Enviado por Ciclotimico el Dom, 27/05/2007 - 22:26.
Preciada W.
Sin ánimo de ironía, la siguiente es la definición que realiza la R.A.E sobre la palabra "querido":
querido, da.
(Del part. de querer).
1. m. y f. Hombre, respecto de la mujer, o mujer, respecto del hombre, con quien tiene relaciones amorosas ilícitas.
Permítame entonces preguntarle... ¿cómo fué eso pués? ¿lo pasé bien? ¿lo pasó usted bien? ¿Cumplí sus expectativas? ¿era enorme mi borrachera para llegar asucumbir en el olvido? Por favor, detálleme usted; siento tremenda curiosidad.
Por otra parte, el ejemplo del águila lo invalido rotundamente. ¿Está usted intentando comparar su humana y pretenciosa visión con la de una águila? Suba usted unos cuantos cientos metros de altura y luego encuentreme un ratón? ¿Será capaz? Si lo consigue de mí solo escuchara efusivos aplausos por tal azaña.
En cuanto a la perspectiva y el acercamiento realize la siguiente prueba, durante una semana ande usted cabizbaja, mirándo siempre hacia abajo. A la semana siguiente realice el ejercicio contrario; ande siempre con la cabeza erguida alzando su mirada hacia arriba. ¿noto usted alguna diferencia en su estado de ánimo? Y, lo más importante, ¿cuál era la proximidad de las cosas? La perspectiva y el interés no son directamente proporcionales, se lo aseguro.
Y... todos tenemos un Lerdo en el confín de nuestro ser.
Reciba un cordial abrazo y quedo a la espera de los minuciosos detalles de nuestro encuentro sentimental.
Preciada W.
Sin ánimo de ironía, la siguiente es la definición que realiza la R.A.E sobre la palabra "querido":
querido, da.
(Del part. de querer).
1. m. y f. Hombre, respecto de la mujer, o mujer, respecto del hombre, con quien tiene relaciones amorosas ilícitas.
Permítame entonces preguntarle... ¿cómo fué eso pués? ¿lo pasé bien? ¿lo pasó usted bien? ¿Cumplí sus expectativas? ¿era enorme mi borrachera para llegar asucumbir en el olvido? Por favor, detálleme usted; siento tremenda curiosidad.
Por otra parte, el ejemplo del águila lo invalido rotundamente. ¿Está usted intentando comparar su humana y pretenciosa visión con la de una águila? Suba usted unos cuantos cientos metros de altura y luego encuentreme un ratón? ¿Será capaz? Si lo consigue de mí solo escuchara efusivos aplausos por tal azaña.
En cuanto a la perspectiva y el acercamiento realize la siguiente prueba, durante una semana ande usted cabizbaja, mirándo siempre hacia abajo. A la semana siguiente realice el ejercicio contrario; ande siempre con la cabeza erguida alzando su mirada hacia arriba. ¿noto usted alguna diferencia en su estado de ánimo? Y, lo más importante, ¿cuál era la proximidad de las cosas? La perspectiva y el interés no son directamente proporcionales, se lo aseguro.
Y... todos tenemos un Lerdo en el confín de nuestro ser.
Reciba un cordial abrazo y quedo a la espera de los minuciosos detalles de nuestro encuentro sentimental.