Monsieur Lange

Siempre bella

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De un tiempo a esta parte la obsesión por clasificar ha cogido un gran protagonismo, desde los personajes más importantes hasta los hechos más nimios. Todo es objeto de clasificación en un ránking: la mejor canción de la década, del año, del verano; el mejor escritor, el peor poeta, los diez mejores goles, las diez mejores películas, el vómito más grande... la lista sería tan larga como absurda.

Lun, 03/03/2008 - 23:10

Más luz sobre Goethe

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Existen diversas formas de ilustrar la verdad pero ninguna de hallarla. Lo más común, y que en muchas ocasiones suele ser lo más alejado de la verdad, es contar los hechos tal y como sucedieron (o como creemeos que sucedieron). Por suerte, a lo largo de la historia los humanos han inventado hechos y formas que muchas veces han ilustrado la verdad tanto mejor que los-hechos-reales-tal-y-como-sucedieron. Buena parte de lo que podríamos llamar cultura y civilización se sustenta sobre estas invenciones (mitologías, creencias, narraciones imperecederas, hechos históricos...).

Lun, 28/01/2008 - 00:23

Chesterton: La importancia de ser gordo

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El gordo Chesterton
El gordo Chesterton

Es importante ser gordo. Y digo ser, no estar. Me refiero a la perenne voluptuosidad de cuerpo y espíritu que implica, inevitablemente, una cosmovisión particular.

Ver a un señor gordo, de pesados y lentos movimientos, con su andar gallináceo, es un espectáculo digno de observar. A veces me quedo mirando a un gordo y me digo: he ahí a un ser superior. Un ser que, consciente de su pesada carga, se toma las cosas como si no le afectaran; mira el tiempo de otro modo y parece reírse de nuestras prisas y de nuestros ridículos intentos por estar ágiles, sanos y en conexión con este absurdo mundo que nos envuelve. El gordo sabe que no encaja en este mundo y por eso es capaz de observarlo desde una distancia que sólo los kilos de más pueden proporcionar.

Creo sinceramente que la gordura es un atributo esencial para entender al gran G.K.Chesterton, ese señor que una vez se levantó en un autobús para ceder el asiento a tres señoras. Por encima de gustos literarios, creencias religiosas e ideologías, Chesterton contagia a partir de sus escritos y de su manera de entender el mundo una alegría vital desmesurada y, paralela y casi inevitablemente, un odio feroz a un mundo que se torna –ya lo advertía hace cien años- aburrido, calculador y aséptico. Advirtió a una edad temprana que la autoridad recalaba en el convencionalismo. Cuando descubrió el sistema educativo lo describió así: “ser instruido por alguien que yo no conocía, acerca de algo que no quería saber” (Autobiografía).

Mié, 22/08/2007 - 09:01

Diario de F. (VII)

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La experiencia ha demostrado —y no hace falta que lo haga la ciencia, que siempre llega tarde y a menudo por caminos erróneos— que el ser humano puede sentir nostalgia de algo que todavía no ha sentido o de algo que sucedió en un pasado que no le tocó vivir. Durante el siglo XIX y hasta casi mediados del siglo XX era costumbre que los asalariados —yo pertenezco a esa clase de esclavizados temporales— recibieran por su trabajo dos litros de vino al día además de la asignación monetaria pactada (siempre escasa).

Lun, 07/05/2007 - 17:07

Sobre el deporte

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Si todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?
Javier Krahe

Dicen que el deporte es bueno, así, sin más; que es beneficioso. Tengo que reconocer que cuando el Estado recomienda alguna conducta al ciudadano, sea la que sea, desconfío. Pienso: qué le importará a esa gente mi salud, mi estilo de vida, mi colesterol o mi ritmo cardíaco. Recuerdo hace tiempo un cartel publicitario donde se veía el torso de un señor -no le veíamos la cara porque seguro que transmitía felicidad- gordo, espachurrado en un cómodo sillón orejero (de esos tan buenos para hacer la siesta y que ya no se fabrican) con un puro en una mano y una copa de coñac en la otra. El eslogan rezaba: mou-te. Això no es vida. Generalitat de Catalunya. Yo no sé qué satisfacciones podrá producir el deporte, pero el otro día iba andando distraídamente cerca de mi casa y al lado de unas vallas vi un señor con muy mala cara que corría pesadamente; tenía un aspecto lamentable y lo hubiera confundido con un yonqui en fase terminal de no ser por el dorsal que llevaba pegado a la camiseta empapada de sudor. Pensé: ¿por qué tanto esfuerzo? Pero a diferencia del Estado no le dije nada y seguí caminando. Allá cada cual.

Jue, 29/03/2007 - 16:18
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