De Marías y baches (una explicación)

Hace tiempo que no escribo aquí ni registro mi voz analógica en digitales códigos binarios (los ceros y unos que por lo visto mantienen en pie todo este cotarro sin que sepamos explicarnos muy bien como narices lo consiguen). No cuento historias ni espanto fantasmas ni me masturbo en la cara de los que leen o en los oídos de los que escuchan y mucho menos en los cerebros de los que procesan. Hace mucho que no hablo en blanco y negro o en graves y agudos aquí y creo que me debo una explicación antes de reanudar esa tarea.

He pasado un bache, de alguna manera aún lo estoy pasando. Un bache, un revés, un agujero. Como el de Aute. Con semejante graduación etílica pero, sospecho, con menos carmín y lycra.

Llevo semanas intentando escribir unas líneas sobre algunas cosas que se me pasan por la cabeza (superficiales todas ellas, ya conocen los que se han tomado la molestia de conocerme mi querencia por la profunda superficialidad). He emborronado cuartillas y cuartillas, márgenes de periódicos, hojas del calendario, solapas de libros, dedos, manos y caras. He garabateado letras, tachaduras, asteriscos y flechas que unen párrafos separados al nacer. En todos esos intentos descosí un hilo del que luego me dio pereza tirar. ¿Pereza? Más bien miedo. Tirando de ese hilillo con la suficiente tenacidad y coraje tendría algo de género que exponer en este escaparate o de pescado muerto que refrescar en este hielo, pero no es así.

El motivo es que desde hace un par de meses he vuelto a releer a uno de mis autores preferidos. Podría maquillar mi excusa un poco, hablar de reencuentros y de la magdalena de Proust. Podría hablar también de la sangre que me corre por las venas para preguntarme si es la misma que corría hace siete años y, si la respuesta fuese no, preguntarme dónde fue aquella sangre y de dónde viene esta que sube y baja por mi cuerpo ahora. No. El motivo es simple y no quisiera hermosearlo de ninguna otra manera. Hace un par de meses empecé a leer de nuevo y de seguido (un libro tras otro, siguiendo la cronología de su publicación) a Javier Marías.

Y claro, me he acomplejado. Muchísimo.

Lillo


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