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 <title>Tabernil - Se buscan Suicidas (I) - Cuatro Estaciones - Comments</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones</link>
 <description>Comments for &quot;Se buscan Suicidas (I) - Cuatro Estaciones&quot;</description>
 <language>es</language>
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 <title>Alguien aqui ha fumado algo</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones#comment-650</link>
 <description>&lt;p&gt;Alguien aqui ha fumado algo que empieza por h? será higado de vaca, higos o será hierba de la buena del cesped de mi tio en salamanca? Lo digo por la falta de tacto que se tiene con las vocales y las consonantes, besos.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Fri, 18 May 2007 09:02:50 -0400</pubDate>
 <dc:creator>La cientifica</dc:creator>
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 <title>ah, qué hacés? che,</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones#comment-649</link>
 <description>&lt;p&gt;ah, qué hacés? che, suicida, escuchame, me parece que no estuviste bien con anonymous... rescatate, agitaste cualquiera, te mandó un abrazo... además vos no tenés la posta... y Quim Monzó, personaje, no encontramos nada, pero si anonymous agitó, vale vale chabal... Quim... un fla... ah prometemos leer tu cuento... che, no es para que te suicides, pero le falta alguna flasheada más, así es más realista... entonces vas a tener qué contar... no te la bancaste,la mala onda con la respuesta, no da... careta...un abrazo...  pd: suicidate, es más realista...&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Tue, 15 May 2007 00:42:31 -0400</pubDate>
 <dc:creator>Anonymous el aguante</dc:creator>
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 <title>Gracias Anonymous pero el</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones#comment-487</link>
 <description>&lt;p&gt;Gracias Anonymous pero el final es el que debe ser. No están escritas esas líneas par sorprender sino para jugar. Para jugar yo. Está todo lo trabajado que debe estar que, efectivamente, es poco. No quiero trabajarlo más, de momento. He leído a Quim Monzó desde niña y sus finales son suyos y los míos míos. No me gusta copiar y tu no deberías animar a la gente a hacerlo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Te agradezco mucho tu comentario y la molestia que te has tomado en leer el cuento y en reflexionar sobre él.&lt;br /&gt;
De todas formas he enviado otro cuento a la revista literaria Tabernil con un final algo más sorprendete. Esta vez sí buscado. Espero que te satisfaga más.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aprovecho para saludar al amable responsable de esta revista.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Sat, 10 Feb 2007 05:55:29 -0500</pubDate>
 <dc:creator>La Suicida</dc:creator>
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 <title>Hola suicida
me gusta tu</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones#comment-486</link>
 <description>&lt;p&gt;Hola suicida&lt;br /&gt;
me gusta tu cuento, pero creo que el final debería ser más... sorprendente. Está poco trabajado, quizás? un juego de palabras, una reflexión profunda/humorística/... Has leído cuentos de Quim Monzó? Creo que sus finales son ejemplares. Podrías copiarle algo :D Un abrazo.&lt;/p&gt;
</description>
 <pubDate>Fri, 09 Feb 2007 13:46:13 -0500</pubDate>
 <dc:creator>Anonymous</dc:creator>
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 <title>Se buscan Suicidas (I) - Cuatro Estaciones</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/se_buscan_suicidas_i_cuatro_estaciones</link>
 <description>&lt;p&gt;Llegaba tarde al curro. Tarde no; justo, que agobia más. Al llegar tarde el mal ya está hecho. Ya ha sido apretado el gatillo. Una vez rebasada la línea el problema es ya otro. Llegar justo no da tregua. &amp;laquo;Te voy a matar, quizá&amp;raquo;. La respiración en puntos suspensivos. Los omoplatos erguidos. Justo. 

