Era una máquina

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De acuerdo, lo contaré, no quiero ser fingiendo.

Hace muchos años era una máquina.

Desde mi nacimiento no me comporté como los demás niños, ni siquiera necesitaba comer, o por lo menos no mucho. Permanecía horas y horas en la cama, tantas como me ordenaban, pero mis ojos miraban fijamente, mis párpados nunca se cerraban.

Mis padres se percataron pronto, a pesar de mi insensibilidad, a pesar de que no les besaba, no les acariciaba, y ni siquiera derramaba lágrimas cuando me regañaban, pues se dieron cuenta de que, a pesar de todo eso, era muy diligente, muy servicial. No había nada que ellos desearan que no intentara conseguirles, no consentía que mi madre hiciera la tareas domésticas sola, de hecho llegó un momento en que le pedí que, por favor, dejara que yo me encargara de todo.

Mi padre se resistió bastante, no podía acostumbrarse a que le arreglara el coche, que lo tuviera siempre a punto. Y mucho más le costó admitir el que le tuviera listo, y junto a su butaca, los últimos records de atletismo, la relación de goleadores de la última década, equipos, partidos, comentarios relevantes, en definitiva lo que cualquier entusiasta del deporte considera un sueño.

Ellos me querían, a veces parecían retraídos en mi presencia, pero sinceramente me tenían cariño. Y yo quería corresponder a sus muestras de afecto, simplemente... las sentía innecesarias, no veía qué utilidad tenían los besos, y a duras penas podía esbozar una sonrisa que no conseguía alegrarles.

Así pasaron muchos años. Éramos una familia feliz, es verdad que la algarabía, las regañinas, los abrazos, no existían. Los demás niños, un día se quejaban amargamente de sus padres, y al siguiente llegaban alborozados por un viaje prometido, un regalo, o la emoción de saber que «papá vendrá a verme jugar».

Y no fue hasta hace diez años que llegó mi gran cambio, no fue algo paulatino, se debió a la providencia, a un afortunado encuentro. Hasta ese momento era como un robot, nunca había sentido como ahora sé normal en los humanos. Y ese día...

¡¡¡Apareció Asimov!!!

W.

Vie, 09/02/2007 - 11:22

y después soy yo la que hace sospechar...

no cambio mis ideas sobre usted, W, porque a mí me gusta que los textos taberniles sean incomprensibles.

Pues yo sí lo comprendo. La clave está en Asimov, como algunos habrán ya adivinado ;-)
Cuando era adolescente leí "Azazel". ¿La ha leído usted, W.? Vale para explicarlo todo. Bueno, todo menos lo de "ser fingiendo" y lo de "nunca había sentido como ahora sé normal en los humanos". Aunque si sospecho...

Ese ha sido un buen golpe, Pe

Iba a protestar diciendo que no es lo mismo, que a mí se me entiende perfectamente. Pero supongo que solo es que creo que es imposible no entenderme, y lo que creo no tiene porqué coincidir con lo que es. Tiene usted toda la razón.

Me parece agradable que las dos “sospechemos” mutuamente, sospechar no es malo.

Sí que he leído “Azazel”, G, me encanta. Y es así, la clave es Asimov, aunque no por ese personaje. El cuento no tenía intención de hacerle un “homenaje”, yo no había planeado eso pero salió de forma natural, debió ser mi subconsciente.

Lo de “ser fingiendo” tiene una explicación muy prosaica, pero.. prefiero mantener un encanto del que desgraciadamente no soy responsable.

Y esto me lleva a preguntarme: ¿con quién irían a cenar? Yo lo haría con Asimov. Desde luego no valen las personas a las que quieren y conocen, ni siquiera si esas personas son inteligentes, con sentido del humor, sensibles y cultas. No sé si ese tipo de preguntas tienen cabida aquí, pero me ha interesado de repente

Yo iría a cenar con Edgar Allan Poe. Lástima, no?
En su defecto, con Sting, para mirarlo mucho, mucho.

Yo con Juan Marsé, sin duda. Y con Serrat y con Sharon Stone, se me ocurre.

