¿Alguien me presta un kalashnikov?

Estaba viendo la primera película de la saga de El padrino cuando mi mujer ha empezado a quedarse dormida y he decidido pararla para evitar que en la próxima entrega interrumpa el discurrir de la trama con preguntas tan inconvenientes como ¿quién es Fredo?

He decidido parar la película y he mirado el reloj. Faltaba un minuto para la medianoche. Estábamos viviendo el final de un inocente veintiuno de enero. Ante la imposibilidad de despegar a mi mujer del sofá iba a desfilar hacia la cama solo pero he visto que la mesa de la cocina estaba aún cubierta por los restos de la cena: algo de líquido derramado sobre ella y cubierto con una servilleta de papel para que no se extendiera, un plato con fiambre de buena calidad, una tarrina de queso para untar, así que por qué no limpiarla, he pensado, y mientras lo pensaba un malsano automatismo me ha hecho pulsar el botón del mando a distancia que conmuta la entrada del DVD y convierte la televisión en la tele y han aparecido las noticias de TV3 y conectaban en ese instante con los diferentes partidos políticos porque daban las 00.00h y empezaba en directo para todos ustedes, pobres, y para mi, bayeta en mano, la campaña electoral, bienvenidos al circo.

He visto a la muy vomitiva Carmen Chacón diciendo que el vomitivo Rajoy lo es mucho más que el no menos vomitivo Zapatero porque Rajoy es malo y anticatalán y Zapatero es bueno y se parte su vomitiva jeta por Catalunya cada vez que hace falta. He visto a esos ridículos monigotes, bote de cola en mano, pegando algún que otro cartel y he recordado la vomitiva foto que he visto hoy en El Periódico con Zapatero enfundado en la bata de currante de la Renault y que ha hecho que la chaqueta de pana de Felipe González se sonroje y se vaya a un rincón a tratar de olvidar el pasado. Entonces han pasado el foco a Convergència, el más mayoritario partido de entre los minoritarios, y la locutora ha hecho hincapié en que el vomitivo Josep Antoni Duran i Lleida estaba dando el pistoletazo de salida a la vomitiva campaña a pesar de estar convaleciente de su reciente operación, y ahí he desconectado por completo porque varios nombres se han cruzado a la vez por mi mente, empezando por el de Clement Atangana pero seguidos muy de cerca por Puerta y Foe. Tres futbolistas muertos súbitamente en el campo en tiempos recientes. Tres futbolistas a los que les dio un pipiritaje en muy mal momento y cayeron al césped por última vez. Y después de cruzárseme sus nombres por la cabeza he visto al vomitivo Duran i Lleida cayendo fulminado, agarrándose al micro con su último aliento, agonizando en directo ante las cámaras de televisión que todo lo ven sin que ningún médico en la sala pudiera hacer nada por salvar su vida. En mi imaginación ese instante cobraba tintes casi poéticos, porque no era su mano la que veía, sino la de Luca Brasi, la monstruosa mano de Luca Brasi que se mantiene apuñalada sobre la barra mientras él cae al suelo.

No le deseo nada especialmente malo a Duran, o por lo menos nada peor de lo que puedo desearles a Rajoy, Zapatero, Llamazares, Carod Rovira y otras hierbas, pero qué bonito sería ver a los políticos caer en acto de servicio, uno tras otro como fichas de un dominó justiciero que pusiera en su sitio a tanto indeseable. Y después de eso esperar una semana o dos a que las voces de los tertulianos de la radio se acallaran y poder respirar tranquilos una temporada, aunque fuera breve, hasta que llegaran los inevitables sustitutos condenando enérgicamente la violencia, especialmente la violencia ejercida por el destino en el momento de la fatídica sístole ventricular o la no menos mortal de necesidad diástole auricular que ha hecho que todos los vomitivos capitostes políticos caigan uno tras otro como fichas de un dominó justiciero y se vayan todos al carajo de una puta vez.

Vayan a votar, vayan.

Benjamin Nazka


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