Diario de un Tabernero.
Tengan todos y todas un buen día... y dense todos por saludados. Y besados llegado el caso.
He descubierto por fin uno de los grandes secretos de la vida y voy a compartirlo con ustedes a lo largo de estas líneas: Ya sé lo que nos da felicidad.
Tengan paciencia y todo les será revelado.
Antes de empezar a atormentarles con las vicisitudes de mi vida tanto personal como laboral. Tengan a bien soportarme una (o dos) pequeña(s) reflexión(es).
¿Les importa?
Gracias.
Normalmente uno debería (no hay protocolos escritos y consensuados al respecto pero es lo normal) empezar su diario diciendo: «Querido diario... cuánto te he echado de menos... hace mucho tiempo que no nos veíamos... estaba bloqueado y no he podido verte... debería verte más... ¿podrás perdonarme?... te quiero mucho y te voy a poner un kiosco en la Gran Vía.»
Lo del kiosco en la Gran Vía sí que es opcional.
Les dejo elegir otra calle del país.
Tengan ustedes el país que tengan.
No sé si se han dado cuenta de lo mucho que la gente ama a sus diarios y los echa de menos y como los bloqueos hacen que los veamos de poco a nada. Como si hubieran emigrado a Cuba o algo así. Yo suelo dejar el mío en una estantería. No recuerdo bien lomo con lomo (o jamón con jamón más bien) con quién como hace el amigo Nazka. Yo en lugar de afinidad de autores los ordeno por afinidad de títulos. Así que «El diario de mi vida» debe estar entre «Lo importante es perder» y «Desesperación», supongo.
¡Ay que ya divago! (¿por qué divagar duele tanto? Vaya... ya lo estoy haciendo otra vez y ésta entre paréntesis. Los paréntesis ¿tienen que ver con la parentela o con la parienta? Creo que no... pero está bien darse un paréntesis de la parentela de vez en cuando ¿no?... y de la parienta... ¡También!... Vaya... ¡Joder! Otra vez divago... ¡Ay!).
Como decía yo dejo el mío en una estantería y, al menos que yo sepa, nunca se ha marchado. Tampoco le pido explicaciones. No vayan a pensar mal de mí, que yo le dejo su espacio y su libertad.
Y asumo que todo el mundo guarda su diario en algún lugar de su casa. Estantería, cajón, caja de zapatos, papelera. Vamos... que nadie se pega un viaje a Cuba para guardar su diario en algún sitio. Además de todos es sabido que a Cuba se va uno sólo a dos cosas: Si estás hablando con tu mujer vas a Cuba con los amigos a visitar el país y conocer las costumbres, si hablas con los amigos o con los compañeros de la oficina vas a Cuba... a follar, a follar y a... follar. ¿Por qué estoy hablando de Cuba? Es más... ¿Por qué estoy hablando de follar? ¿O estaba hablando del bloqueo?
A lo que iba (¡Por fin!)... que si tanto lo echas de menos basta con agarrarlo y abrirlo. Digo yo. Nadie te lo impide. Y menos un cubano. O una cubana... la mujer digo... no lo otro... bueno... lo otro fijo que te lo impide por que en un momento así lo menos que quieres es tirarte un ratito leyendo.
Somos unos ingratos (e hipócritas dicho sea de paso) con nuestros diarios. Les decimos que los queremos mucho, les prometemos que les vamos a dedicar más tiempo, los usamos cuando se nos viene en gana, los vemos muy de vez en cuando y les quitamos el polvo cuando nos acordamos de él o se nos apetece en el forro de las gónadas (de los cojones quise decir).
Como una amante, vamos.
Los diarios son putas. Nuestras putas está claro. Pero putas. Y sin cobrar.
(Pido perdón a todas las amantes del planeta porque por asociación de ideas parece que las he llamado putas baratas y no era mi intención).
Disculpen el lenguaje, pero como decían en aquella película (con tanto «friki» alrededor entre amigos y parientes es imposible no «frikear»... yo «frikeo», tu «frikeas», él «frikea», nosotros «frikeamos» y ellos se joden... ¡je! Mola el ritmo) yo solo conozco dos idiomas: normal y con tacos. Uno es mi lengua materna, el otro la de mama... de mamar... de teta mal pensados. Ojalá nunca tengan ustedes que averiguar la importancia de aprender a decir «me cago en tus muertos» antes que todo lo demás.
Los diarios putas. O los putos diarios. Sea como sea desengáñense: Por más que les digamos que los queremos mucho los tratamos para la mierda. Como a una madre vamos.
Un momento... ¿quiere decir esto que soy un hijo de puta?
-Baja la luz de fondo-
-Suena música intrigante-
-Entonces el tabernero, a medida que sigue escribiendo,
pone una media sonrisa difícil de descifrar-
Pues claro. ¿Cuándo he sido yo un buen chico?
Soy un chico muuuuuuuuuuuy malo .... (yo «frikeo», tú «frikeas», él... ya conocen el resto).
