Fatou Bin N'Gum

Gambia huele a cacahuete

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Gambia huele a cacahuete, incienso y mar. Todo junto y revuelto como si de una comunión de expatriados se tratara. Los gambianos también viven juntos y revueltos, comen juntos y revueltos y si, también duermen juntos y revueltos. Aunque la sangre no sea un motivo de unión, la amistad o el parentesco más lejano le da a uno la libertad de sentarse en el suelo y comer con las manos y del mismo plato, con sus semejantes.

En Gambia hay electricidad dos días a la semana y se goza de agua corriente tres o cuatro, pero a horas sueltas. El sistema de alcantarillado es una broma del gobierno, un chiste para que los tranquilos habitantes del país tengan un motivo de risa durante los cuatro meses que dura la estación de las lluvias. Los niños andan y corren sucios y descalzos por las calles sin asfaltar, rodeados de gallinas y de cabras, y apedrean a los perros, los auténticos reyes de la libertad. No tienen piedad: nunca han amado a un animal y muchos, la gran mayoría, nunca han tocado a una persona blanca. «TUBAB», esa es la palabra que designa a un blanco en Gambia. La palabra que les nace de las entrañas: tal y como te ven, te lo gritan en la cara, ¡¡¡TUBAAAAAAABBBB!!!

Dom, 17/12/2006 - 10:57
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