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Pepe Isbert en el balcon

Los Monegros es la única comarca de Europa en la que la autoridad local expende licencias de matrimonio como churros. El papel cuesta alrededor de cien billetes y es de color rosa, supongo que lo pensaron a conciencia dada su función. Ese trámite, para el que existe una gran demanda, se lleva a cabo en unas ventanillas en las que hay que hacer cola durante más de veinte minutos. Una vez conseguido el papel rosa ya estás técnicamente casado. Pero lo interesante del tema es caminar los cien metros escasos que separan la oficina de licencias matrimoniales de algunas de las muchas capillas temáticas de Los Monegros. Entraron en la que les quedaba más a mano, en todas se ofrecían más o menos los mismos servicios. Les atendió un empleado que hace dos años era candidato a la precariadad laboral, al alcoholismo lento pero letal y al onanismo compulsivo, y que ahora había encontrado la salvación gracias a la ludopatía colectiva. Ahora su madre sentía que su retoño era un hombre de provecho a pesar de que su dignidad brillase por su ausencia embutida en una especie de traje de botones de los años treinta del siglo XX.

— ¿Elvis? Bueno, sí, tenemos un par de Elvis, para los que quieren fingir que se han casado en Las Vegas. ¿Es su caso? No. Pues entonces les recomiendo que les case una estrella local. ¿No creen? Tenemos la boda Fary. Les casa el insigne y melódico tonadillero español y al acabar la ceremonia de siete minutos les canta una canción de su elección entre «El Torito Bravo» o «Apatrullando la ciudad». De testigo y por un incremento mínimo pueden ustedes tener a Torrente, el personaje de Santiago Segura con o sin pistola y si lo desean les podemos servir un aperitivo en una barra de bar fary, con sus aceitunitas, sus boquerones en vinagre y sus cañas de cerveza.

El catálogo de bodas freacks se ampliaba con la boda Paco Martinez Soria, la boda Cantinflas, la boda Gendarme de Saint Tropez, que era la preferida de los gabachos que cruzaban la frontera para casarse en Los Monegros... Una de las que más llamaban la atención era la boda «Especulador Inmobiliario» en la que los contrayentes se desposaban ante un ex alcalde corrupto. Y en este caso no se trataba de un actor interpretando un papel. El político no era de pega. El tipo había sido edil de un pueblo de la costa y hace unos años había pasado una buena temporada a la sombra. En su pack entraban también una folklórica, un cura y un guardia civil, estos sí, falsos como la credibilidad del ex alcalde. Y para acabar estaba la modalidad «boda al gusto del cliente». Esta costaba un pico pero te ofrecía una pareja de imitadores, chico y chica, con el don de replicar a quien tú decidieses, un equipo de caracterización y vestuario y un equipo de ambientación que convertía una sala neutra en el espacio que tú eligieses. Eligieron esta opción. Les hicieron pasar a una especie de sala de reuniones con una mesa para unas seis o siete personas y un ordenador. Un tío gordo y borracho con voz de cazalla que tenía toda la pinta de haber sido creativo de televisión, les preguntó qué tipo de boda querían. Navarro le dijo que quería que les casase Don Pablo, el alcalde de Villar del Río interpretado por Pepe Isbert en «Bienvenido Mister Marshall». El tipo conocía la película y al personaje. Quiso empezar una conversación sobre Berlanga, sobre el cine español, sobre su aportación al guión de una película de éxito cuando era más joven, pero al ver que Navarro no le seguía la corriente se metió sus historias en el culo y fue al grano. Tecleó un par de palabras clave en el Google y en décimas de segundo tenían en la pantalla del ordenador una foto de Isbert y Manolo Morán, el manager de la estrella de la canción Carmen Vargas. Ahí estaban los dos con sombrero cordobés en el balcón del ayuntamiento de Villar del Río.

— ¿Les gustaría casarse en el balcón? No habrá mucha gente debajo, como mucho podemos juntar a diez o quince extras si quieren que los añadamos al presupuesto, pero pueden invitar a algunos amigos para que hagan bulto... Tenemos una especie de andamio que podríamos atrezzar y elevar a unos tres metros del suelo. ¿Va bien? El balcón entonces. ¿Quieren solo a Don Pepe Isbert o a algún otro personaje? Yo les recomendaría que metiesen también una tía. Nuestra actriz canta muy bien, puede hacer de Lolita Sevilla y si quieren les podemos escribir una versión, especial para ustedes, de la canción de la película. No sé, estoy especulando, pero podría ser algo así como... estoy especulando ¿eh?...:

«Recien casados,
en los Monegros
con Alegría.
Viva el tronío
De esa pareja
Con poderío.
Vivan los novios.
Corra el champán
Y viva España que no está mal.
¡No está mal!».

El tío hacía también las segundas voces. Hay que reconocer que era ingenioso, pero poco más. Compraron el pac «boda en el balcón de Villar del Río», con canción de Lolita Sevilla, banderitas americanas en honor a la novia, traje de cordobés para él, faralae para ella y quince extras que escucharían la ceremonia desde el suelo con boina. Todo por dos mil quinientos billetes. Lo tendrían listo en tres horas y media que es el tiempo que tardarían en preparar los personajes los actores, en escibir un guión, preparar a los extras y construir el decorado.

Lillo

Vie, 14/03/2008 - 14:40

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