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 <title>Tabernil - La cicuta de Sócrates (Primera parte) - Comments</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte</link>
 <description>Comments for &quot;La cicuta de Sócrates (Primera parte)&quot;</description>
 <language>es</language>
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 <title>Sin aturdimeinto mas sí con</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte#comment-179</link>
 <description>&lt;p&gt;Sin aturdimeinto mas sí con una renovada mirada a Antístenes y a Platón, me quedo con el atisbo al efecto tabernil.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Mon, 11 Sep 2006 02:24:40 -0400</pubDate>
 <dc:creator>Rain</dc:creator>
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 <title>mmmm si g se convierte en h</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte#comment-178</link>
 <description>&lt;p&gt;mmmm si g se convierte en h no es tan problematico, pero si h se convierte en g me tocaría dormir con fer, claro que Fer podria pasar a G ante que G pase a F y a H lo dejais en paz, pero así F tendria que compartir curro con V-S (cosa que no me perdería) y G vendría conmigo al futbol ¿se seguiría duchando con nosotros? bueno, ya me estoy mereciendo un KO de G, de F y sobretodo de L&lt;br /&gt;
Besos desde IB a los de BCN, BBO y CLFL&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Sun, 10 Sep 2006 22:18:04 -0400</pubDate>
 <dc:creator>crisci1</dc:creator>
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 <title>A estas alturas está visto</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte#comment-154</link>
 <description>&lt;p&gt;A estas alturas está visto que carezco de templanza, la primordial y más elevada de las virtudes según Sócrates.&lt;br /&gt;
Aunque &quot;es hermoso partir sin decir adiós, serena la mirada, firme la voz&quot; quiero que sepas, Lillo, que a no ser que me retengas, mi voluntad es la de irme. Me voy pero cojo llaves (puede que no se esté tan mal una temporadita mordisqueando tu masa encefálica) y doy el último bocado por esta vez:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Según Xenofón, parece ser que dijo Sócrates:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&quot;En amor es peor el que persuade que el que violenta; éste no muestra sino su perversidad; aquél corrompe con el pretexto de amar&quot;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&quot;¿En amor?&quot; puede que te preguntes.&lt;br /&gt;
Por supuesto. En amor tabernil.&lt;/p&gt;
</description>
 <pubDate>Mon, 04 Sep 2006 12:51:15 -0400</pubDate>
 <dc:creator>G</dc:creator>
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 <title>Espero impaciente la segunda</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte#comment-151</link>
 <description>&lt;p&gt;Espero impaciente la segunda entrega.&lt;br /&gt;
Za udachu!&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Sun, 03 Sep 2006 10:09:56 -0400</pubDate>
 <dc:creator>pieldivina</dc:creator>
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 <title>La cicuta de Sócrates (Primera parte)</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte</link>
 <description>&lt;p class=&quot;cita-d&quot;&gt;&lt;i&gt;Es propio de un rey obrar bien y ser calumniado.&lt;br /&gt;
Antístenes al enterarse de que Platón le calumniaba&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Llevo tres noches sin dormir pensando en G. No sé quien narices se esconde detrás de la séptima letra del alfabeto y de ese misterioso, perfecto e infinito punto. Solo sé, no tengo más remedio que empezar a asumirlo, que G. forma parte ya de mi universo.&lt;br /&gt;
Sinceramente hubiese preferido que G. sobrevolase mi existencia como el cóndor de la canción o reptase a través de ella como la serpiente del jardín del Edén, que no sé yo, al no conocerla todavía lo suficiente, con qué animal compararla. Pero G. no ha pasado de largo. G. se ha colado en alguna muesca de mi cerebro y se ha hecho fuerte allí. Yo creo que se ha comido un poco de mi masa encefálica porque si no no me explico cómo ha podido encontrar un hueco para sentirse tan cómoda. Porque está cómoda, si no lo estuviese se habría marchado ya ¿o es que quizá venía de un sitio tan incómodo que mi abarrotado y polvoriento cerebro le ha parecido un lugar ideal para establecerse? El caso es que si se ha hecho un hueco comiéndome la cabeza ha debido zamparse alguna zona relacionada con la voluntad y la cordura -noto un descenso de ambas- y se ha instalado en el cráter mordisqueado. Espero que se encuentre bien allí y que a partir de ahora se vaya alimentando de las ideas que entren y no de las que tengo guardadas, que me ha costado muchos años madurarlas. Yo preferiría que se alimentase de ciertas ideas de otros que me entran cuando pongo el piloto automático. &amp;laquo;¿Entiendes?