Cada vez que mi autoindulgencia me invita a creerme una buena persona no tengo más que pensar en el supremo TERROR que me produce la idea de que alguien pudiera saberlo TODO sobre mi, todo lo que yo sé y callo. Esto, unido a las razones por las que me aterra tal idea, y a las razones por las que callo lo que callo, anula mi creencia inicial sepultando mi autoindulgencia, hasta más ver.
Frecuentemente, en mi descargo, tiendo a pensar que ninguna vida está exenta de maldades, fechorías, secretos inconfesables, ruindades..., pero yo sé, y ahora también ustedes, que las mías son siempre más peores.
Comprenderán, y sé que disculparán, que deje los ejemplos para mi psicoanalista.
Benjamin Malévolo Nazka



Ná, no será pa tanto, Sr. Nazca. ¿Tiene usted la capacidad de ser malo y no lo es siempre? Pues eso ya es ser bastante bueno. Y debe usted tener talento para la maldad, porque tonto no parece. Así que no sienta terror porque los demás puedan averiguar lo que ha hecho. En realidad, y ya que ahora no está su psicoanalista, y yo sí, le diré que probablemente eso tendría un efecto liberador. Y no le diré más porque de lo que se trata es de curarle (y si puede ser de enterarme de algún acto malévolo que haya cometido), no de explicarle mis métodos.
Me gusta la viñeta. ¿Hay que interpretar que el niño no es humano porque concuerda con el tigre en el orgullo de no serlo? ¿O se desnuda para intentar ser de otra especie y estar de acuerdo? En todo caso reniega, eso si lo pillo, pero es de esas cosas que me hacen pensar en otra que se supone no viene a cuento.