Edgar Allan Poe, sí, desde luego.

De acuerdo, G, tengo que preguntarlo o lo seguiré pensando: ¿por qué Sharon Stone? ¿Quién querría ir a cenar con Sharon Stone? No tiene nada ¿no?

Seguramente, sea lo que sea lo que pienses, lo seguirás pensando después de haberlo preguntado; incluso después de mi respuesta... me molesta un pelín que preguntes quién querría ir a cenar con Sharon Stone precisamente cuando digo, y reitero, que yo iría a cenar con ella. Mírame a la cara y dime, W., ¿te parece que estoy bromeando? ¿Merece la compañía de Sharon una justificación y no la de Asimov o la de Poe?
Hoy, de todas formas, cenaría con Mike Jagger o con Miquel Barceló. Esto va a días.

pero G.! como Gato escaldado salta!

no había animosidad, me parece, y, de últimas, desáznenos acerca de la virtudes de una cena con la Stone! no nos crea incapaces de cambiar de parecer! y no abandone el trato de Usted!

digo...

y además ¿no se imaginaba que iba a generar sospechas con su respuesta?

yo con Poe me iría a beber, lo de cenar sería sólo una excusa.

Ah! Sospechas, sospechas...

De verdad, estimada Pe, no les creo incapaces de nada a usted y a W., téngalo por seguro. Pero no veo porqué deberían ustedes cambiar de parecer. Lo de la Stone es personal e intransferible, seguramente. Me parece guapa y divertida. Además, me suena que tuvo una embolia y está como lobotomizada... y sin embargo sigue pareciéndome guapa y divertida. Llámenme rara.

A veces apunto ironías y no hay manera. Fallo el tiro, veo. Discúlpenme si les he parecido molesta en mi anterior comentario. Cuando quieran, quedamos los seis para tomar unas copas o cenar y deshago el malentendido.

No, no, G, no parecía molesta en el comentario que ha puesto, había captado la ironía, muchas veces capto cosas. Un día de estos veré muertos, pero hasta el momento no (o eso creo)

Si la mirara a los ojos vería más cosas de las que veo, porque en realidad, sí, dudaba entre si usted bromeaba o no, de hecho todavía no lo tengo claro. Porque Sharon Stone es guapa pero… eso, solo es guapa, no dice nada. Si está lobotomizada, que pensé que esas cosas ya no se hacían, eso si es interesante, le da un aire. No es que yo disfrute por lo que sea que le pase, pero es otra cosa. Así, sin más, realmente si necesita una justificación lo de escogerla como compañera de cena. Hay personas de las que es necesario probar un por qué y otras que son el por qué ellas mismas, es la vida.

Es que tiene que razón Pe, necesariamente se sospecha, es inevitable

dos cosas:

-sospecho que esto muere demasiado fácilmente, qué pasa en Tabernil?

-W, le agradará saber, o no, que estaba pensando incluir en mis próximas visiones, un I see dead people- se lo juro.

-voy a seguir sospechando

¿Sabe qué, Pe? Debería incluir en sus visiones el “I see dead people”. Ha sido la casualidad la que ha hecho que a mi se me ocurriera también, pero usted ya lo había pensado asi que no sería razonable que lo dejara de lado. Y la casualidad es eso, casualidad, no decide a no ser que queramos que lo haga. Y si queremos que la casualidad decida entonces es que no queremos decidir nosotros, y eso ¿en que lugar nos deja?

Parece que añora algo de Tabernil que cree se esfuma. Si es asi no deje que eso pase, usted niéguese, siga sospechando hasta de sus sospechas y haga algo al respecto. Que no tiene porqué funcionar, pero no lo empeorará ¿no?

Hola sospechosas.

El comentario tabernilero surge siempre racheado, al igual que el artículo, el cuento, el poema, o la colaboración del tipo que sea. Pero no pasa nada en Tabernil. Nada malo al menos.

Y así, desde aquí, dominado yo también por la inconstancia, les mando un caluroso saludo.