
¿Quién no ha deseado alguna vez echarse a dormir y no despertar nunca más? Pocos, pero menos todavía son los que llevan a cabo algún gesto para poner fin a sus vidas (creo que lo correcto sería poner en este punto el adverbio “afortunadamente” pero no lo voy a hacer). Los personajes de esta divertidísima novela son cuatro individuos cuya desesperación los ha llevado a realizar ese gesto: subir a la azotea de un edificio de Londres, una noche de fin de año, para poner fin de una vez por todas a la insoportable angustia que les inflingen los embates de la existencia. Este es el punto de partida de la historia de la relación entre estos cuatro suicidas, a través de la cual vamos conociendo sus vidas y sus miserias.
Los personajes son grises y poco carismáticos, sin embargo, nuestro interés por saber más sobre ellos no decae en ningún momento de la narración, así como tampoco flaquea nuestra sonrisa de la cara.
El domingo por la noche, cuando faltaban pocos minutos para iniciar la absurda ingesta de uvas, tuve un pensamiento para los cuatro suicidas acompañado, claro está, por una pronunciada sonrisa, inevitable cada vez que los recuerdo y que es la misma que se me ha puesto en los labios al comenzar a escribir esto.
Pieldivina


Me gustó Hornby en "Alta fidelidad" (gracias, M -me han dicho que a veces paseas por aquí-, por regalársela a F en su día) y aprovecho para recomendárosla a todos.
Apunto "En picado". Gracias también a ti, Pieldivina, por la "reseña".