Madurez

- ¿Quieres una copa Nancy?
- ¿Una copa?
- Sí, una copa. De... de algo fuerte. De... güisqui o ginebra o coñac o vino...
- Pfffff. No. No, gracias.
- Yo tampoco voy a tomar nada, si te parece bien. ¿Te parece bien?
- Fabuloso Stanley.
- Ya.

Ella cruza las piernas. La falda es muy corta y ligera y deja al alcance de la vista su ropa interior.

- Dime, Stanley... ¿Cómo va todo?
- ¿De qué quieres que te hable? ¿Del trabajo? ¿De mi relación con Sandra? ¿De política?
- Dime... dime qué estás leyendo últimamente.
- Estoy leyendo un libro muy gordo, Nancy. Un libro muy serio. De... de política.
- Yo leí uno de esos el mes pasado. Ahora estoy con uno sobre el espacio. Los planetas, los asteroides...
- ¿Salen extraterrestres?
- No. Es un libro serio. ¿Cómo te va con Sandra? ¿Cuándo llega?
- Tarde. Dentro de tres o cuatro horas. Quizá cinco. Nos estamos separando.
- ¿¡Qué me dices!? Eso es horrible.

Nancy adelanta el torso. Apoya los codos en las piernas y las manos en la barbilla para acercarse un poco más a Stanley.

- Sí. Cosas que pasan. No es tan terrible como parece. Somos adultos. Hemos decidido tirar cada uno por su camino. Somos dos adultos maduros. Yo ya tengo treinta y cuatro años.
- ¿Y en la oficina la cosa marcha bien?
- Sí, sí. Ahí no hay ningún problema.
- Eres el jefe, ¿no? ¿Quieres fumar?
- No, gracias. Sí. Soy el superjefe. Tengo a unas cuatrocientas personas a mi cargo.
- Eso es mucha responsabilidad.
- Sí. A veces pienso que la economía del país depende de mi.
- Ja, ja, ja. Stanley, tienes que tener menos pre...
- ¿Presión?
- No, lo otro... pre... prejuicios.
- Ahhh, prejuicios. Ya. ¿Y a ti como te va en el trabajo?
- Muy bien. Me van a dar un premio. ¿Lo sabías?
- ¿Un premio Nobel?
- No, otro. Es un premio que dan a los mejores cirujanos de la ciudad.
- ¡Felicidades Nancy!
- Gracias. ¿Sabes una cosa Stanley?
- No.
- Siempre he estado enamorada de ti.

El silencio no dura mucho pero a Nancy le da tiempo de atusarse el pelo. Rubio. Sedoso. Como de anuncio de champú. Stanley la mira fijamente a los ojos. Azules.

- Esto es un aburrimiento. Siempre acabamos así.
- Pero es que ellos son así. No te quejes. Eres tú el que ha dicho que juguemos a ser mayores.
- Pues ya me he cansado. ¿Jugamos a la Play?
- Mamá no nos deja.
- Creo que se ha dormido.
- Vale...

Nacho y Bea encienden la consola y bajan el volumen de la tele para no despertar a su madre. Insertan el disco del juego ‘Total Tsunami’ y le dan al play. La semana que viene vuelven al cole después de las vacaciones de verano.

Lillo


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