&amp;raquo; -dice mi interlocutor al que ni entiendo ni tengo ganas de esforzarme en entender porque hace rato que puse el piloto automático y lo único que deseo es dar por concluida la charla, la cena, la entrevista de trabajo, la fiesta de cumpleaños…- &amp;laquo;Sí, claro, entiendo&amp;raquo;. Entiendo que me gustaría que G. se alimentase de esos inevitables asaltos a la razón para no tener que digerirlos yo y defecarlos más tarde vía dolor de cabeza, depresión o cabreo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;De verdad, preferiría que G. no hubiese entrado, pero debo decir que puestos a tener un inquilino en el cerebro prefiero que sea ella antes que mi profesor de aeróbic, por ejemplo. No es que Jordi sea mala persona, seguro que contaminaría poco mi cerebro con sus ideas pues sospecho que tiene muy pocas, pero se mueve demasiado y pierde pelo como los gatos. G. está bien. Entra dentro de lo razonable. Sobre todo porque no la conozco y, hasta que nos hagamos amigos o enemigos, disfrutaré de momentos de curiosidad, de riesgo, meteré la pata, me sorprenderé sorprendiéndola o me deprimiré si no nos entendemos. Me dará vidilla, que hace mucho que no practico el juego de conocer a alguien por obligación y me apetece.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;G. me habla continuamente. Me dice lo que debo y lo que no debo hacer, lo que me conviene pensar, qué camino debo tomar cuando salgo a pasear por la ciudad: &amp;laquo;Por ahí no imbécil, ¿no ves que vas a pasar por delante de un quiosco? Tus ojos registrarán de forma subconsciente las portadas de los periódicos, los titulares de las revistas sensacionalistas, las fotografías de los DVD de películas de serie B y los coleccionables de muñecas de porcelana. ¿Vas a meter toda esa basura aquí dentro? Oye, que aquí ya no cabe nada más y yo no he venido a limpiar, faltaría más&amp;raquo;. G. es dura conmigo pero empiezo a sospechar que lo hace por mi bien, porque le gustaría hacer de mi una persona de provecho. Un tipo educado. Eso es lo que persigue G. con su ocupación encefálica. Yo, a riesgo de parecer una plañidera, insisto en que preferiría que no hubiese entrado porque no tengo muy claro que es la educación. Porque creo que es un concepto que partió en la nave de la historia con el siglo XX y porque la gimnasia, tanto la física que me obliga a hacer Jordi, como la mental a la que ahora me obliga G. me aburre y me cansa.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;He intentado conversar con ella y la mayoría de las veces es como hablar con Reagan de Rusia o con Dostoyevski de la dieta de la alcachofa. Pero en algunas ocasiones me gusta hablar con ella. Disfruto mucho. Algunas veces nuestra conversación fluye y nuestras ideas, aunque no se alineen, se complementan. No pienso decirle cuales son esas conversaciones, que lo adivine ella.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;G. está aquí y sospecho que no me dejará en paz con mis calenturientos, calamitosos y paranoicos pensamientos hasta que no concluya la tarea de ordenar las anécdotas etílicas que me he propuesto compilar en estos escritos &amp;laquo;De la caverna a la taberna&amp;raquo;. Ella no me ha dicho nada. No me ha asegurado que se marchará cuando yo acabe el trabajo, pero cuando le saco el tema se hace la interesante (eso me hace especial gracia, debo reconocerlo entre paréntesis esperando que ella se salte esta frase). Digo yo, y creo que lo digo porque eso es lo que me gustaría que pasase, que habiéndose colado G. en mi vida a través de la historia del Everest, desaparecerá cuando haya concluido como mínimo con esa historia.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Pero no penséis, no pienses G., que me voy a dar por vencido tan fácilmente. Tengo un plan. Voy a intentar desquiciar a G., volverla loca, incomodarla y aburrirla para que se marche. Por eso voy a intercalar, entre la historia de Hillary y Tenzing, otras historias de taberna que guardo en un cajón de mi mueble bar. Espero que este tipo de quiebros le rompan la cintura y pida el cambio al entrenador.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La que sigue es la historia de la muerte de Sócrates vista por los ojos de Antístenes, uno de sus discípulos. A Antístenes me lo presentó Diógenes Laercio, hace unos diez años. Diógenes dedicó buena parte de su vida, en el siglo III de nuestra era, a contar y publicar chismes de filósofos que, al estar muertos, no podían ni asentir ni disentir. Salvando algunas distancias era el equivalente a los modernos comentaristas de la prensa del corazón que viendo que les sale demasiado caro explicar mentiras de personajes vivos que pueden rebatir, poner demandas, e incluso romper brazos, han decidido mentir sobre personajes muertos. Ojalá algún día un difunto con tiempo que perder se levante de su tumba y acuda a un plató de televisión, previo pago, claro, a participar de una de esas tertulias. Al final acabaría comiéndose el cerebro de los presentadores como en &lt;i&gt;Zombies Party&lt;/i&gt; o como hace G. conmigo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Diógenes Laercio dedicó un volumen de chismes a los filósofos cínicos entre los que se encontraba Antístenes, el protagonista de la tabernilera, y hasta la fecha inédita, anécdota que voy a relatar. Esta es la primera vez que la historia va a ser escrita pues ni Diógenes Laercio ni ningún otro de los autores que escribieron sobre Antístenes se atrevió a pasarla a papel. Hasta hace quince siglos publicar esta historia hubiese significado la muerte o la humillación para su transmisor y a partir del siglo quinto a nadie le interesaban ya este tipo de crónicas pues los cristianos habían sustituido a los filósofos en el ranking de popularidad.