Alfonso Navarro

En el tren

|

Tenía veintiún años, bajé del tren mirando a ambos lados del andén, mis maletas venían detrás, a mi lado. Uno siempre termina por no dejarse aquello que más pesa.

Luego vino lo de siempre, tus ojos achinados por tu deficiencia visual, mi mano moverse de forma casi ridícula y tú corriendo hacia mí, y yo esperando quieto con la excusa del desorbitado peso de mis maletas. Luego el abrazo, abarcándome por la espalda a la altura de mis riñones. Hasta me dolía.

Vie, 15/06/2007 - 12:34
Distribuir contenido