Jack Lemmon

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Estoy escribiendo estos días. Ando metido en esos juegos de estructuras y personajes. Pinchándome con la trama y deslizándome sobre las olas de los diálogos. Busco una historia que sin nacer de mi vientre, será mía. Estoy escribiendo un guión que, premisa obliga, debe transcurrir en un único lugar. Luego vendrán las trampas y las localizaciones alternativas y los exteriores mínimos indispensables. Pero de momento tengo un Do, un Sol y un Re. Los Beatles harían con eso una obra maestra, pero estamos hablando de mí.

La primera fase a la hora de encajar un largo proceso de escritura es evitarla, la escritura. Ya he cambiado la disposición de los muebles de mi estudio tres veces. Lo que el Feng Shui lleva milenios construyendo puede venirse abajo en una sola tarde de un guionista desesperado. En esa fase de evitación están los paseos sin rumbo por la ciudad, que para no desaprovechar del todo el tiempo, implican recados a amigos y parientes. Más tarde uno gasta estúpidas cantidades de dinero en discos, libros y objetos de la más variopinta calaña que cree que pueden ayudarle en su proceso de «acercamiento al tema». Es, para que nos entendamos, como si el torero estudiase electrónica para vestir el «traje de luces» con el que ha de enfrentarse al toro. Cuando uno ha gastado ya la suela de los zapatos y buena parte de los ahorros no queda más remedio que enfrentarse a la hoja en blanco. Pero, puesto que la hoja en blanco es transportable, uno decide que las musas le van a encontrar antes en los bares con una caña de cerveza o un gintonic o un güisqui on the rocks. Y así puede perder el guionista una semana, un mes o una vida entera a parte de la otra mitad de sus ahorros. Cuando el guionista empieza a fumar colillas y a beber Anís del Mono es momento de volver a casa y enfrentarse, en ese estudio desordenado e incómodo en el que nada está en el lugar en el que se suponía que debería encontrarse, a la bendita y angustiante escritura. Entonces, atrapado de nuevo en su despacho uno llega a la conclusión de que antes de ponerse a escribir debe documentarse leyendo, si fuese necesario la guía telefónica, y viendo algunas películas de otros autores relacionadas con la suya pretérita. Yo pasé por esa fase durante los primeros días del mes de julio de este año. Primero me vi los últimos estrenos de blockbuster, tuviesen o no que ver con mi proyecto de historia. Luego, centrándome un poco más, proyecté algunas películas que se acercaban al tema de mi tema: «Smoke», «Coffe and Cigarettes», «High Fidelity», «La estanquera de Vallecas», «Amanece que no es poco» o «El abrazo partido» (deliciosa siempre, siempre, siempre) y –maldita la hora- «El apartamento». Sí, me puse «El apartamento» y eso me llevó a «Con faldas y a lo loco» e irremisiblemente a «Irma la dulce» y a todo Wilder y eso a Lubitsch y eso a Chaplin y eso a la cama, con fiebre y miedo y vértigo. Caí en la trampa de «El apartamento» ¿cómo se le ocurre a alguien que tiene que escribir un guión (y que además, osado, pretende dirigirlo) ver esa película?

Salgo de la cama, después de varios días de parálisis creativa y retomo la tarea, ahora ya en serio, pensando que la comedia tiene menos sentido desde la desaparición de ese actor con nombre de amarga bebida alcohólica. En el otro platillo de la balanza cuento con una excusa más para justificar mi posible fracaso: “No podré escribir una comedia hasta que no encuentre a mi Jack Lemmon”, pienso. De lo que no quiero darme cuenta es de que no voy a encontrar a ningún Jack Lemmon. Nadie lo va a encontrar. Busquemos a Lemmon y encontremos otras cosas por el camino, digo yo. Y mientras lo digo me doy cuenta de que esta reflexión tampoco es que me importe mucho. Empiezo a sospechar que se trata sólo de una excusa para no seguir escribiendo.

Lillo

Dom, 15/07/2007 - 11:07

Sospechas estupendamente, Lillo, son excusas. La mente hace cosas muy raras, quiero decir que va por su cuenta sin que uno tenga nada que ver con ella. Asi que lo primero que ha dicho la mía al leerte es: “Se sienten, coño!”, lo que debe querer decir que te pongas a escribir ya mismo. Supongo que quiere decir eso, no sé porqué mi cerebro piensa cosas sin consultarme primero, por eso tampoco lo estoy de lo que le da por expresar.

Claro que no has nombrado “La extraña pareja”, si no la has vuelto a ver puede que ese sea el motivo de tu bloqueo, no me extrañaría nada.

