Querida V. No quisiera ser descortés pero se equivoca usted por completo. La cojera vino primero y mis conclusiones, que además no descarto revisar cuando me parezca oportuno, llegaron después. Además confesar lo que es prácticamente obvio no es confesar, y desde luego no pretendo purgarme con este texto. No aspiro a la santidad ni nada parecido.

Eso sí, he cerrado los ojos unos instantes y he visualizado su idea del mundo como desfile de tullidos y me gusta enormemente. Un mundo donde los defectos de dentro se visualizaran por fuera. Debería usted patentar esta idea maravillosa. En ese mundo yo sería cojo, tuerto, me faltarían dos metros de intestino, un riñon y tendría un soplo en la aurícula izquierda. ¡Como mínimo!

Un saludo afectuoso.

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