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 <title>Tabernil - Hay que apuntarle al trasero - Comments</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2008/06/hay_que_apuntarle_al_trasero</link>
 <description>Comments for &quot;Hay que apuntarle al trasero&quot;</description>
 <language>es</language>
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 <title>Un gatopardo nunca debe</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2008/06/hay_que_apuntarle_al_trasero#comment-844</link>
 <description>&lt;p&gt;Un gatopardo nunca debe afeitarse; es una concesión a la burguesía comerciante que resulta inaceptable.&lt;br /&gt;
Felicidades Goma por este artículo.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Fri, 20 Jun 2008 03:20:19 -0400</pubDate>
 <dc:creator>Monsieur Lange</dc:creator>
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 <title>Hay que apuntarle al trasero</title>
 <link>http://www.tabernil.com/2008/06/hay_que_apuntarle_al_trasero</link>
 <description>&lt;div style=&quot;float: right; padding: 0px 0px 0px 10px;&quot;&gt;&lt;p style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;img src=&quot;/img/08/06/janonufry.jpg&quot; alt=&quot;Jan Onufry Gombrowicz&quot; /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;piedefoto&quot;&gt;Jan Onufry Gombrowicz&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;

&lt;p&gt;Sobre las barbas y el honor Gombrowicz escribió algunas páginas para situar históricamente a su generación.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;&amp;laquo;Ayer, en casa de Teodolina, había tres hombres: uno afeitado, otro bigotudo y un tercero barbudo, que se quedaron sorprendidos de no poder encontrar un lenguaje común en la apreciación de la situación política en el Lejano Oriente: –Me sorprende incluso que queráis hablar entre vosotros. Cada uno de vosotros constituye una solución diferente del rostro humano y personifica un concepto distinto del hombre. Si el barbudo está bien, entonces el barbilampiño y el bigotudo son unos monstruos, unos payasos, unos degenerados, en suma, una absurdidad, y si el barbilampiño es el hombre como debe ser, entonces el barbudo es una monstruosidad, un absurdo y una porquería. ¡Adelante! ¿A qué esperáis? ¿Por qué no os rompéis la cara?&amp;raquo;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;La caricatura es la forma grotesca de una persona o cosa, Gombrowicz era un especialista en hacer caricaturas y su hermano Jerzy también. Según parece ese hermano era un personaje con alma de artista, un cómico y un bromista nato dotado de un gran sentido del efecto y de una notable invención en materia de dichos y expresiones algunos de los cuales fueron siendo utilizados por Gombrowicz cometiendo como él dice un miserable plagio. Por esa vieja costumbre que tenemos los humanos de encontrar en los padres algunas de las características de los hijos me puse a buscar algún antecedente de esa capacidad que tenía Gombrowicz para hacer caricaturas y, finalmente, encontré uno.&lt;/p&gt;
&lt;!--break--&gt;
&lt;p&gt;En los veinte años de independencia que tuvieron los polacos después de la Primera Guerra Mundial las costumbres dieron un enorme salto hacia delante, especialmente en un asunto substancial para los polacos: la noción del honor. &lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El padre de Gombrowicz era un gentleman a la antigua pero también él empezó a caricaturizar el asunto del honor tan en boga por aquel entonces. Un día Marcelina Antonina lo sorprendió mientras disparaba con una pistola a una silueta apuntándole al trasero. Lo habían retado a duelo y decidió colocar la bala en esa parte del cuerpo del adversario que, por otra parte, la tenía bastante pronunciada.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Las formas polacas se iban convirtiendo en caricaturas; el honor, las reglas de la buena educación, el besa manos, la moda y casi todas las costumbres llegaban a su fin, se escapaba de ellas su contenido vivo quedándose nada más que con la rigidez de la forma pura. Ese formalismo abunda en la obra de Gombrowicz, los cambios violentos del comportamiento atraían cada vez más su atención sobre el papel de la forma en la vida, sobre la poderosa influencia del gesto en nuestra esencia más íntima.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;&amp;laquo;Uno de los cambios más importantes de esa época rica en metamorfosis, fue la desaparición de las barbas y los bigotes, un cambio tremendo, enorme, teniendo en cuenta que un barbudo o un bigotudo son tipos totalmente diferentes de un hombre rapado. Me dispongo a creer que las consecuencias de este acontecimiento fueron enormes, en el arte, en la moral, e incluso en la política y hasta en la metafísica, y no muy difíciles de percibir&amp;raquo;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El amor por su tiempo junto al sentimiento de solidaridad con su generación, eran muy fuertes en Gombrowicz, eran pasiones que había experimentado la juventud de todo el mundo, una magia de la historia que después no volvería a repetirse. Fue una época prometedora también para los polacos aunque después cayera sobre ellos otra vez la sangre y el dolor, pues en aquellos años aún no sabían que en los dos imperios derrotados por la guerra se incubaba una nueva catástrofe universal. Es entonces cuando las ideas de la caricatura, la forma y la deformación se convierten para Gombrowicz en una y la misma cosa, y es entonces cuando se entronizan en su vida y ya no lo abandonan más.