&lt;p&gt;Entre Atocha y Pinto el tren no ofrece muchos secretos a través de sus ventanas. Por eso él creía, hoy, haber tomado el tren para Hereford, como Sherlock Holmes en &lt;i&gt;El misterio del Valle de Boscombe&lt;/i&gt;. Cada día cambiaba de ruta. A veces cogía el London Express hasta Manchester. Otras veces viajaba de Bristol a Exeter. ¿Qué pintaba él en la capital del condado de Devon? Eso era cosa suya. Probablemente se desplazaba hasta allí a resolver uno de sus casos. Secretos. Ser guardia de seguridad en un polígono industrial está bien, pero ser el detective privado de la alta sociedad victoriana es otra cosa. Se engaña. Se mantiene vivo. Hace siete años, casi exactamente, decidió no leer más libros nuevos.&lt;!--break--&gt; Y siguiendo el hilo de esa decisión decidió que sólo leería, una y otra vez, los libros de Sherlock Holmes. Había leído muchos libros en su vida. Muchos de ellos buenos y muchos mejores pero al cabo de unos meses, si no semanas, olvidaba por completo su contenido. Recordaba algún personaje, alguno. Alguna situación. Ninguna frase, o alguna quizá, pero no acabada de ubicar. Recordaba la sensación que le había dejado el libro, pero en alguna ocasión, al rememorar alguna novela ya pisada, se había descubierto inventándose una trama, añadiendo un personaje nuevo o mezclando personajes de varias historias. Le daba rabia. Con la comida no le pasaba. Era capaz de rememorar aquella vez que fue a un restaurante caro con Luisa. Recordaba los sabores, los olores, las texturas, las miradas de ella, la luz. Luisa. Hizo una criba y se quedó con los mejores libros que había leído, con lo que recordaba de ellos, o con lo que creía recordar. Decidió quedarse con las novelas. Decidió quedarse con Conan Doyle. Decidió quedarse con Holmes. Y con Drácula. Aunque esto no lo decía porque se trataba de una excepción que no podía explicar. Aunque bien pensado tampoco decía que llevaba años leyendo sólo a Holmes. Ni que imaginaba trayectos en tren. Sólo los trayectos. No explicaba muchas cosas.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;23 minutos de viaje por el Bristol Channel. Cuatro estaciones. Le quedan cuatro estaciones.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Lo que cruza delante del tren de cercanías no es un perro. Se llama Carlos. Se llamaba. Ha dejado de llamarse. Ahora sólo los demás le llamarán. Él no. Ya no va a llamarse más. Uno se llama, principalmente, para reñirse, para lidiar con uno mismo. &amp;laquo;Carlos ¿dónde vas?&amp;raquo;, &amp;laquo;Carlos, ve mejor por la pasarela&amp;raquo;, &amp;laquo;que las vías son peligrosas, Carlos&amp;raquo;. No tuvo tiempo de reñirse, de pronunciar su nombre desde dentro. No le dio tiempo. No vio venir la locomotora. Loco-motora. No la vio ni la escuchó. No la olió. Estaba y a la siguiente décima de segundo dejaba de estar. Ya está. No pudo racionalizar su muerte. Todo tan rápido. No pudo pensar en su vida. Estaba y ya no está. Ya está. No hay misterio. No ha habido tiempo para él. No hay más tiempo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Deja a medio leer un best-seller mundial que le hacía sentirse culto. A medias un flirteo temporal con una compañera temporal de trabajo. Un trabajo que no viene al caso. Ya no. Como casi nada.&lt;/p&gt;
  
&lt;p&gt;La máquina frena. El maquinista acaba de girar una esquina en el laberinto de su vida. Aquí tampoco está el queso. No hay queso.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Mozzarela, Parmesano, Provolone y Ricotta. Cuatro quesos. Carlos había caminado más de doscientos metros con la caja de la pizzería en las manos sin caer en que Helena le había pedido Cuatro Estaciones. Cuatro estaciones. Cuatro Estaciones. Helena lo había repetido cuatro veces. &amp;laquo;¿Te acordarás?&amp;raquo; Manía de Helena de tratarle como a un crío. &amp;laquo;¿Te lo apunto? Acuérdate. Cuatro Estaciones&amp;raquo;.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Helena calcula que aún le quedan unos diez minutos hasta que regrese Carlos. Pedir la pizza por teléfono es más cómodo, pero los repartidores dan mucha vuelta para acceder al túnel que cruza las vías. La pizza llega fría igual. Y luego está el descuento. Y la propina que te ahorras. Y la cara de asco que te ahorras al no dejar propina. No, por teléfono no. El teléfono. Se lo sabe de memoria. El teléfono de Marina. Su mejor amiga, si es que existen las mejores amigas, si es que existen las mejores.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;— ¿Se lo has dicho?&lt;br /&gt;
