Libros que nunca leeré - Me miento

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Últimamente difiero. Difiero aplazando mi obligada publicación mensual y difiero disintiendo en el seno de mi bipolaridad, obligándome a leerme en diferido; una acepción no considerada en 1780 por la imposibilidad en su ejecución… Y es que últimamente ando escaso de recursos y asímismo de juicios; no deseo ni recurrir a la cordura ni esperar la pronunciación de sentencia y, sin seguir pareceres, encuentro semejanzas de difícil imitación. ¿Se apoderó la absurdidad de mí? No conteste vigésima sexta; mucho temo que mi condición ciclotímica puede aina desvanecer.

Muchas vezes llega más ayna el que no dexó el camino, y se perdió el que fue por el atajo
Guevara, Menosprecio de la corte, ed. 1673, p. 15

No me pierda la flor de la hermosura,
que esto será excusado tan aína,
y perdería lo que ella menos cura.
Hurtado Mendoza, Obr. Poét., ed. Lib. Raros, p.131

Me miento es la obra nunca escrita vislumbrada en los atardeceres paseados por los senderos sinuosos de cualquier monte, o la obra soñada en penumbra adormecida bajo el cobijo de un buen libro. Me miento acuna la controversia de la mención de uno mismo y del manifiesto contrario del pensar; ¿qué obra a modo de autobiografía o diario íntimo podría ser escrita con tal disparidad en el seno de su título? Me miento nunca fue ni será escrita ni por su autor ni por algún otro, podría acontecer que la osadía ajena en busca del propio ensalzamiento sustrajera un compendio lato de la propia obra sin indicio alguno de alcanzar la terca maestría percibida en su fuero.

Ya en tiempos de Escipión, cuando Lucius Aemilius Paullus Macedonicus decretara la libertad de los esclavos de la fortaleza ibera, Turris Lascutana, de la ciudad de Hasta Regia, Marcus Confundium –un humilde pensador pre-socrático de la ciudad– se adentro en las profusas aguas de la literatura escribiendo ‘Mentis Mentiri, hominis subiacere’. En su obra, el joven autor, entrelaza ‘in extremis’ su yo vital con su yo circunstancial, siendo históricamente el primer manuscrito de carácter plenamente bipolar del cual se tiene constancia. Muy lejos de conseguir la esencia de Me miento, Confundium fue ejecutado por sus particulares y extravagantes ideas sobre el proceso de formación de la identidad humana, afirmando hasta el momento de su muerte que el carácter de cualquier ávido soldado podía ser transformado con solo posar un huevo de gallina en su lecho de descanso. No obstante, su perseverancia y aplomo no cayeron en el olvido, convirtiéndose su nombre en el verbo latino confundere, –confundir en nuestros tiempos– cuyo significado se recoge en la R.A.E de 1729 bajo dos acepciones:

  • Mezclar, revolver y juntar dos ò mas liquóres ù òtros ingredientes, diverfos entre sí, de fuerte que refulte un nuevo mixto ò compuesto, del qual no puedan volverfe à feparar en la forma que eftaban antes.
  • Vale tambien equivocar, perturbar con deforden los nombres, los fuceffos, y otras cofas femejantes de forma que fe obfcurezca, ò no fe pueda averiguar la verdad de los hechos.

Si bien, hasta la 22ª edición del diccionario de la lengua española de la R.A.E, las acepciones han ido siendo modificadas acordes a los tiempos hasta:

  • Mezclar, fundir cosas diversas, de manera que no puedan reconocerse o distinguirse.
  • Perturbar, desordenar las cosas o los ánimos.

La primera acepción de 1729, conjuntamente con una copa de madera tallada con el nombre del autor, Marcus Confundium, encontrada en el yacimiento románico de Mesas de Hasta, ciudad cercana a la actual Jerez de la Frontera, nos muestra a Confundium como un hombre sabio en la alquimia de los licores –en los cuales encontraba remedio a su enfermedad e inspiración literaria–, y de carácter controvertido e inconformista.

Me miento, obra de la cual nunca se escribió ni se escribirá ni una única página, ha ido goteando a lo largo de la historia ejemplos verosímiles de su grandeza conceptual y, si bien este incesante goteo nos ha legado obras maestras de la literatura universal, la suma de todas o el confundir de las mismas no ha podido esclarecer el núcleo, germen o piedra filosofal que se esconde entre sus páginas no escritas.

Si nos remontamos al periodo de paz del cual gozó Granada con el desembarco en Almuñecar de Abd al-Rahman, encontramos en uno de sus sirvientes Hafsun al-Jalim otro claro componente de las secuelas que Me miento ha propiciado a la historia de la literatura. Hafsun al-Jalim en su libro Kuhúl –literalmente alcohol-, nos muestra los avatares de la discordia entre un sirviente y su señor al caer la noche en el palacio. Existe la creencia que Abd al-Rahman y Hafsum al-Jalim intercambiaban su condición al anochecer, siendo Hafsum al-Jalim quien tomaba las importantes decisiones del reino mientras Abd al-Rahman recorría las alcobas mancillando a sus sirvientas. En la obra Kuhúl, Hafsum al-Jamin realiza un pormenorizado estudio de la psicología del ser humano y el autoengaño, llegando a comprometer entre sus páginas el comportamiento sáfi de su señor Adb al-Rahman. Hafsun acuña en su obra palabras como muharríg (mamarracho) incorporada en el diccionario de la R.A.E de 1803 con el significado de ‘persona o cosa defectuosa, ridícula o extravagante’; miskín (mezquino) cuyo antecedente se remonta al acadio (muskenu), hablado en la antigua Mesopotamia por Asirios y Babilonios e incorporado más tarde al arameo (misken); lo que nos hace observar que la influencia de Me miento se remonta más allá de Marcus Confundium y cuyo significado es pobre, necesitado, falto de lo necesario. Y, finalmente, fulán y mán kán (fulano y mengano), la primera incorporada al árabe desde el egipcio para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar y la segunda para referirse a una persona indeterminada o imaginaria.