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Antístenes me gustó desde el primer momento. Diógenes Laercio le atribuye la paternidad de la escuela de los cínicos aunque algunos autores defienden que el primer cínico fue Diógenes de Sinope, el perro. No voy a entrar en discusiones académicas porque en el fondo no tengo ni puñetera idea del tema si me comparo con un doctor en filosofía que lleva cuarenta años estudiando a los cínicos, rechazando invitaciones para cenar en bonitos restaurantes por leer un libro más, diciendo que no a amantes insaciables que les ofrecían noches de pasión solo porque la pasión carnal, para ese doctor, está reñida con la erudición y que no se dio cuenta de que su hijo diluía aspirinas en la coca cola para colocarse y que esto le llevó después a la marihuana y más tarde a la cocaína y ahora al Prozac. Lo único que voy a apuntar es que Diógenes de Sinope fue discípulo de Antístenes y siempre le atribuyó a él el génesis de sus ideas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Antístenes fue de los pioneros en ensalzar la &lt;i&gt;adoxia&lt;/i&gt;, la mala fama a la que luego cantó Brassens, para convertirla en una virtud en lugar de en una vergüenza. Solo eso hubiese bastado para convertirlo en uno de mis héroes de cabecera, pero lo que lo convirtió en un superhéroe ante mis ojos fue que Platón, el gran Platón, no soportaba a Antístenes, no lo podía ni ver, le irritaba tremendamente, le hacía salirse de sus casillas. Platón tenía el estómago muy delicado, él sabría por qué y en una ocasión en la que tuvo que guardar cama por ese motivo Antístenes fue a su casa a visitarle para animarle un poco. Platón le recibió con el ceño fruncido y Antístenes, al observar el cubo en el que Platón había vomitado le dijo: &amp;laquo;Ahí veo tu bilis, pero no tu vanidad&amp;raquo;. Yo creo que Platón no soportaba que Antístenes fuese más ingenioso que él. Más gracioso. Es indudable que Platón tuvo más éxito como filósofo pues sus ideas han llegado con mayor fuerza a nuestros días, pero en vida el autor de La Caverna siempre pensó encontrarse un paso por detrás del padre de los cínicos. Antístenes era más gracioso, más locuaz y explicaba mejores chistes que Platón, que sin embargo, es considerado uno de los padres de la filosofía. En fin, el tipo de bromas que le gusta gastar a la historia.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Antístenes me cayó muy bien y empecé a tirar del débil hilo de su memoria. Leí a Platón esperando encontrar alguna referencia a su compañero, pero el baboso (lo digo por sus problemas gástricos) y celoso de Platón ignoró a Antístenes intentando borrarlo de la historia de la filosofía. Platón sólo menciona una vez a Antístenes. Sólo una vez, en el Fedón. Lo único que dice Platón de él es que éste estaba presente cuando Sócrates bebió la cicuta que le mató. Antístenes fue testigo del diálogo sobre la inmortalidad que mantuvo su maestro con Simmias y Cebes, aunque no participó de él y luego presenció el envenenamiento de Sócrates junto al resto de los discípulos. Esa noche solo faltaban dos, el hedonista Aristipio a quién la escena le parecía demasiado patética y decidió pasar el día recibiendo masajes, y el mismísimo Platón que estaba enfermo en el momento de la muerte del filósofo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Este dato había sido registrado en mi memoria y archivado en uno de mis discos internos hasta que lo recuperé en una taberna de Atenas hace cuatro años. Allí encontré la aguja con la que enhebrar esa débil memoria de Antístenes para bordar uno de los episodios más fantásticos de la historia de la filosofía. Pronto sabremos los verdaderos motivos que llevaron a Platón a no asistir a la última lección de su maestro, la composición real de lo que Sócrates ingirió la noche de su presunta muerte y lo que pasó a continuación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Será en la segunda y definitiva entrega de &amp;laquo;La cicuta de Sócrates&amp;raquo;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Espero que esta manera desordenada, parcial y desquiciante de escribir aturda un poco a G. o la persuada para partir en busca de otros pastos o la convierta en H. o la hagan cómplice de mi locura. Ojalá G. cambie. Ojalá me haga cambiar a mí. &lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;Daj Bog ne v poslednij raz!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;Lillo&lt;/p&gt;</description>
 <comments>http://www.tabernil.com/2006/09/la_cicuta_de_socrates_primera_parte#comment</comments>
 <category domain="http://www.tabernil.com/autores/lillo">Lillo</category>
 <category domain="http://www.tabernil.com/secciones/tabernas/de_la_caverna_a_la_taberna">De la caverna a la taberna</category>
 <pubDate>Sun, 03 Sep 2006 06:16:15 -0400</pubDate>
 <dc:creator>Tabernil</dc:creator>
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