Lo que nos lleva a una de las conclusiones: La gente que escribe diarios no tiene la corriente neuronal en su sano juicio. Justo o injusto Nazka (el juicio digo... con jueces y fiscales comprados y todo). Navegan en un mar de perversión (sí, sí he dicho perversión) inimaginable... es decir, que ni se imaginan lo pervertidos que son. Y ya que hablábamos de tratar a los diarios como putas y madres... será perversión sexual supongo, y además retorcida. ¡Querer acostarse con una madre! La propia digo... no la del ajeno que hay alguna que está de pan con nocilla (MQMF... yo «frikeo», tu «frikeas... etc... ya saben) ¡y sin pagar ni nada! A eso lo llaman complejo de Edipo... pero para satisfacer dicho complejo primero, no se lo pierdan: ¡¡Hay que matar al padre!! El propio... digo. No es cosa mía lo dijo Freud y todo el mundo se lo creyó.
Además, escribir un diario, es fuente de grandes trastornos de personalidad (luego hablaré de ello) y un egocentrismo indomable. Siempre habla uno de uno mismo (valga la redundancia) y lo que UNO hace con los/as demás. Que si ya les importará poco a los demás imagínense a uno mismo que es el que lo ha hecho.
Así que pervertidos, esquizoides y parricidas. Según el Freud. Un pirado vamos. Como los que hacen footing. Que nunca los entendí. Yo sólo corro si me persiguen. Y a veces ni eso... es bueno que te cojan de vez en cuando. Argentinos del mundo, en este caso cuando digo «cojan» estoy hablando de atraparte... no de follarte. Aunque reconozco que también es bueno que te cojan de vez en cuando. A ser posible alguien del sexo contrario, del propio es doloroso además de incómodo... para sentarse.
Aunque bien mirado los que hacen footing (¿footingeros?) más que pirados son unos yonkis. No me pongan esas caras de estupor. Son yonkis. Y si usted es un footingero que le quede claro que es un yonki de mierda en pantaloncitos metrosexuales. Además el footing es incompatible con la taberna (que no las drogas). Se ha equivocado usted de revista.
Cuando uno corre (correr mucho, no a lo mariquita como algunos) el cuerpo sufre. Cuando el cuerpo sufre el cerebro, que es muy listo, por eso está en lo alto de todo independientemente de lo bajo de todo que esté el dueño, segrega unas sustancias que se llaman endorfinas. Que no es ni más ni menos que el pariente natural de la morfina. ¿Por qué todo el mundo sabe lo que es la morfina? Que, para los no iniciados en el mundo de los opioides, es básicamente una droga (como la que fabrican los «Castefa Nengs Quartet Orquesta» del mundo entero en el garaje de papi a cuarenta «leuros» la pasti) que ayuda a que el dolor y el sufrimiento se vayan por el desagüe hasta el siguiente mono, momento en el cual el dolor y el sufrimiento regresan del desagüe con energías y esplendor renovados y más mierda de regalo.
Es entonces, cuando las endorfinas fluyen a sus anchas, cuando uno siente cierta sensación de satisfacción y placer. Satisfacción y placer corriendo y sudando como un gilipollas kilómetros y kilómetros sin llegar a ningún lado. Sí señoras, señores, señoritas y jóvenes acomodados (lo dice la RAE no yo). Curioso ¿No? Y además se vuelve a sentir esa necesidad de volver a correr y sudar como un gilipollas kilómetros y kilómetros sin llegar a ningún lado. Que la gilipollez engancha parece.
¿Qué es un footingero en pantaloncitos metrosexuales a punto de echar a correr? Un jodio yonki con el mono en busca de su siguiente dosis. ¿Por qué dosis es plural si lo que te metes es una por vez?
Bueno... por lo menos estos no te soplan la pasta a punta de navaja y/o jeringuilla.
¡Ay! La divagación otra vez. Me duele sólo cuando divago. Últimamente me fastidia mucho. Será el tiempo.
Como decía antes de la mini clase de química, escribir un diario es fuente de trastornos de personalidad. Yes (o Sí para los no Gibraltareños). Uno escribe en primera persona (YO... egocéntrico...): «Ayer vi a Mónica y me llevó detrás del gimnasio... donde está el huerto.»
Pero para una segunda persona (TÚ... que sabe Dios quién será): «¿Qué crees que quería querido diario?» Normalmente de lo que una tercera persona (ÉL... bueno... en este caso ELLA) hace con uno: «Me metió la lengua en la oreja ¿Qué estaría buscando querido diario?»
A ver si lo he entendido. Uno escribe de si mismo para si mismo pero como si fuera otro, para otro, de lo que otra que es una misma, afortunadamente (a menos que también escriba un diario con lo cual será una misma sin ser ella para otra), hace con uno, o sea como si fuera otro para explicármelo a mi mismo, joder uno estaba también ahí con la lengua de Mónica en la oreja, pero como si fuera otro pero para otro por si no se acordaba de lo que había hecho esa mañana el otro... o yo... o yo que sé. Básicamente eso ¿no?
