El adiós salió revoloteando del interior de la boca de Alicia hasta adentrarse por los pabellones auditivos de Gato y golpear con fuerza sus tímpanos.
Adiós — Gimió Gato mientras introducía una de sus zarpas hacia el interior de su conducto auditivo externo que zumbaba estrepitosamente.
Mientras Gato todavía saboreaba el hilarante cosquilleo del adiós, los pies de Alicia empezaban a andar por el camino más a la izquierda de su ojo derecho que se entretenía viendo los absurdos movimientos del pobre Gato intentando sin éxito alguno extraer la zarpa que se había quedado enganchada con el tímpano. Pasito a pasito, y con un movimiento constante de caderas y un par de recientes senos queriendo escapar de la opresión de una ajustada camiseta anaranjada comprada en Mango, se adentró en el camino que iba formándose frente a ella en su ya repetido constante andar.
Alicia se esforzaba en intentar entender — pasito a pasito — hacia dónde quería ir. A ciencia cierta no lo sabía, no lo sabía o... ¿no quería saberlo?. No saber hacia donde quiero ir tiene sus inconvenientes pero también tiene su parte beneficiosa. — Pensaba pasito a paso. — Si no sé donde quiero ir es porque no me he fijado una meta en mi trayecto, y si en mi trayecto no hay una meta, un fin, tampoco tendré prisa alguna por llegar a alguna parte por lo cual siempre podré gozar de la tranquilidad de mi camino. Pero en contraparte el no tener fin o meta alguna quiere decir que me veo obligada a seguir andando hasta que llegue donde quiero llegar (que es ninguna parte por que no se donde quiero ir), y eso es lo mismo que andar durante toda una eternidad o darle siempre las mismas vueltas a la misma idea (o llegar a todas las partes que no me he propuesto llegar)... el camino que he escogido... ¿será un círculo? Un circulo no tiene ni principio ni fin... ¿o tiene infinitos principios e infinitos fines?
El camino seguía abriéndose frente a ella mientras su cabeza era roída, de la misma manera que un ratón afronta la soledad ante un queso, por sus ideas. La angustia se fue apoderando de los pensamientos de Alicia que se sabían enclaustrados de por vida en la mismísima definición de una idea. ¿Y si hubiese empezado andando por el de la derecha? Pero, si el camino que he seguido es el de la izquierda eso tiene que ser porque algo dentro de mí sí que sabe donde quiere ir... o quizá sabe donde no quiere ir. ¿Llevaran al mismo punto el saber hacia dónde sí como el saber hacia donde no? En todo caso algo sabes... sabes lo que sí o sabes lo que no. Y cuando sabes lo que sí y lo que no... ¿dejas de andar? ¿Qué pasa realmente cuando dejas de andar? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es...?
Alicia se sorprendió a sí misma estática. — ¡Uh! — ¿Quién eres tú? — interrogó Alicia al ser que se le había aparecido. — Pues soy tu misma. ¿Es que no me conoces? — Pues si te he de ser sincera no, no te conozco. Me has asustado... — No he sido yo quien te ha asustado. Yo solo te he sorprendido, y teniendo en cuenta que soy tu misma, en realidad eres tú quien se ha sorprendido y asustado al mismo tiempo. — Eso no puede ser. — ¿Por qué? — le interrogo Sí Misma. — Pues... pues... pues porque si tú no me has asustado y he sido yo misma eso quiere decir que tú no existes. Y si tú no existes entonces eso quiere decir... — ¿Qué te estas volviendo loca? ¿Qué estas hablando sola en un camino que se hace a medida que andas hacia donde no sabes que quieres ir? ¿Qué es lo que te sucede Alicia? ¿Es que no te das cuenta que...? — ¿... todo esto es absurdo y no lleva a ninguna parte? — se adelantó Alicia en la formulación de la cuestión. — ¡Tu misma lo has dicho! — Exclamo Sí Misma. — No, te equivocas, Yo Misma eres tú y tú no has dicho eso... lo he dicho yo... Alicia. — Bien, lo diga yo o lo digas tú el efecto es el mismo pues las dos formamos parte de lo mismo, aunque tú existas y yo no. Y lo que acabas de decir es que todo esto es absurdo y no lleva a ninguna parte. — Sí, es verdad. Pero... ¿qué puedo hacer? — los ojos de Alicia se humedecieron dándole la impresión de que fuera a empezar a llover. — Venga no llores, es muy fácil solo tienes que ponerle un fin. Un fin y se acabó con tanta dubitación... solo uno, no hacen falta muchos más.
Alicia, sentada al regazo de un árbol que libraba una batalla con sus verdes hojas a contraviento y marea, abrió su boquita y, entre sollozo y sollozo dijo:
— ¿Fin?
Ciclotímico