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 <title>Tabernil - Amanecer - Comments</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2007/02/amanecer</link>
 <description>Comments for &quot;Amanecer&quot;</description>
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 <title>Amanecer</title>
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 <description>&lt;p&gt;Has despertado. Ha despertado. No sabes donde estás. Ella está en su piso del barcelonés barrio del Raval. Entre lánguidos bostezos vuestros cuerpos se desperezan lentamente; en la lejanía del desconocimiento en algo estáis de acuerdo.&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Un hormigueo recorre tus pies. Los suyos, de tersa delicadeza, todavía retozan bajo las limpias sábanas. Te incorporas con esfuerzo, apoyándote en el respaldo del banco de piedra y ves, todavía borroso, las palabras &amp;laquo;corte inglés&amp;raquo;. Llevas las manos a la cara, apoyando tu frente después de un suave recorrido facial. Respiras. Ella se levanta de la cama, sus pies descalzos salen de la habitación, recorren un pequeño pasillo y entran en el comedor, uno de los dedos de su mano enciende el televisor; el chapotear del agua del lavabo se mezcla con las palabras del presentador: &amp;laquo;La Cruz Roja desprecia acoger a la mayor parte de los subsaharauis...&amp;raquo;. Mientras mea piensa en ellos. Mientras orina piensa en ti. ¡Pobre gente! ¡Ahora recuerdas! Estas en Barcelona, concretamente en la Plaza Cataluña o Catalunya, pero a ti esa diferencia que más te da; al fin y al cabo el lugar es el mismo y Europa no se pelea por decir London o Londres. Te duelen los pies, ayer anduviste mucho, sin rumbo, cómo un barco a la deriva, de institución en institución. Cierras los ojos: la Avenida Diagonal, el Paseo de Gracia, la calle Mallorca, Balmes,  Plaza Universidad, Ronda de San Antonio, Joaquin Costa. Entras en un bar, esquina Valldoncella, y una señora de blancos cabellos y sonrosadas mejillas te sirve un desayuno. Habláis. Tu le cuentas que llevas un mes viviendo en la calle, en las calles de Barcelona, ella que dentro de poco les echarán del local. Especulación urbanística — piensas tú. ¿Tantos años trabajando para qué? — Piensa ella. ¿Y tú, qué piensas de todo esto?. Abres los ojos, te has dormido un pequeño instante. Te diriges a la fuente de Canaletas, ahora ya sabes que en esta fuente se celebran victorias. ¿Y las derrotas...? ¿Dónde se gestionan? Te aseas lo mejor que puedes y enfilas las Ramblas camino hacia el puerto.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Entra en la cocina; bollos, mermelada de fresa, mantequilla, pan de molde, zumo de naranja, café, cereales y un yogurt enriquecido con calcio. Se sienta en la pequeña mesa abarrotada de enseres. Desayuno completo. Tu estómago ruge; tienes hambre. Cambias de opinión y giras en la calle Tallers. Una panadería llama tu atención, el olor dulzón del pan se deshace en tu boca; sólo el olor. Dulzón. Tus bolsillos están vacíos. Sientes lástima por ti, por tu situación. Decides sentarte al lado de un pequeño portal, en frente de una tienda de discos. Se para frente al espejo y retoca esas arrugas del vestido. Hoy me siento guapa — piensa. Mira el reloj; cinco minutos para las nueve. Retoca sus cabellos recién peinados. Coge el móvil, la cartera, las gafas de sol, la agenda, el pintalabios; todo y más cabe en un bolso. Abres tu mochila; una camiseta limpia, un jersey y unos pantalones. Todo lo que tienes, lo demás te lo robaron en la estación de Sants. Te salvaste por los pelos. Corriste hasta agotarte. Te sentías morir, pero estás vivo. Un largo camino... y el que queda por recorrer. Cierra la puerta, con llave. De nuevo el ascensor no funciona, ¡que fastidio!, cuatro pisos de altura. Ochenta y seis escalones. Ya se los conoce. Empieza a bajar; ochenta y seis, ochenta y cinco, ochenta y cuatro... Nunca lo has hecho. Ochenta y uno... Sientes vergüenza. Observas la gente que desfila frente a ti; una pareja sonriente de  turistas japoneses, un magrebí con sus alfombras para vender. Sesenta y cinco... un trío de alemanes con mapa incluido, una niña de ojos claros y cabellos rizados;  te señala mirando a su madre. Consternado bajas la cabeza. Cincuenta y tres. Nunca lo has hecho. No es tan difícil. Un heavy entra en la tienda de discos. La mujer con el carrito de la compra; rebosante. Cuarenta y siete. Te tiembla el cuerpo. Cuarenta y uno. Estás nervioso. Una gota de sudor resbala por tu frente. Treinta y cinco. Recuerdas tu familia, tus hermanos, la sonrisa siempre complaciente de tu madre. Veintisiete. Tus ojos se humedecen. Veintidós. No lo puedes remediar y lloras. Quince. Pero no has recorrido todo el camino para dejarte vencer. Doce. Ahora no es el momento. Diez. Te secas las lágrimas. Nueve. Yergues la cabeza. Ocho. Miras de nuevo tu alrededor. Siete. La tienda de discos, la panadería, el repartidor de la coca-cola. Seis. Te sientes vivo. Cinco. ¿Y qué es la vida sino? Cuatro. Estiras tu brazo. Tres. Hacia delante. Dos. Abres la palma de tu mano. Uno. Se abre la puerta del portal. Sale una mujer de unos treinta y cinco años. Te mira. Tus grandes ojos negros se clavan en los suyos. &amp;laquo;La Cruz Roja desprecia acoger a la mayor parte de los subsaharauis...&amp;raquo; Se para a tu lado, abre el bolso y unas monedas se posan delicadamente en tus manos. ¡Suerte! —le oyes susurrar. ¡Mucha suerte!... hermano... y se va. Mientras se aleja algo dentro de ti ha cambiado.&lt;/p&gt;

&lt;p style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;Ciclotímico&lt;/p&gt;</description>
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 <category domain="http://www.tabernil.com/autores/ciclotimico">Ciclotímico</category>
 <category domain="http://www.tabernil.com/secciones/ciclotimias/agua_pasada">Agua pasada</category>
 <pubDate>Sat, 24 Feb 2007 13:37:41 -0500</pubDate>
 <dc:creator>Tabernil</dc:creator>
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