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Los diez años de diferencia que tenía con su hermano Janusz bastaban para mostrar con qué rapidez se producían los cambios. Janusz aún pertenecía a la juventud dorada, en vías de desaparición, era del campo, elegante, caminaba balanceando el bastón y se daba vuelta cuando se le cruzaba una mujer, con cara de tenorio. En el teatro se le veía siempre en las primeras filas conservando el porte de la nobleza terrateniente. Aunque no tuviera nada en el bolsillo, llegaba siempre a uno de los cafés más distinguidos de Varsovia en un coche elegante que, cuando ya estaba en las últimas, tomaba en la esquina más cercana sólo para descender en el café con su gala correspondiente. &lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Gombrowicz no usaba bastón, a duras penas se ponía el cuello duro, no frecuentaba lugares de moda, no tenía asuntos de honor, no asistía ni a comilonas ni a borracheras, andaba en bicicleta en el campo y en la ciudad en tranvía, para escándalo de sus familiares y parientes hidalguillos.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Un cambio notable de esa época fue la desaparición de las barbas y de los bigotes, un cambio enorme teniendo en cuenta que un barbudo como Dios o como Marx eran completamente diferentes a un hombre rapado. &lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;i&gt;&amp;laquo;Nunca olvidaré el aullido que emitió una de mis primas al ver entrar en casa a mi padre con la cara completamente rasurada; acababa de dejar su barba y sus bigotes en la peluquería de acuerdo al espíritu de la época. Fue el grito penetrante de una mujer ofendida en su pudor más profundo; si mi padre se hubiera presentado desnudo no hubiera gritado con tanto horror –y en el fondo tenía razón: era una desvergüenza de primera categoría aquella cara de mi padre hasta entonces siempre oculta por la barba y los bigotes y que ahora hacía por primera vez su aparición escandalosa&lt;/i&gt;&amp;raquo;&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;El hermano mayor, Janusz, se preocupaba más por el honor de los comerciantes que por el de los nobles, en su visión del mundo la economía jugaba un papel más importante que las tradiciones y la carga hereditaria de las antiguas castas. Jerzy, su segundo hermano, manifestaba en cambio, durante el tiempo de su carrera universitaria, un gran gusto por todo ese ritual y todo ese protocolo solemne utilizados en los asuntos del honor, sin embargo, él tampoco se los tomaba en serio. El benjamín de los Gombrowicz estaba completamente desprovisto de honor, en esa materia era un salvaje incapaz de distinguir las jerarquías de las partes del cuerpo y de comprender por qué una bofetada era algo más terrible que un golpe en la oreja.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;Cuando la obligación general del servicio militar igualó a todos en cuanto se refiere a las batallas, todavía quedaba el duelo como un riesgo especial reservado a la clase superior, que compensaba en parte las comodidades y las facilidades que proporciona el dinero. Pero cuando los duelos desaparecieron, cuando al burgués bien alimentado ni siquiera le quedó la obligación de disparar una pistola y arriesgarse a que le metieran un balazo al recibir una bofetada en pleno rostro, lo único que le quedó fue disfrutar de una vida regalada a la que ya nada podía perturbar. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la foto aparecen de izquierda a derecha Janusz, Jan Onufry, Irena, Marcelina y Jerzy, Witold no está, no había nacido. No es tan fácil, mirando el aspecto señorial del padre, imaginarlo apuntando al trasero de una silueta o escandalizando a una sobrina.&lt;/p&gt;

&lt;p style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;Juan Carlos Gómez, &amp;laquo;Goma&amp;raquo;&lt;/p&gt;
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 <comments>http://www.tabernil.com/2008/06/hay_que_apuntarle_al_trasero#comment</comments>
 <category domain="http://www.tabernil.com/autores/juan_carlos_gomez">Juan Carlos Gómez</category>
 <category domain="http://www.tabernil.com/secciones/gombrowiczidas">Gombrowiczidas</category>
 <pubDate>Thu, 19 Jun 2008 09:51:39 -0400</pubDate>
 <dc:creator>Tabernil</dc:creator>
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