La belleza

|

a Mario

Añadió un poco más de azúcar a su último café con leche. A continuación bajó las escaleras que serpenteaban hacia la playa por el borde del angosto acantilado y, dejando sus zapatos de piel gastada sobre el último escalón, aposentó sus pies sobre la arena tibia.

Mientras caminaba en dirección al mar, apenas diferenciable del cielo en días como aquel, fue despojándose de cuantas prendas lo cubrían: una camisa blanca de manga larga y siete botones; un pantalón gris de franela muy ceñido; una camiseta de algodón que dejó al descubierto el vello de su pecho que empezó a mecerse al compás de la brisa y le hizo sentir su último escalofrío; unos calzoncillos.

Quedó desnudo, derecho como un poste, con la vista fija en el horizonte y un gesto de insensibilidad en su semblante, y pasó así unos diez minutos mientras el vaivén del mar enfriaba sus pies y erosionaba la arena dibujando extrañas formas bajo ellos. Meditó brevemente sobre la ruindad de su pasado y sobre cómo el absurdo y a la vez valiente gesto del suicidio paliaría, aunque sólo fuera para sus adentros, su profundo malestar, aportando un granito de orgullo y dignidad a su infame existencia, y se adentró en el mar caminando primero y a nado después, sin un sólo instante de vacilación ni una sombra de duda que mancillaran la belleza de su acto, hasta que el cansancio hizo mella en sus fuerzas y el agua en sus pulmones. Así terminó todo para Mario Cortés.

Benjamin Nazka

Lun, 12/03/2007 - 12:13

qué poético, diría, si no supiera que es muy difícil definir la poesía...

hay algo en el contraste del detallismo minucioso y lo absoluto del acto que se comete, que me sorprende, y eso es para mí, modestamente, la poesía.

la dedicatoria: ¿es lo que se conoce como motivación realista? ¿se le iba demasiado al lado de allá el texto?

Vaya, que halagador su comentario, créame.

La dedicatoria, motivación realista, sí, pero para el lector. A mi no pudo motivarme en absoluto durante la redacción porque la añadí a posteriori. Me pareció que potenciaba la sensación que buscaba transmitir, aunque puede que ahora, confesándolo, lo esté estropeando, pero prefiero al tipo de lector que lee primero un texto y luego los comentarios.

Lo Cortés no quitó lo valiente.

Me parece un relato nítido, parco como los de Rulfo, frío como un acantilado de la Galea...no sé, me han dado ganas de ser el Mario Cortés ese, pese a su inefable destino. Un destino que en su éste relato no parece trágico, sino más bien obvio, natural. Bravo.

Creo que lo bello del relato está precisamente en el detalle puramente estético, ese que resta protagonismo a lo definitivo. La frialdad, en este caso, hace bello lo feo. Digo yo.

PD: Pe, no sea modesta!, usted no necesita de esas cosas. Es rara (quiero decir que es como es, no es un insulto, ni mucho menos)

más justificaciones:

Emily Dickinson:
"If I feel as if the top of my head were taken off, I know that is poetry."

o, lo que es lo mismo,

"Si tengo la sensación de que me levantan la tapa de los sesos, entonces sé que eso es poesía."