Cine
Parking
Lillo | CineAhora sé que el cine sigue siendo mágico.
No las tenía todas conmigo hasta hace poco tiempo. Creía que el cine eran presupuestos, productores, reuniones y relaciones públicas; o en su defecto, talento, productores, reuniones y relaciones públicas. Al carecer yo de grandes presupuestos y de un gran talento no me he preocupado del cine más que como espectador.
Dentro de unos días presento en mi ciudad «Parking», mi primera película.
Aki Kaurismäki, ese genio del mal
Benjamin Nazka | Cine | Tradición Tabernil«Soy esquizofrénico. Voy de una película seria a una loca, y de regreso a una seria.
Me gustan los dos tipos de cine, pero con las películas locas puedo pasar
más tiempo en el bar, y quizá sea por eso que no hago más películas serias.»
Aki Kaurismaki.

Poco sé de Aki Kaurismaki aparte de algunas de las anécdotas, a cientos las habrá, que pueblan su vida. Poco sé, y por eso espero que este pequeño artículo no agote lo que podamos decir de él y alguien con más bagaje pueda contarnos más. No será difícil pero por si esto no sucediera les recomiendo un excelente artículo que ilustra muchos porqués de las afirmaciones que en lo sucesivo haré y del que he tomado la cita del epígrafe: «Los hermanos que vinieron del frío». Poco sé del personaje aunque tengo la suerte de haber accedido a buena parte de su obra y con eso me basta. Sé, como anécdota, que en 1999 presentó su película Juha en un festival de cine mudo —evidentemente la película lo es— y por si no fuera suficientemente anecdótico hacer cine mudo en el noventa y nueve acudió totalmente borracho a la rueda de prensa, cosa que junto a sus temas y sus personajes acabados —dueños absolutos del arcén— le hace a mis ojos muy tabernilero. Sé que es, y esto es un dato objetivo, el mejor con diferencia manejando la elipsis, y desde luego el más atrevido por cuarenta y seis cuerpos de distancia lo cual quizá explique por qué es el mejor. Es tan tremendamente lacónico, tan parco, que normalmente sus películas llegan al desenlace en hora y cuarto como máximo, se le funden literalmente entre las manos. Lo que daría por poder espiarle en la mesa de montaje.
Whisky Galore! - Alexander Mackendrick (1949)
Benjamin Nazka | Cine | Tradición Tabernil
Fotograma de Whisky Galore!
Lo primero que me vino a la mente al leer la sinopsis fue La taberna errante de Chesterton, ese gordo sublime, novela que no he leído pero de la que leí una sensacional columna en El Correo que firmaba Carlos Pérez Uralde. En la novela el gobierno decreta una terminante ley seca y dos héroes huyen por la carretera cargados con el último barril de ron, convirtiéndose así en la taberna errante que da título al libro.
En Whisky Galore! no hay tal ley seca, o al menos no la hay como tal, no se decreta, sino que, más sencillamente, se acaba el whisky. En un pueblo isleño donde no hay diversiones de ninguna clase, aislado y dejado de la mano de Dios, el whisky, llamado en gaélico Agua de Vida, es lo único que ameniza la existencia de sus habitantes. Un mal día el tabernero anuncia la tragedia. No queda más whisky. Tampoco se esperan nuevos suministros.
Juicios tengas y los ganes
Benjamin Nazka | Cine
Aún recuerdo mi sensación de profundo estupor cuando le oí decir a mi padre por primera vez la maldición gitana que sirve de título a este artículo. Se la oí después infinidad de veces, sin entenderla, bendita infancia. Años más tarde, con la llegada de la edad adulta, empecé a comprender su significado, y la interioricé por completo hace poco tiempo, cuando me vi sentado por primera vez en el banquillo de los acusados por un delito contra la seguridad del tráfico, en un juicio muy tabernilero, dicho sea de paso.
La sensación de desamparo absoluto ante la justicia fue tan enorme, tan abrumadora, que durante algún tiempo -poco, por fortuna- logró colapsar todos mis pensamientos. De la mañana a la noche me dedicaba, amargado, a recitar monólogos interiores defendiéndome de las injustas -por supuesto, ¿qué esperaban?- acusaciones de que era objeto. Era, en suma, un secuestro mental en toda regla.
Quiero terminar ya con esta introducción basada en mis vivencias personales y entrar al tema, pero antes diré que a lo único que me exponía en aquel juicio era a una temporada privado del carnet de conducir y a una multa que, aunque cuantiosa, no dejaba de ser ridícula. Quiero decir con esto que en realidad no me exponía a nada.



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