Pido disculpas de antemano por presentar en esta primera colaboración un texto incompleto. Quizás no sepa escapar de ese vicio del fragmento que parece ser característica de nuestra época. En cualquier caso y para ayudar a la lectura, decir que lo que sigue forma parte de una serie de escrituras que llegan así, descosidas, y se entretejen en los márgenes de un proyecto que vengo realizando desde hace tiempo y que ya no sé si algún día daré por terminado. Quizás eso sea lo mejor, que los temas no permitan que los abandonemos en una presunta forma completa y estemos así obligados a volver a ellos una y otra vez.
¿Qué esperamos de aquellos que podrían dar testimonio? ¿Es lícita mi manera de acercarme, de apelar al dolor de la historia, cuando la historia es pura encarnación? ¿Puedo verlo en sus ojos, ceñirme a su silencio -mientras haya luz y silencio-, ver el dibujo del los acontecimientos a través de lo que a estos les falta? ¿Cuántas preguntas nos separan? ¿Cuántas harían todavía más honda la caída? En definitiva...
«Quién testifica por el testigo»
En fin, un abrazo y hasta pronto.




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Hola Pe fue un placer...