Me despierto. Ahí está el amarillo alegre, envidioso, celoso y egoísta intentado colarse por mi ventana. El azul apacible, leal y confiado navegado lentamente por algún blanco inmaculado, puro, virginal. Bajo él... verde esperanza, tranquilo y fértil. Donde pasean los fantasmas de todos los hombres que no fui.
Le pegue un puñetazo al tipo del espejo. El rojo pasión, viril y ardiente se perdió por el desagüe.
Sin duda Dios tiene un irónico sentido del humor: Nací daltónico.
Soy incapaz de ver la vida color de rosa.
Creo que me toca verlo todo gris y negro.
Guillermo de Baskerville.