INSTANTÁNEA 2. Inquilinos

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Siempre me olvido de mirar antes de calzarme, por eso descubro tarde que tengo los zapatos habitados por insectos. En cierto modo me reconforta saber que hay quienes los aprovechan para caminar mientras duermo; eso sí que es optimizar recursos. Pero no es momento de perderme en vagas divagaciones, me digo, la situación es grave y si no me apresuro llegaré tarde a la oficina. Sin embargo, por temor a notar cómo se aplastan sus cuerpos bajo mi peso brutal decido justo a tiempo detener el primer paso. Ni siquiera me ato los cordones para que la salida sea amplia y los bichos no se vean obligados a evacuar en fila de a uno. Por la exasperación y el estado de alarma les perdono los pellizcos y me siento en la cama a esperar que tras el revuelo de cosquillas sus patitas se trepen hasta mis tobillos. El alivio de ellos y el mío son uno solo. Entonces les saludo, buenos días, y me incorporo pensando que tarde o temprano sucederá la catástrofe y lo habré hecho antes de tiempo, incorporarme, quiero decir. La demora supone un retraso injustificable, dice mi superior. Yo le corrijo: - No, inconfesable, señor. Entonces bajo la mirada buscando mis zapatos, cuyos cordones he decidido mantener desatados para ofrecer alguna pista sobre lo sucedido, pero es inútil, su mirada y la de los compañeros indican claramente que malinterpretan la información.

Juan

Dom, 06/01/2008 - 18:15

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