Y no es por desconsolarte, pero el que no vayas a encontrar otro Jack Lemmon, que no, no vas a encontrarlo, no es justificación. Tendrás que suplir, con lo que escribas, esa ausencia. Cuanto antes te sientes, mejor.

Suerte... y al toro

Supongo que no es lo deseable, pero por mi parte, mientras seas capaz de narrar así de bien tus excusas, que da gusto leerlas, puedes pasarte sin escribir una buena temporada.

Que le den al toro. Viva el veranito, el gin-tonic, la caña madrileña, y si me apuras, hasta el tinto de verano. La playa no, por ahí no paso.

Señor Nazca ¿qué le ha hecho mi toro? ¿por qué le trata asi?

Pero estoy de acuerdo con usted; da gusto leer a Lillo escribiendo los motivos por los que no escribe.

Lillo, es la primera vez que me meto en esta web y es que me he sentido terroríficamente identificada contigo. ¿HAs probado con la absenta? Se cuenta, se dice que potenciaba la imaginación hasta límites insospechados. Claro que quienes la usaron yacen en el subsuelo compartiendo habitación con gusanos mil.
Sí, el folio en blanco, más bien conocido como "Folio, el tormento de escritores" puede ser nuestro mayor enemigo (véase Jack Nicholson como Jack Torrance en The Shining), nos puede volver locos, insanos, orates...
Yo soy escritora (eso digo para convercerme), quiero serlo pero mi papá y mi mamá tienes apellidos demasiado comunes (García, González, Fernández, López, Dominguez,...)cualquiera de ellos vale para vivir pero no para sobrevivir en el mundo de las letras o es que no me esfuerzo lo suficiente. Quizá sea eso.
¿QUé hará la Rowling para que su inspiración esté tan agradecida? En Inglaterra se bebe mucho y desde muy temprano (lea la respuesta entre líneas)o ,como dijo ella, lo de estar embarazada (cosa que a las normalitas provoca única concentración de hormonas en fiesta continua a lo FIB pero FIP (festival individual de placenta)) a ella le dio por parir la historia que la ha hecho millonaria.
Lillo, quizá debas quedarte embarazado.
Desde que sé que me caso porque me lo pidieron y dije que sí dejo muchos folios en blanco y precísamente no soy vírgen en esos cometidos.
Puede que dijera que sí para evitar escribir, la excusa es buena, muy buena, justifica el bloqueo, la falta de inspiración, de tiempo, la distracción total y absoluta...O quizá frente al altar se me ocurra le mejor idea jamás contada y deje el matrimonio para otro momento. No sé si podría.
Lillo, siéntate frente al folio, mírale a los ojos, pídele que por favor te comprenda, díselo con ternura ante todo, espera su reacción...
Si lo ocurre se limita a otro nada de nada pues vete de nuevo al video club o leéte la nueva novela de Stephen King, La historia de Lisey. Si te gusta el autor, ésta que te recomiendo te va a encantar. Si no te gusta, pues señor, no te gusta.
Paciencia, Lillo y observación absoluta a lo que ocurre a tu alrededor que a veces de pequeñas cosas salen obras enormes.
Un saludo

Estimado Lillo,

Sin venir a cuento yo me he pasado al Marie Brizard en vaso de tubo estrecho y acompañado con cinco hielos. Nunca he sido escritor ni me he sentido como tal; lo más cercano a este sentimiento podría ser escribiente de mi pensar que, con el pesar de los pesares, también ha sufrido el enfrentarse a un papel en blanco con la terrible sensación de creerme hueco de mollera al visualizar mi incapacidad cerebral para transmitir un movimiento continuo hacia el puño que sujeta el bolígrafo. Aún así, si bien no he conseguido superar esta traumática situación si que he adquirido una pequeña habilidad que me produce una enorme satisfacción; se trata de realizar un largo sorbo hasta conseguir que uno de los hielos se pose en mi cavidad bucal y, sorbiendo a Marie,rechupetearlo hasta eliminar tan bizarro sabor del cristalino cuboide. Una vez realizada la limpieza etílica, escupo el trozo de roca helada en la palma de mi mano y se lo doy a rechupetear a mi simpática cooker spaniel ingles de cabello acaramelado. Cada noche realizo esta misma acción pensando que algunos gramos de musas del kilo que nos confieren al nacer se desprende de mi sin una posible vuelta atrás; con el convencimiento de que tal acción beneficia directamente a Ona, dándole más capacidad de improvisación ante los juegos que diariamente realiza. Se que estas lineas no vienen a cuento pero he llegado a una certera conclusión: si no escribo mi perra es más feliz.

Se me olvidó añadir... 'Me gusta escribir para sentirme infeliz'.