Unos turistas catalanes van a una oficina bancaria en Kuala Lumpur para retirar una pequeña cantidad de dinero. El cajero antes de darles el dinero realiza una enigmática llamada y tras ella el protagonista de esta pequeña anécdota, que no chiste, sale de su despacho enfundado en un elegante traje cruzado, se acerca a los catalanes y en un mal español les pregunta si son españoles. Los catalanes, benditos ellos, contestan que sí, lo sientan así o no, para no complicarse la vida dando más explicaciones de las que normalmente apetece dar a un desconocido que, tras la respuesta afirmativa, les informa de que es el director de la sucursal y les invita a entrar en su despacho.
Una vez allí, todavía sorprendidos por la invitación, el director les mira fijamente y les sorprende aún más cuando, sin explicación ni incitación previa, se arranca a cantar nada menos que el Cara al Sol.
El público queda boquiabierto, nadie ha podido precisar si al borde del delirio o del colapso, y de forma milagrosa logra aguantar la risa. Por lo visto la última estancia en España del señor director, finalmente felicitado por sus dotes vocales entre benévolas sonrisas, tuvo lugar bastantes años atrás.
Lo fascinante de esta historia es que aún pueda haber lugares en los que un director de sucursal bancaria invite a unos desconocidos a su despacho para ponerse a cantarles una canción, independientemente de cuáles puedan ser sus motivaciones o de lo desafortunada que pueda ser la elección del tema.
Brindo por los Directores de Sucursal Cantores y les incorporo, en un bloque anónimo y de una tacada, a la Tradición Tabernil. Entretanto rezo porque La Caixa y el Banesto y el resto de la secta de adoradores del euro tomen buena nota de esto en sus futuras ampliaciones de plantilla y espero la llegada de un Carusso a mi oficina bancaria habitual.
Benjamin Nazka


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