Cómo puedo yo no estar agradecido de tan excelente amo. Miren cómo se esmera en prepararme el desayuno ¿Es habitual ver a un ser humano dándole la primera comida del día a cucharaditas a su perro? No tanto, créanme y él lo hace cada mañana, a excepción que llueva, claro, porque si llueve no salimos a trabajar. Me gusta cuando llueve, porque me siento como drogado. Me poso sobre una mesita que hay junto a la única ventana y me quedo estático mirando como cae el agua, o como se mojan las palomas. Pero no dura mucho esta simple distracción, porque cuando no salimos a trabajar, a mi dueño le viene el mono; le da tal ansiedad que todo él parece un músculo brillante y tenso. Cada dos minutos me aparta violentamente de la ventana para confirmar si sigue lloviendo. Es una lluvia de nada, una lluvia de mierda, repite incesantemente. Luego se va a sus cajoncitos, los vacía y comienza a contar y recontar el contenido de ellos: monedas de a 1, 5, 10, 25, 50 o 100 pesetas. Las ordena por su valor en pilas, después en filas, luego en montoncitos. Y esto le tranquiliza un poco.
Beto Stocker
Interior. Noche.
Beto Stocker | La silla telúricaInt. Noche. Jueves seis de septiembre.
Cualquier habitación en Barcelona.
Si estas no fuesen palabras
Sino cagadas de serpiente
Lo entenderías, lo entenderíais.
Y perdonad que ocupe el plural
Se me da mejor así:
Ustedes y Yo.
Los 70 a destAJO
Beto Stocker | ExcusasO escenas de la transición española
Los 70 a destAJO
Ediciones RBA Libros, S.A.
Primera edición: Mayo del 2007
Segunda edición: junio 2007
LAS PRIMERAS AGITACIONES
El mayo del 68 francés marcó un hito universal. Miles de universitarios, burgueses y obreros enfrascados en una motín callejero que no poseía capitán ni timón, para desesperación no sólo de los comisarios y políticos, sino también para toda la horda de sociólogos y asesores que intentaron ponerle nombre a tal desobediencia juvenil. A Barcelona, ciudad cosmopolita y privilegiada en cuanto a su acercamiento al resto de Europa, la influencia de tal movimiento espontáneo le tocó de cerca. Las replicas no tardaron en llegar como ondas telúricas históricas.
Cambio de casa
Beto Stocker | CuentosNo fue la única noche en que nos cambiamos de casa en secreto, intentando no hacer ruido y sin despedirnos de ningún vecino. Pero aquella noche la recuerdo especialmente porque entendí por vez primera que habían enemigos invisibles que nos acechaban y de los cuales debíamos cuidarnos todos juntos, en familia. Mi hermano menor y yo éramos muy pequeños como para entender el alcance exacto de lo que estaba pasando en casa, pero sabíamos por «experiencia» que más o menos cada un año nuestro hogar se convulsionaba; aparecían un sinfín de cajas de cartón, cintas de embalar, cordeles... se quitaban algunos cuadros de las paredes, se descolgaba el columpio del patio, se lavaban las sábanas, se planchaba la ropa y se iba metiendo discretamente en maletas. Al perro se le mezclaban unas pequeñas pastillas en la comida cuando se acercaba la noche y ahora sé que no eran aspirinas. Si no era fin de semana esos días no íbamos a la escuela, pero nos dejaban jugar todo el día. Nuestras hermanas mayores se hacían de pronto mucho más mayores frente a nuestros ojos y se les otorgaba un especie de rango de guerra que les permitía no sólo mandarnos a sus anchas, sino incluso propinarnos coscorrones. Aquellos días las cortinas de la casa no se descorrían y mucho menos se abrían las ventanas.
Ponte medias cuando vengas a bailar
Beto Stocker | micro-textosQué es exactamente lo que quiero: Bailar con una mujer decimonónica el tema Ponte medias cuando vengas a bailar de Francesco Zappa. Sentir su mejilla pegada a mi ojo, mis labios pegados a su frente. Abrazarla, requerirla por una eternidad y que no importe que no nos conozcamos de nada. Incluso cuando no hagamos el amor, cuando nos quedemos detenidos uno frente al otro preguntándonos que mierda hacemos uno frente al otro, pero adorándonos y prometiéndonos amor cobarde, sabiendo y queriendo no vernos nunca más... pués precisamente incluso entonces sabré que en eso radicará el encanto de la escena; la querré, la querré para siempre en ese instante.
El puente más alto de Chile
Beto Stocker | Cuentosa mi padre
Se me antojaban horas las que llevábamos detenidos a unos pocos metros del puente del Río Malleco, el puente más alto de Chile. Conformábamos una fila de camiones de gran tonelaje que hacía rato habían decidido callar sus motores, resignados ante una espera que se alargaba y se alargaba. Yo estaba un poco enfadado, porque el día anterior, cuando atravesamos el puente en dirección a Temuco, mi padre no quiso despertarme porque, según él, yo dormía muy plácidamente. Y ahora, de regreso, cuando había procurado no dejarme llevar por el ronroneo del motor para no dormirme, sucede que había que esperar, y además tan cerca... ¡Era el puente más alto de Chile! Eso significaba demasiado para mi imaginación ya excitada de por sí ¿Cuán alto es el puente «más alto» de Chile? ¿Se vería el fondo? A veces me lo imaginaba ladeado debido a la altura, no sé por qué, y pensaba que tendríamos que pasar lentamente sobre él para no caernos.


Comentarios recientes
y yo me alegro....
me ha gustado....
oh! El curso de filosofía...
Os invitamos a visitar...
Al igual que Pe, yo también...