Febrero de 2008

Dejadez

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Hoy me siento mal. Desde la ventana diviso uno de esos días de alma gris, uno de esos días sediento de amenazas que transcurrirá sin llegarlas a cumplir de la misma manera que los deseos más profundos escondidos en la alcoba de un latido nunca llegan a puerto alguno, encarcelados en su universo de cristal, a la merced del antojo de los vientos, silenciados en el vaivén del oleaje mientras se mecen en una eternidad azul acunando propósitos no divisados y eludiendo la certeza de hallarlos perdidos, ceñidos a la estrechez de un horizonte del cual nunca escaparán; siento la misma impresión en mis pies al calzarme las Merceditas en piel negra, las mismas que me regalé cuando comprendí que la desolación de una emoción siempre hace buenas migas con la soledad de una tarde de compras en el barullo céntrico de la ciudad.

Vie, 01/02/2008 - 17:03

C de carajo

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Cabe todavía averiguar si es la costa la que zarpa, la sospecha se basta para iniciar desaconsejables empresas como esta. Poniendo en cuarentena toda forma previa de saber hubo siempre intrépidos que se descalzaron de los hombros del gigante para subir a ese mástil. Mirador de lo mismo, ojos de la tripulación, domador de intestinos, cuando nos mandan al carajo lo que quieren es que nos vaciemos desde lo más alto. ¿Confundirán quizás los mandatarios nuestra entraña con este vómito que nos provocan? Ningún capitán, ya lo dijo Lizanote, sino el mar.

Mar, 05/02/2008 - 15:14

Cos

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Batecs a les dents.

Mussols als ulls.

Arrugues a les llàgrimes.

L’esperit somriueja.

Ramon Vira-Sol


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Recita: Mika Tatiana Doloridrievich de Peláez

Dom, 17/02/2008 - 22:50

¿Alguien me presta un kalashnikov?

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Estaba viendo la primera película de la saga de El padrino cuando mi mujer ha empezado a quedarse dormida y he decidido pararla para evitar que en la próxima entrega interrumpa el discurrir de la trama con preguntas tan inconvenientes como ¿quién es Fredo?

Vie, 22/02/2008 - 01:35

El viaje es el juego

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Colectivo

Otra vez caminaba hacia la parada del colectivo. Era la época en que no usaba anteojos, a pesar de que muchos indicios ya anunciaban que me hacían falta, y por ese motivo desarrollaba estrategias suplementarias de la visión reducida.

Esa parada solo anunciaba uno: el 101. El 101 iba desde Villa Lugano a Retiro, y a medio camino subía yo para volver a casa desde el trabajo.

El trabajo consistía en ayudar a unas niñitas coreanas con las tareas de la escuela, ya que sus padres no sabían castellano suficiente como para hacerlo ellos mismos, y sin embargo les importaba mucho, muchísimo que las nenas recibieran una educación completa.

Lun, 25/02/2008 - 22:23