Que el fin del mundo me pille bailando

Piedras

Sabemos que Joaquín Sabina no gusta a todo el mundo; en el Rinconcillo no es que nos guste todo lo que él ha escrito, pero esta canción sí. Y todavía nos gusta más cuando la canta María Jiménez a compás de bulerías en su disco “Donde más duele”: en el que le grita a la vida cosas desoladoras a todo ritmo poniéndose gafas negras, bebiendo whisky y fumando un canuto. En este disco los guitarristas son de excepción: Gerardo Núñez (el mismo que ya vino al Rinconcillo con Carmen Linares tocando las tonás del Canto de la Resignación) y Enrique de Melchor; dándole palmas y tremendos jaleos están Loli, Carmen y Marta Heredia y su tío Enrique. Al acordeón Cuco Pérez, que no lo explicitamos pero vino con Javier Ruibal en el último concierto del Rinconcillo (nos alegra ver que hay personas que van repitiendo, pues deducimos que se sienten a gusto en este escenario imaginario). Rogamos disculpen la simplicidad de este Rinconcillo, pero es que nos encontramos en un momento emocionalmente muy difícil: quien haya sufrido alguno sabrá a lo que nos referimos. Gracias por la comprensión...

Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo me pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepa ni cómo ni cuándo
ni ciento volando ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas
que no se ponga la luna de miel.

Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentiras,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no nos cierren el bar de la esquina.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que todas las noches sean noches de bodas,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Amanda


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http://www.tabernil.com/2006/10/que_el_fin_del_mundo_me_pille_bailando