Glosario de motes utilizados:
PATO CRIOLLO: César Aira
«Nos observamos con curiosidad: si Schopenhauer considera conmovedora la curiosidad con la que dos jóvenes de sexo diferente se miran buscando en el otro la madre o el padre de sus futuros hijos, la mirada crítica con la que se analizan dos jóvenes artistas en su primer encuentro, tampoco está desprovista de un significado profundo e íntimo. Cada uno ve en el otro su rival y desea comprobar las ventajas que tiene sobre él, averiguar si su valor espiritual y su forma son suficientes para no sucumbir (...) Sabía que mi primer libro no le había gustado demasiado (...) era para él demasiado flojo, demasiado pulido. En una ocasión me dijo: –Tú eres tan fino... tanto, que se te ve sólo de perfil... Su opinión en este sentido expresaba un malentendido que poco a poco se iba creando entre mí y la mayor parte de la intelligentsia polaca»
Son comentarios que hace Gombrowicz en los diario sobre el primer encuentro que tuvo con Adolf Rudnicki.
Algo parecido me pasó a mí cuando conocí al Pato Criollo, si bien es cierto que en ese entonces yo no era escritor.
Pero él, de igual modo, me trataba en un pie de igualdad y con mucha generosidad en un terreno en el que se movía como pez en el agua, había leído las cartas que yo le había escrito a Gombrowicz y me alentaba para que las publicara.
En cierto momento me sentí obligado a leer alguno de sus libros para retribuirle en parte tan buena disposición, una intención que le hice conocer en una de mis cartas.
«Llegados a este momento, y como es muy probable que a vos te interese saber, por lo menos hasta cierto punto, qué es lo que pienso de tus escritos, creo que deberías recomendarme la lectura de un libro tuyo. Para prevenirnos, tanto vos como yo, de malos entendidos que podrían resultar fatales para el futuro de nuestra relación, más teniendo en cuenta que a vos te salen las novelas del escritorio como porotos de la chaucha, es imprescindible que se entienda muy bien que te estoy pidiendo la recomendación para la lectura de tan solo uno de tus libros, no vaya a ser que se te ocurra jugarme una mala pasada, como me la jugó el Niño Ruso cuando me mandó tres libros suyos desde México para que los leyera»
Yo estaba verdaderamente deslumbrado con la capacidad que tenía el Pato Criollo para inventar cuentos, novelas y reflexiones de cualquier especie, al punto que empecé a soñar con él.
En sueños se me aparecía como un pájaro cuya verdadera naturaleza no alcanzaba a precisar, pero es seguro que estaba actuando sobre mí esa curiosidad de la que habla Gombrowicz y que me hacía ver al Pato Criollo como un rival.
Eran sueños confusos, como lo suelen ser los sueños, me atreví entonces a consultar al doctor Cesar Rodríguez-Moroy Porcel, un terapeuta de gran renombre entre los hombres de letras, a ver si con su ayuda los podíamos precisar. Después de un par de sesiones los sueños, aunque aún misteriosos, se me aparecían con la magnífica claridad de un Pájaro llamado Tabernil que sólo me atrevo a presentar como un adjunto, pues es el representante de una verdadera sublimación.
Juan Carlos Gómez, «Goma»