Cómo puedo yo no estar agradecido de tan excelente amo. Miren cómo se esmera en prepararme el desayuno ¿Es habitual ver a un ser humano dándole la primera comida del día a cucharaditas a su perro? No tanto, créanme y él lo hace cada mañana, a excepción que llueva, claro, porque si llueve no salimos a trabajar. Me gusta cuando llueve, porque me siento como drogado. Me poso sobre una mesita que hay junto a la única ventana y me quedo estático mirando como cae el agua, o como se mojan las palomas. Pero no dura mucho esta simple distracción, porque cuando no salimos a trabajar, a mi dueño le viene el mono; le da tal ansiedad que todo él parece un músculo brillante y tenso. Cada dos minutos me aparta violentamente de la ventana para confirmar si sigue lloviendo. Es una lluvia de nada, una lluvia de mierda, repite incesantemente. Luego se va a sus cajoncitos, los vacía y comienza a contar y recontar el contenido de ellos: monedas de a 1, 5, 10, 25, 50 o 100 pesetas. Las ordena por su valor en pilas, después en filas, luego en montoncitos. Y esto le tranquiliza un poco.
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