Junio de 2008

Jugando al ajedrez

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Gombrowicz y el ajedrez
Gombrowicz y el ajedrez

Muchas son las leyendas que se han tejido en torno al origen del ajedrez y distintos los países a que se atribuyen su procedencia; hoy se cree que el ajedrez procede de la India y que su creador lo ideó para entretener al rey, a quien le pidió como recompensa un grano de trigo por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera hasta cubrir las 64 de las que consta el tablero.

Como en aquel tiempo no sabían lo que era una progresión geométrica el rey le dijo que sí, pero resultó que con el cálculo se descubrió que los graneros del imperio de 16.384 ciudades de 4.080 agricultores no hubieran bastado para contener la cantidad de trigo pedida, pues equivalía a un cubo de más de un kilómetro de lado. También se cree que el inventor fue el griego Palamedes, que lo inventó durante el sitio de Troya, para distraer a los guerreros durante los días de inacción.

Sea cual haya sido el origen del ajedrez, fue jugando al ajedrez que yo conocí a Gombrowicz en una tarde del café Rex del año 1956.

El Rex había sido hasta el año 1961 un lugar ideal, se podía conversar y jugar al ajedrez. Cuando en marzo de ese año ese café cerró se nos partió en dos un medio mágico: la conversación se nos fue para La Fragata y el juego para un club de ajedrez.

Mié, 04/06/2008 - 10:23

Yo no quiero coca-cola

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ViriSuite

Vie, 06/06/2008 - 22:13

Una segunda existencia

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Digo yo que si Enrique Vila-Matas podía pensar en su juventud que su escritura se parecía a la de Gombrowicz entonces puedo yo pensar, no que mi escritura se parezca a la de Vila-Matas, sino que puedo pensar que Enrique ha escrito sobre mi, pero no sobre el yo que existe sino sobre un yo hipotético que jamás ha existido ni existirá, sobre un yo escritor que Vila-Matas introdujera en alguno de sus libros en los que comenta, entre el análisis libre y el anecdotario, las vidas y las obras de otros escritores.

Dom, 15/06/2008 - 14:34

Hay que apuntarle al trasero

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Jan Onufry Gombrowicz
Jan Onufry Gombrowicz

Sobre las barbas y el honor Gombrowicz escribió algunas páginas para situar históricamente a su generación.

«Ayer, en casa de Teodolina, había tres hombres: uno afeitado, otro bigotudo y un tercero barbudo, que se quedaron sorprendidos de no poder encontrar un lenguaje común en la apreciación de la situación política en el Lejano Oriente: –Me sorprende incluso que queráis hablar entre vosotros. Cada uno de vosotros constituye una solución diferente del rostro humano y personifica un concepto distinto del hombre. Si el barbudo está bien, entonces el barbilampiño y el bigotudo son unos monstruos, unos payasos, unos degenerados, en suma, una absurdidad, y si el barbilampiño es el hombre como debe ser, entonces el barbudo es una monstruosidad, un absurdo y una porquería. ¡Adelante! ¿A qué esperáis? ¿Por qué no os rompéis la cara?»

La caricatura es la forma grotesca de una persona o cosa, Gombrowicz era un especialista en hacer caricaturas y su hermano Jerzy también. Según parece ese hermano era un personaje con alma de artista, un cómico y un bromista nato dotado de un gran sentido del efecto y de una notable invención en materia de dichos y expresiones algunos de los cuales fueron siendo utilizados por Gombrowicz cometiendo como él dice un miserable plagio. Por esa vieja costumbre que tenemos los humanos de encontrar en los padres algunas de las características de los hijos me puse a buscar algún antecedente de esa capacidad que tenía Gombrowicz para hacer caricaturas y, finalmente, encontré uno.

Jue, 19/06/2008 - 15:51

No te fíes de los valencianos

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Hay acontecimientos, hechos, inputs, para expresarlo en este lenguaje psicológico-comercial que tan dentro de nosotros está ya, que coinciden extrañamente en el minuto a minuto de nuestra biografía. Ayer me sucedieron cuatro cosas que me lanzaron de un lado a otro, hacia arriba y hacia abajo en el tablero luminoso de mi máquina del millón particular.

El primero fue el descubrimiento de un disquito pequeño pero inmenso de versiones de canciones de Gainsbourg interpretadas por artistas vascos y cantadas en euskera. El disco se llama «Gainsbourg Gainbegiratuz», que vendría a ser el «Gainsbourg Regiraro o Revisitado». Las versiones valen mucho la pena y reconforta comprobar como las canciones del parisino funcionan en todas las lenguas en las que son interpretadas. Hay versiones preciosas como las de «L'anamour» de Gari o «La Décadanse» de Jone Gabarain y Juankar Landa.

Sáb, 28/06/2008 - 14:23