¿Lo han entendido? Pues explíquenmelo.
¿Qué mente retorcida se cuenta sus intimidades a si mismo como si se las contara a otro pero para uno mismo sin ser uno mismo? No me jodan que no es pervertido. Y gilipollas. Es como ser una portera pero con las intimidades de uno mismo y contándotelas sólo a ti... Con lo divertido que es ser una portera normal y contar lo de todo el barrio al barrio... ¡Coño! Del barrio al barrio... como uno mismo a uno mismo. Vamos como escribir un diario. ¡Coño again! ¡LAS PORTERAS SON EL DIARIO DEL BARRIO!
¿Entienden ahora lo de los trastornos de personalidad y lo de la perversión? Dejando de lado lo de Edipo que tiene tela propia.
Tener y escribir un diario es ser anormal.
Pero servidor, desde gran temprana edad, fue consciente de su anormalidad que le ha llevado a meterse en más desaguisados de los que su madre -como la de cualquiera que frecuente esta página, supongo- habría preferido. Algunos de ellos, todo sea dicho de paso, alentados y alimentados por algún que otro amigo con más o menos desorden en el mobiliario de la azotea que yo. Pero desorden al fin y al cabo.
Tengo múltiples personalidades. No, no... no se asusten ni desconfíen. No les mentimos. Lo sabemos.
Y sabiendo esto... hagamos la reflexión. Si un terrestre cualquiera, en plenas facultades mentales, escribiría un diario, como ya he ejemplificado (joder que palabra más rara y larga) al principio de todo este rollo, amándolo y queriéndolo mucho en primera persona para una segunda de una tercera. Yo... ¿Qué debería hacer? Escribir varios diarios (uno por cada personalidad) en formato estándar primera-para-segunda-de-tercera. O... ¿escribir uno en cuarta persona para una quinta de una sexta? Podría incluso patentarlo de lo gilipollas que suena. Lo mismo que pasó con el «abre fácil» de los cartones de leche.
O puedo escribir en primera persona para una quinta. En realidad es lo que me parece más sensato. Y si se paran a pensarlo es más sensato, que no se si cuerdo, que lo que hacen los dementes pervertidos que escriben diarios normales. Yo escribo en primera persona para una quinta (yo para vosotros). Por lo menos yo comunico mis andanzas a mis otras personalidades. No a mi mismo que es del género idiota:
«Querido diario ayer Mónica me metió la lengua en la oreja»
Y es que es para contestarse uno, joder:
«¡OOOOooh! Que sorpresa me daaaaas... claro... como yo no estaba.»
¡AAAAYYYY! (esta vez no es la divagación) si los diarios pudieran hablar.
Pero claro. Como están indefensos los pobres. Allá van los que los escriben a soltarles toda la mierda de sus vidas sin que puedan decir o hacer nada. Abusar vamos... y dar por culo ya sea dicho de paso.
Así que... además de pervertidos, esquizoides y parricidas, abusadores y sodomitas.
Tengan a bien los cultos de letras y los amantes de la gramática si hemos (yo y el resto de «mis») sido tan brutos y acabamos de pegarle una patada al idioma.
¿Se puede escribir en quinta, cuarta persona o sexta persona?
Es más... ¿Existen?
Es más... ¿Existe la quinta persona si sólo sois cuatro o la cuarta si sois cinco?
Es más... ¿se puede escribir en cuarta persona si tienes más de cuatro personalidades?
Debo consultárselo a mi terapeuta... o a mis terapeutas... o... ¿Qué se yo? Digo... Nosotros.
Recuerden: Sólo soy tabernero. Y de múltiples personalidades además.
«Queridos... todos:
Cuánto os he echado de menos. Sé que últimamente os visito poco, pero es que he pasado una época bloqueado. ¿Podréis perdonarme? Debería veros más. Os quiero mucho, de verdad... Os quiero mucho y os voy a poner un kiosco en la Gran Vía.
Y en días posteriores, y si me dejáis, quiero contaros unas cuantas aventurillas que me han ido sucediendo estos años...»
A todo esto y si queda alguien leyendo esto... ¿recuerdan como empecé?
Supongo que se están preguntando que tiene que ver todo este rollo con la felicidad y que no he mencionado para nada la solución al secreto ese.
Bueno... les confieso que no conozco tal secreto. Lo dije sólo para que llegaran hasta aquí y leyeran todo este rollo. Lo siento les mentí. Es que soy (somos) un(os) chico(os) muuuuuuuuuuuy malo(s).
Pero para los que ya estén intentando localizarme guarnecidos con bates de béisbol, les ofrezco mi humilde opinión como rescate de mis huesos y dientes rotos:
La felicidad la da... el dinero. Sin duda alguna.
Guillermo de Baskerville