Acostumbrados como estamos a la impersonalidad de este espacio, impersonalidad a la que se aspiraba en un principio pero sin dejarlo del todo claro, y que por eso mismo acabó generando una lista de Ex-colaboradores casi más amplia que la de actuales, me permito introducirme doblemente a través de mi colaboración de este mes. Primero, al usurpar vilmente y sin avisar la sección de Juan, su ABC, iniciada en aquellos días felices en que compartíamos, además del espacio tabernilero, la cama y la noche de manera cotidiana. Segundo, al introducir una reflexión directamente relacionada con nuestra vida privada, que por motivos que son altamente conocidos por todos, guardamos celosamente de los comentarios ajenos. No impide esta determinación que absolutamente todo el mundo Tabernil conociera nuestra infame falta de Ducha.
Se ha discutido largamente en sesiones igualmente largas de tapeo, cañas y cubatas la real necesidad de poseer una Ducha en casa propia. Si bien, como decía, no es un detalle que me divirtiera especialmente compartir, acabó convirtiéndose en una especie de símbolo de nuestro espacio, el Palazzo del Moro. Generó, claro está, confesiones inigualables acerca de la frecuencia con que cada uno se ducha y/o se asea; formas variadas de acercamiento a la cuestión de la higiene; sugerencias olvidables acerca de cómo lidiar con la situación; y una innumerable serie de visitas a Duchas ajenas, que acabaron convirtiéndose en el lugar de las casas de los Taberniles que más conocemos. Se aprovecha la colaboración de hoy para agradecer aquellas muestras de confianza: nadie pensó que mis pelos pudieran tapar sus desagües; que mis hábitos más escondidos pudieran desatarse en medio del proceso de lavado; que un marido y/o mujer pudiera llegar en el comprometedor momento de salir de la Ducha.
Aquellos días felices han llegado a su fin. Entramos en una nueva etapa que espero depare nuevas y mejores alegrías. Una de ellas, claramente asociada al hecho de que, a pesar del tiempo que pasamos sin poseer medios a través de los cuales ejercer la higiene diaria, jamás dejé de querer ducharme cada día, reside en la flamante y de color rojo presencia de una Ducha con agua caliente en el área del lavabo del Palazzo.
Comienzo a arrogarle el poder simbólico de que, si a Juan se le mete una cosa en la cabeza, no se puede dudar de los resultados.
Pe


Hola Pe
fue un placer tenerte de okupa-duchera donde hay 2 pelos caben 3 y ademas decir que esta noble acción hacía recordar a los otros a remojarse en las susodichas casas de ducha prestada.