Hace poco he leído un libro tan increíble, que me ha gustado tanto, que no sé cómo retrasé tanto su lectura. En cierta medida, me alegro de haber tardado el leerlo, porque la satisfacción que sentí todavía la tengo fresca. Se trata de "Jacques el fatalista" de Denis Diderot. Una obra de esa calidad merece un comentario que esté a su altura por lo que solo me atrevo a recomendar su lectura. La ironía, el humor, la relación entre clases sociales y sexos, el desenfado y naturalidad de los diálogos, la modernidad con la que están tratados todos los temas, impregnan cada página y consiguen que el lector siga con atención y una sonrisa en los labios a los dos viajeros a lomos de sus caballos a través de villas y campos, escuchando sus cuitas y opiniones con interés creciente y sin sentir ni una pizca de cansancio a pesar de la incomodidad propia de un viaje realizado en el siglo XVIII. Lástima que el trayecto tenga un final, se acaba deseando que los viajeros no se detengan nunca para poder seguir acompañándolos y escuchándolos.

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