocemos a Faulques a través de lo que dice la joven de él: «Me gusta ver cómo te mueves con esa cautela de zorro, preenfocando, preparando mentalmente la fotografía que vas a hacer, antes de intentar hacerla. Me gusta ver tus tejanos gastados en las rodillas y tus camisas remangadas sobre tu cuerpo flaco y duro, y verte cambiar los objetivos o la película recostado contra una tapia, mientras nos disparan, con los mismos gestos de concentración que un soldado usa para cambiar el cargador de un rifle. [...] Me gusta que seas tan bueno en tu trabajo...». El estilo de los discursos de Olvido no varía en toda la novela. Si no fuera porque me he extendido demasiado en las citas textuales, añadiría una que no tiene desperdicio: una proposición para hacer el amor que le hace a Faulques, párrafo que se tarda más en decir que lo que se pueda tardar en los preliminares sexuales de dos amantes fogosos.

También lastran la narración la exhaustiva lista de descripciones de todas las pinturas célebres que sirven de fuente al pintor, que van desde las cerámicas del período arcaico de Grecia hasta las posmodernas de Basquiat. En este intenso recorrido por la pintura bélica, Faulques no nos priva de sus opiniones, lo que me parece muy acertado puesto que es una de las maneras a través de las cuales nos podemos acercar al personaje. Pero (quizá me haya vuelto excesivamente mal pensada) existen dos críticas a Picasso y a su obra Guernika, que me suenan a una pretensión del autor por pasar a ser un escritor políticamente incorrecto, un enfant terrible (en francés debe ser más halagador para un autor) de la literatura española.

Por último ¿es necesario escribir en latín de Gemitukque luporum o en griego Aritmós kinesios si inmediatamente, ante el convencimiento que los lectores no sabemos ni una ni otra lengua, los traduce al castellano?

Pieldivina

Sáb, 09/09/2006 - 16:25

Celebro que su adhesión haya devenido en cohesión.

Benvinguda.

jopelines tabernileros gambiteros, que no me gusta ser purista pero en latin esas cosas que escribís no existen, por suerte la "estultitia" ya esta corregida pero el "gemitukque" de los lobos tampoco es. A lo mejor Reverte ya lo puso mal, o se inventó un creoli, pero habría que revisarlo ¿no será gemituque? Al aritmos griego es mejor insertarle una h entre la t y la m pero si Arturo ya me lo pone asi, pues nada, a tragar todos. Por lo demás estoy de acuerdo contigo en que no es necesario que se escriban las cosas en latín si van a traducirlas (a no ser que se trate de una cita de un autor concreto, o bien que la traducción no recoja todos los matices del original, cosa que pasa a menudo) pero lo que además de innecesario es nocivo es que estén mal transcritas.

Fe de ratas:

1. Donde dice "gemitukque" se ha de leer Gemitusque (pág. 175)
2. Donde dice "Giorgio de Circo", "Giorgio de Cirico"

En cuanto a Artimós (pág. 241) no hay error de transcripción. Crisci 1 (y a todos en general), lamento los errores de transcripción.

Apreciada pieldivina:
permítame que añada una h entre la C y la i.
Así queda: Giorgio de Chirico.
Aprovechando la ocasión, quiero decirle que todos sus comentarios me parecen de una extrema lucidez y sorprendente inteligencia y que es una suerte su presencia en Tabernil. Muchas gracias.

Hay una h entre la t y la m de aritmós,como dije antes, otra cosa es que arturito y muchos otros no la haya puesto, también es verdad que entrando en estas menudencias la y debería ser griega: arythmós. Una lengua que sorprendentemente aguanta bien los embates de la evolución en su ortografía es el inglés: rythim: 'ritmo' a la base de aquella palabra griega.

estimada pieldivina,
todo lo inútil es bello...

perdón, rhythm

Saludos, Pieldivina
Si ya me gustas cuando te cargas un libro, cuánto más me gustarás cuando escribas sobre alguno que hayas disfrutado de principio a fin...
Espero "encuriosida". Gracias.

Hace poco he leído un libro tan increíble, que me ha gustado tanto, que no sé cómo retrasé tanto su lectura. En cierta medida, me alegro de haber tardado el leerlo, porque la satisfacción que sentí todavía la tengo fresca. Se trata de "Jacques el fatalista" de Denis Diderot. Una obra de esa calidad merece un comentario que esté a su altura por lo que solo me atrevo a recomendar su lectura. La ironía, el humor, la relación entre clases sociales y sexos, el desenfado y naturalidad de los diálogos, la modernidad con la que están tratados todos los temas, impregnan cada página y consiguen que el lector siga con atención y una sonrisa en los labios a los dos viajeros a lomos de sus caballos a través de villas y campos, escuchando sus cuitas y opiniones con interés creciente y sin sentir ni una pizca de cansancio a pesar de la incomodidad propia de un viaje realizado en el siglo XVIII. Lástima que el trayecto tenga un final, se acaba deseando que los viajeros no se detengan nunca para poder seguir acompañándolos y escuchándolos.

tú haces lo mismo con tu francés, solo que no eres un bestseller... pero como quiera gracias pr tu aportación...

por cierto... el PEREZ-REVERTE no es santo de mi devoción, pero me gusta criticar a los críticos...