Octubre de 2007

Septiembre

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Dios creó agosto para escribir...
Sergi
...y septiembre para dejar de hacerlo.
David

«Cuando llegue septiembre», así empezaba la canción, una copla creo recordar, que me cantaba mi madre en julio cuando, con 20 años, me quedaba sin trabajo. Me preguntaba mi madre qué pensaba hacer yo sin estudios, sin trabajo y sin dinero y me comía la cabeza para que volviese a inscribirme en la Facultad de Periodismo. Yo no descartaba ingresar en la Universidad, pero de hacerlo ingresaría cadáver en la facultad de medicina para ponerme en manos de una forense guapa como las que sacan los americanos en las series de televisión, otra forma de ingreso sería una descortesía por mi parte. Para callarle la boca y tapársela también a mi buena conciencia yo le decía a mi madre que tenía proyectos para septiembre. Que ese programa de radio que llevaba meses persiguiendo se había aplazado hasta después del verano. Que durante los meses de asueto y sexo caliente en uno de esos guetos para turistas del segundo mundo caribeño algún productor leería los gags y sketchs que le había enviado a su oficina y me llamaría para escribir chistes en horario de oficina en el programa estrella de la temporada televisiva. Que tenía en la cabeza una obra de teatro que sería la sensación en el underground pijo de una Barcelona que entonces estaba, si cabe, más loca y perdida que ahora. Que la cadena de montaje de mi cerebro tenía ideas fáciles de vender... «Cuando llegue septiembre» me cantaba ella «todo será maravilloso».

Mié, 03/10/2007 - 13:32

Para correrse de gusto

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Gintonics con Manel junto a una iglesia

Siesta a las tres, de madrugada

Abro las persianas sin modo vibración

Mónica Bellucci vuelve a ser portada

Cuernos, azúcar glasé y dulce de leche

La cremallera de Anne Bancroft con café

Lun, 08/10/2007 - 12:35

Conversación 3

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Conversacion 3

Mercedes Parada

Vie, 26/10/2007 - 21:08

El director tenor

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Unos turistas catalanes van a una oficina bancaria en Kuala Lumpur para retirar una pequeña cantidad de dinero. El cajero antes de darles el dinero realiza una enigmática llamada y tras ella el protagonista de esta pequeña anécdota, que no chiste, sale de su despacho enfundado en un elegante traje cruzado, se acerca a los catalanes y en un mal español les pregunta si son españoles. Los catalanes, benditos ellos, contestan que sí, lo sientan así o no, para no complicarse la vida dando más explicaciones de las que normalmente apetece dar a un desconocido que, tras la respuesta afirmativa, les informa de que es el director de la sucursal y les invita a entrar en su despacho.

Lun, 29/10/2007 - 17:05