Queridos todos y, muy particularmente, querido Crisci:

Muestra usted su desacuerdo con la viñeta del Che y Fidel. Eso me gusta, ya que yo también estoy en cierto desacuerdo. Pero estoy en un desacuerdo aún mayor con los motivos que esgrime usted para tildarla de apolítica. Otro colaborador incluso la tilda de reduccionista (sic) y “de derechas”.

No estoy de acuerdo con la viñeta (o, mejor, con su contexto) porque da por hecho demasiadas cosas que quizá a cierto tipo de lector se le escapen, de forma que provoca una cierta (y comprensible) confusión. El error es mío y acepto la esencia de sus críticas, si bien no su contenido.

Permitan que mencione tres nombres para empezar: Martin Heidegger, Karl Jaspers y Hanna Arendt. Sin duda ustedes les reconocerán como los tres pilares de la teoría política de la segunda mitad del siglo XX. Los cuatro basan sus estudios en la premisa de que el fascismo y el comunismo son exactamente el mismo fenómeno con exactamente los mismos objetivos y exactamente los mismos resultados. La denominación común a estos dos fenómenos, en teoría política, se llama totalitarismo, y desde un punto de vista estrictamente político, no se establece ninguna diferencia entre ambos. Pero sin duda ustedes ya sabían esto.

De los autores citados yo, por gusto personal, me decanto por Hanna Arendt. Doy por hecho que todos ustedes la conocerán, dado que se trata de la principal filósofa política del siglo XX, y autora de un libro capital para la comprensión de la política de ese mismo periodo: “Los Orígenes del Totalitarismo”. Como sin duda todos ustedes saben, Arendt fue vivamente atacada tanto por los sectores de izquierdas como por los de derechas, tanto por los Estados Unidos como por la URSS, por sus análisis sobre el nazismo, el comunismo y la guerra fría. Arendt fue asimismo la primera en afirmar que la democracia era una modo de totalitarismo potencial y que, tarde o temprano, los Estados Unidos acabarían tratando de imponerla como bien supremo a otras naciones [como sabrán, la consideración del sistema político propio como un bien supremo es lo que la moderna teoría política considera la base de todo fenómeno totalitario].

Le perdonaré, Crisci, la impertinencia contenida en esta frase proyectada en mí: “a mí la política no me interesa una puta mierda, me aburre, que pasen de mí (…) y por tanto como no tengo ni zorra diré que todo es lo mismo y las izquierdas y derechas son lo mismo total en este caos da todo igual.”

La viñeta no pretende cuestionar las tesis de la izquierda (que es la lectura que, creo, muchos de ustedes han alcanzado). Sólo pretende ilustrar el hecho objetivo (y asumido por la teoría política desde hace medio siglo) de que los iconos de las ideologías clásicas son siempre iconos totalitarios. Un ejemplo apresurado: hoy la derecha tiene a Pinochet y la izquierda a Castro.

Señor Crisci, acaba usted su carta diciendo: “miren quién va a favor y quién va en contra del poder establecido a nivel mundial, y ya eso sólo es una buena herramienta.”

Bien, permita que le diga que la única persona que hoy “va en contra del poder establecido a nivel mundial” es Osama Bin Laden. ¿Le importa que haga una viñeta sobre él o también va usted a llamarme apolítico?

Por último, quiero dejarles con una cita de Arendt que, en este caso, resulta particularmente apropiada. Forma parte de una carta escrita a Jaspers y fechada en 1966. En ella, menciona a un alumno ligado a los movimientos de izquierdas al que Arendt intenta hacer comprender, sin éxito, que el comunismo es un totalitarismo y que como tal debe ser analizado políticamente:

“Tan joven todavía y ya totalmente incapaz de aprender nada. Ve sólo aquella parte de las cosas que le sirven para apoyar sus prejuicios, no puede absorber algo concreto, nada objetivo.”
(Citada por Elisabeth Young-Bruehl en Hannah Arendt, una biografía, p. 35).

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