Hafsun al-Jalim utilizó estas palabras (muharría, miskín, fulán y mán kán) para referirse a los diferentes episodios de Kuhúl en los cuales Abd al-Rahman se sumergía en las noches. Si nos detenemos en el significado de cada una de las palabras, encontraremos en ellas la misma sensación de carencia que en Me miento se puede observar. Estados u episodios latentes de incertidumbre se muestran en todo trastorno bipolar y al no ser posible ningún desarrollo completo de la persona al estar ésta formada por múltiples personalidades, Me miento abre sus fauces y desarrolla su propio ego en ínfimos goteos a lo largo de toda la historia de la humanidad.

Cervantes y su Don Quijote, Leonardo Da Vinci cuyo primer recuerdo de la infancia se remonta a “Parece como si me hallara predestinado a ocuparme tan ampliamente del buitre, pues uno de los primeros recuerdos de mi infancia es el de que, hallándome en la cuna, se me acercó uno de estos animales, me abrió la boca con su cola y me golpeó con ella, repetidamente, entre los labios.”; sueño del que se ocupa ampliamente Sigmund Freíd en su Psicoanálisis del Arte. La controversia de Erik Satie; un personaje tan metódicamente calculado en sus actos y, contrariamente, tan predispuesto a utilizar las sensaciones como eje conductor de todas sus partituras, son claros ejemplos de que Me miento, aún sin haber sido y sin que vaya a ser nunca escrita, palpita lentamente como una obra en vida dispuesta a arrojar a la oscuridad cualquier indicio de su propia existencia.

Ciclotímico

Lun, 20/08/2007 - 15:44

¿Qué significa "aina"?

Aína (en la actualidad se escribe con acento) es un adverbio. Significa: por poco, pronto, fácilmente. Aunque para mí, personalmente, Aina lo es todo.

No le ponía el acento, por eso no salía en el diccionario.

Es curioso que signifique “por poco” y también “pronto” y “fácilmente”. Los “por poco” no son nada fáciles, son una tomadura de pelo, y por lo general no son pronto, suelen ser tarde para fastidiar aun más.

¿En qué sentido aína es todo para usted? ¿En los tres?

No. Sustantivamente.

Me da fatiga preguntar, pero no me la daría leer una respuesta como explicación a su último comentario.

Puede que “Me miento” nunca haya sido escrita porque la gente, en general, esta convencida de que para ser, lo que sea pero ser, es necesario aglutinar todo lo que son en uno. Puede que el tener un solo cuerpo influya; no les parecería extraño si tuvieran varios, pero cada recipiente debe contener solo una cosa de cada. Que no lo digo yo, lo ha dicho usted: “Me miento acuna la controversia de la mención de uno mismo y del manifiesto contrario del pensar”

Me desconcierto.

No sé de qué se desconcierta exactamente, pero espero que la culpa sea de Ciclotímico y no mía, porque cuando me explico me parece que es peor. Pero si algo de aquí le ha desconcertado lea “Amó a Bo”, da la sensación de una viñeta dentro de otra viñeta y así hasta la eternidad.

Creo que el libro que encontró en el descampado fue dejado adrede allí. La destinataria de la dedicatoria, porque iba dirigido a una mujer, había muerto y un familiar se hizo cargo de sus cosas. Pero este sobrino no sabía nada de la fallecida, apenas la había visto en dos o tres ocasiones cuando era niño, y le obligaban a ir a bodas de primos lejanos de los que no recordaba ni el nombre. Estaba embalando lo que había de llevarse el trapero cuando el libro llamó su atención al impedir que cerrara una caja. Lo sacó y terminó de sellar la caja con cinta adhesiva, luego, sudoroso y sediento se sentó sobre la misma. Mientras tomaba una cerveza repasó con la vista la desangelada habitación y abrió distraído el ejemplar. La dedicatoria, igual que a usted, le emocionó, pero a la vez le dejó pensativo: ¿Y si cuando muriera, una dedicatoria dirigida a él acabara en un cajón de libros destinados a venderse al peso? ¿No moriría dos veces? No deseaba quedarse el libro, no le importó su tía en vida y tampoco le importaba su muerte, pero eso no quería decir que no mereciera un poco de respeto. Decidió que lo más coherente era que otra persona encontrara la dedicatoria, alguien que no pensara en lo inadecuado de tirarla. Por eso al día siguiente, mientras paseaba al perro, abandonó el libro en el descampado. Seguro que no tardaría mucho en encontrar un dueño que no se hiciera tantas preguntas como él.