— No me he atrevido.&lt;br /&gt;
— Hazlo ya.&lt;br /&gt;
— Ha salido. Cuando vuelva se lo digo.&lt;br /&gt;
— Cuanto más tardes peor para los dos.&lt;br /&gt;
— Yo creo que se lo huele.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El olor es extraño. ¿Es esto olor a muerte? ¿O así huele esta muerte? El conductor sabe que no lo ha podido evitar. Sabe que después del fastidioso trámite, del papeleo, después de los controles de alcoholemia y del análisis de sangre, después de eso todo estará bien. Análisis de sangre. Todo bien. No va a tener problemas, él. Está solo ante la máquina. No ha abierto las puertas a los viajeros pero escucha algunos de sus gritos amortiguados por el cierre de seguridad. Ha cundido el pánico. A su madre le cundía el jabón en tambor. Siempre lo decía. El jabón le cundía a ella y a él le cundía el tambor en el que, una vez acababa de cundir el jabón, guardaba los juguetes. Ninguna maqueta de tren. No había dinero. Juguetes que olían a jabón. Traicionera memoria olfativa que relacionaba aquella muerte con los juguetes de su infancia.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Carlos y la pizza, fundidos. Cuatro Estaciones. Cuatro. Quesos. Sesos. Fundidos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Unos segundos antes de la nada, la duda. En su cabeza una canción —&amp;laquo;Her face is a map of the world, is a map of the world&amp;raquo;—. La había escuchado por primera vez en los títulos de crédito iniciales de una película que había visto con Helena —&amp;laquo;You can see she&#039;s a beautiful girl, she&#039;s a beautiful girl&amp;raquo;. Le gustó mucho la canción que acompañaba a esos títulos de crédito. No tanto la película ni el resto de canciones que aparecían, que no le disgustaron, pero le gustaron menos —&amp;laquo;She holds you captivated in her palm&amp;raquo;—. Le gustó tanto que bajó de internet la banda sonora de la película para regalársela a ella —&amp;laquo;She&#039;s a beautiful girl&amp;raquo;—. Pero los productores, ignoraba la razón, habían decidido no incluirla en el disco —&amp;laquo;Suddenly I see Why the hell it means so much to me&amp;raquo;—. La duda. Una canción. Algo con lo que soñar. Unos títulos de crédito. Nombres. Mujeres. Se engaña. Se mantiene vivo... Suddenly I see —&amp;laquo;Oh, she makes me feel like I could be a tower. A big strong tower&amp;raquo;—.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Antes de la nada, la duda. &amp;laquo;Carlos, ¿pero qué has comprado?&amp;raquo;. No le hace falta abrir la caja. Huele. Cuatro Quesos. Sesos. &amp;laquo;Carlos, imbécil, era Cuatro Estaciones&amp;raquo;. De repente lo vio. De repente lo veo. Suddenly I see. Sesos. Fin.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;— De esta noche no pasa.&lt;br /&gt;
— ¿Cómo lo vas a hacer?&lt;br /&gt;
— De golpe. De cuajo. Sin dolor.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;¿Cuánto tiempo tiene que doler para considerar que a uno no le ha dolido lo que le ha matado? ¿Un nanosegundo de dolor, es dolor? No dolió el tren. Los trenes no duelen. No huelen. Estaba y ya no está. Era y ya no es. Era hermano, hijo, amigo, novio, enemigo. Y ya no es. No será más. No hay más. &lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Mi corazón es tuyo Helena. Mi cuerpo. Mi corazón. Mis sesos. Tuyo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;— No soporto más su presencia —(bip-bip-bip)— te dejo Marina. Perdona, tengo doble llamada. Luego te cuento cómo ha encajado el golpe.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Helena cuelga a Marina y descuelga la nueva llamada entrante. Ha llegado tarde. Ha saltado el contestador. En ese momento la persona que ha llamado está ya dejando un mensaje.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;— Este es un mensaje para Helena Resano. Le llamo de la comisaría central. Soy la inspectora Asensio. Es urgente que me llame usted cuando escuche este mensaje. El número es...&lt;/p&gt;

&lt;p style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;La suicida&lt;/p&gt;</description>
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 <category domain="http://www.tabernil.com/autores/la_suicida">La suicida</category>
 <category domain="http://www.tabernil.com/secciones/cuentos">Cuentos</category>
 <category domain="http://www.tabernil.com/secciones/seccion_abierta">Sección abierta</category>
 <pubDate>Wed, 07 Feb 2007 04:53:07 -0500</pubDate>
 <dc:creator>Tabernil</dc:creator>
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