Juan

C de carajo

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Cabe todavía averiguar si es la costa la que zarpa, la sospecha se basta para iniciar desaconsejables empresas como esta. Poniendo en cuarentena toda forma previa de saber hubo siempre intrépidos que se descalzaron de los hombros del gigante para subir a ese mástil. Mirador de lo mismo, ojos de la tripulación, domador de intestinos, cuando nos mandan al carajo lo que quieren es que nos vaciemos desde lo más alto. ¿Confundirán quizás los mandatarios nuestra entraña con este vómito que nos provocan? Ningún capitán, ya lo dijo Lizanote, sino el mar.

Mar, 05/02/2008 - 15:14

INSTANTÁNEA 2. Inquilinos

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Siempre me olvido de mirar antes de calzarme, por eso descubro tarde que tengo los zapatos habitados por insectos. En cierto modo me reconforta saber que hay quienes los aprovechan para caminar mientras duermo; eso sí que es optimizar recursos. Pero no es momento de perderme en vagas divagaciones, me digo, la situación es grave y si no me apresuro llegaré tarde a la oficina. Sin embargo, por temor a notar cómo se aplastan sus cuerpos bajo mi peso brutal decido justo a tiempo detener el primer paso.

Dom, 06/01/2008 - 18:15

INSTANTÁNEA 1. Zapateta al aire

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... y entonces se lanza a caminar como si le acabaran de inyectar una especie de combustible de la satisfacción. Se empieza a ir y el impulso es tal que ya está lejos. Lo veo y no puedo dejar de pensar que no se va para irse sino para que le veamos marchar. Diría incluso que no parte como lo hacen los hombres, más bien parece un aparato que apenas acabara de aprenderse a funcionar o un orangután altanero —en realidad, su torpeza vendría de la simbiosis entre el animoso animal y el artefacto—, sí, y arriba de toda esa incipiente paraplejia cinética sobresale, coronando festivamente, su gran cabeza; siempre hay algo de adorno imprescindible en los desfiles, hasta cuando éstos se aparecen improvisadamente, como ahora, para lucimiento propio, suyo, de él, y escarnio ajeno.

Lun, 17/12/2007 - 17:55

A de plata, B de dislexia

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En el principio fue A. Por ella se accede a territorios que en mi se añoran como puertos que hubiera frecuentado con reiterada felicidad y de los que hubiera huido con la misma desenvoltura de no ser por la lamentable bislexia, esa bislocadora de los senderos que se difurcan y de la que ni en el último momento me sodrepongo bejándome las más de las veces con drújula colgando y sin manual de orientación para artefactos aortográficos.

Sáb, 23/06/2007 - 10:34

Una forma de visita

rostros
(click para ampliar)

Pido disculpas de antemano por presentar en esta primera colaboración un texto incompleto. Quizás no sepa escapar de ese vicio del fragmento que parece ser característica de nuestra época. En cualquier caso y para ayudar a la lectura, decir que lo que sigue forma parte de una serie de escrituras que llegan así, descosidas, y se entretejen en los márgenes de un proyecto que vengo realizando desde hace tiempo y que ya no sé si algún día daré por terminado. Quizás eso sea lo mejor, que los temas no permitan que los abandonemos en una presunta forma completa y estemos así obligados a volver a ellos una y otra vez.

¿Qué esperamos de aquellos que podrían dar testimonio? ¿Es lícita mi manera de acercarme, de apelar al dolor de la historia, cuando la historia es pura encarnación? ¿Puedo verlo en sus ojos, ceñirme a su silencio -mientras haya luz y silencio-, ver el dibujo del los acontecimientos a través de lo que a estos les falta? ¿Cuántas preguntas nos separan? ¿Cuántas harían todavía más honda la caída? En definitiva...

«Quién testifica por el testigo»

En fin, un abrazo y hasta pronto.

Dom, 03/06/2007 - 10:52
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