Contagio del bostezo. Visión Mítica.

Ya sabes cómo funciona, está ahí y aunque esté lejos -sentada a una de esas horribles mesas enormes tipo Oktoberfest del comedor comunal- está cerca. Un inaudible ruido ensordecedor de multitud lo llena todo. Está cerca y hace bien poco la he oído afirmar en público que no tiene inconsciente ni consciente, y eso me gusta y me suaviza el juicio una barbaridad.

Por alguna razón la descompongo en partes, puedo hacerlo, puedo quedarme con un ojo por ejemplo y observarlo con atención desmedida, y podría seguir descomponiéndolo, es un ojo bonito pero susceptible de ser descompuesto como todos los ojos. Sus venas, su iris, su nervio. Pero esto lo evito, podría pero lo evito porque si lo hago, si lo descompongo, en partes, el objeto, el ojo descompuesto, se convierte en una multitud de objetos que quizá tengan cierto interés biológico para quien guste de la biología, pero no es mi caso, el ojo descompuesto en partes biológicamente interesantes se me hace indistinguible del ojo de un caballo o de una rana y así no me interesa, quiero su ojo, su ojo capturador y descompuesto del resto de la cara o no, pero el ojo entero, un ojo completo, con su retina y con su todo. Igual de completo que el de al lado.

Lo recompongo todo y el ojo vuelve a formar parte de su cara, cerca, sentada al fondo del comedor comunal, la miro y termina descompuesta de nuevo, ahora una boca. Labios dientes lengua paladar. Habla. No puedo oírla porque el ruido que no oigo me lo impide, y seguramente tampoco me interese lo que dice su descompuesta boca. La dibujan unos dientes pequeños, pero no demasiado pequeños, unos labios más o menos carnosos que se curvan un poco hacia abajo. Si se curvaran hacia abajo excesivamente la descompuesta boca no me gustaría, porque me atenta al gusto el labio excesivamente curvado hacia abajo.

Todo se recompone de nuevo y la expresión le cambia de un modo repentino, se tensa en gesto relajado que la recorre desde la cara recompuesta hasta incluso las partes del cuerpo que no veo porque quedan ocultas tras la mesa, pero aún así las veo recorridas por el gesto, la boca se abre, labios dientes lengua paladar, abriéndose, toma aire y absorbe entera la atmósfera y me quedo sin aire y mi expresión cambia porque no tengo aire y un gesto relajado me recorre y me tensa, crea un arco a través de mi cuerpo que se tensa con su cuerpo tan cerca, y tomo aire y absorbo la atmósfera recién absorbida por ella y orgasmo.

Benjamin Nazka


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