Otoño del 74

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Hacía muchos días que no abríamos El Rinconcillo y lo abrimos por recomendación terapéutica mostrándonos tal como estamos: en plena reconstrucción de los cimientos que nos aguantan, se nos están cayendo las hojas y pasaremos un tiempo al desnudo, con el frío, hasta que nos lleguen los frutos. Pedimos disculpas por la sencillez, disponemos de poca energía: estamos seguros que quien más quien menos ha vivido ya algún momento de éstos; pedimos comprensión: renacer siempre es difícil. Y hemos decidido que lo mejor era emprender un viaje al pasado, a las raíces, escuchando a los que abrieron un camino que todavía hoy no ha sido abandonado. El valor está en el inicio.

Triana

Triana se gesta justo hace 32 años, en el otoño del 74 y publican su primer disco el 14 de abril de 1975. No fue el primer grupo para ninguno de los tres componentes: Jesús de la Rosa (1948-1983) alma pater, compositor, cantante y teclista (venía de Los Bravos), Eduardo Rodríguez a la guitarra flamenca (de Los Payos) y Juan José Palacios “el Tele” (ex Gong y Gazpacho) a la batería; estaban acompañados por una guitarra eléctrica y un bajo, imprescindibles en cualquier grupo de rock andaluz que se preciara. Con la muerte de Jesús de la Rosa murió el grupo, a pesar de que les costó años vivir el duelo.

Fueron un grupo masivo sin sonar casi en la radio, vendieron mucho para la época y para el tipo de música que hacían, y muchas personas los vieron en directo a pesar de las dificultades, no sólo sonoras. Temas largos con grandes momentos instrumentales, sabor a lo flamenco y ambientes sinfónicos; su primer disco “En el patio” está lleno de canciones que han aguantado el paso del tiempo con muchísima dignidad (a pesar de que sabemos que no gustan a todo el mundo, evidentemente). Con “Hijos del agobio” –de donde sale esta canción- pretendieron hacer un clon del anterior, pero en la música y en la vida, a veces, las cosas salen bien a la primera y nunca más retorna esa magia. Con los pocos versos que nos tocan hoy nos quieren enseñar a asumir que hay historias que es mejor que mueran en su plenitud, y que pocas palabras dicen mucho.

El día aquél yo salí en busca de mi vida y de mi yo.
Algo grande sentí en mí cuando miré hacia atrás y dije adiós:
sentimiento de amor que me llevó hacia ti con mi ilusión.
Quedó atrás un porvenir, una seguridad y un qué sé yo.
En ese momento comprendí pequeñas cosas que tienen un gran valor.
Sentimiento de amor que me lleva hacia ti con mi dolor.

Amanda

Mar, 14/11/2006 - 22:29

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