Hoy me siento mal. Desde la ventana diviso uno de esos días de alma gris, uno de esos días sediento de amenazas que transcurrirá sin llegarlas a cumplir de la misma manera que los deseos más profundos escondidos en la alcoba de un latido nunca llegan a puerto alguno, encarcelados en su universo de cristal, a la merced del antojo de los vientos, silenciados en el vaivén del oleaje mientras se mecen en una eternidad azul acunando propósitos no divisados y eludiendo la certeza de hallarlos perdidos, ceñidos a la estrechez de un horizonte del cual nunca escaparán; siento la misma impresión en mis pies al calzarme las Merceditas en piel negra, las mismas que me regalé cuando comprendí que la desolación de una emoción siempre hace buenas migas con la soledad de una tarde de compras en el barullo céntrico de la ciudad.
Sección abierta
Homenaje al Moscatel de Pasas Reloaded
Ricardo Abdahllah | Sección abiertaAhora tengo 28 años y dos trabajos. No me pagan bien en ninguno (soy escritor y pediodista freelance en el extranjero, eso lo dice todo) pero son dos, no tengo descendencia y esa suma de circunstancias me permite de vez en cuando invitar a mi novia a cocteles decentes y a mis amigos a una buena botella de Piere Smirnoff’s Vodka; bebo bien, entonces, y con gusto, pero ese ascenso relativo en la escala etílica (todavía no me alcanza para el whisky de marca legalmente importado) jamás justificaría el olvido ingrato del licor que acompañó los que, estoy seguro, fueron mis mejores años en este valle de lágrimas. Me refiero por supuesto al vino moscatel de pasas. Al querido “Moscato” envasado en botella de etiqueta roja y blanca con uva y castillos en las bodegas de Casa del Rhin en el sector más gris y polvoriento de la carrera 30 de Bogotá. Ninguno de los otros vinos de la familia moscatel (“dícese del vino sacado de una cierta especie de uva de grano redondo y muy liso y gusto sumamente dulce”) se le aproxima en sabor; los demás son muy dulces, o muy secos o están envasados en botellas sin dignidad. El Moscato original es otra cosa.
Discromatopsia
Guillermo de Baskerville | micro-textos | Sección abiertaMe despierto. Ahí está el amarillo alegre, envidioso, celoso y egoísta intentado colarse por mi ventana. El azul apacible, leal y confiado navegado lentamente por algún blanco inmaculado, puro, virginal. Bajo él... verde esperanza, tranquilo y fértil. Donde pasean los fantasmas de todos los hombres que no fui.
En el tren
Alfonso Navarro | Sección abiertaTenía veintiún años, bajé del tren mirando a ambos lados del andén, mis maletas venían detrás, a mi lado. Uno siempre termina por no dejarse aquello que más pesa.
Luego vino lo de siempre, tus ojos achinados por tu deficiencia visual, mi mano moverse de forma casi ridícula y tú corriendo hacia mí, y yo esperando quieto con la excusa del desorbitado peso de mis maletas. Luego el abrazo, abarcándome por la espalda a la altura de mis riñones. Hasta me dolía.
problemas al intentar criar mixto jilguero-kanaria
Andrés | Sección abiertaHola, soy nuevo en esto y me gustaría que me aconsejaseis, tengo un jilguero de un par de años y una canaria (que me lió mi primo para que saque mixtos).
El jilguero pasa de ella, solo la gruñe cuando ella va a su palo, pero no la pica.
Ella hizo nido y puso cuatro huevos, pero sin pisar y a los dos o tres días se mosqueó y deshizo el nido y rompió los huevos.
Mirar a todas partes
La suicida | micro-textos | Sección abiertaPoca gente es consciente del momento exacto de su muerte. No me refiero al momento vital en el que esta acontece sino al momento preciso. Uno puede predecir que la muerte le llegará en la senectud o dentro de un año, en el caso de que el médico le diagnostique uno de esos males que corren desbocados por el cuerpo alimentándose de la vida que éste contiene y de la que jamás se empacha. Uno puede vaticinar que será en las próximas horas, quizá minutos, pero en el justo momento de producirse el desenlace se diría que uno tiene la mente en otra parte, ocupándola en otras cosas que no sólo no son la muerte sino que, sospecho, están en sus antípodas (ojalá supiéramos en qué cosas, ojalá pudiésemos capturar los vivos ese último pensamiento del moribundo, ese Rosebud; ¡aprenderíamos tanto!). Cuando la muerte aparece, rápida y dulce uno piensa que le quedan aún unos segundos al menos; que tendrá tiempo de componer un poco mejor el rompecabezas que le ocupa; que sus retinas recogerán, por última o quizá penúltima vez, la imagen de la persona, el objeto o el paisaje amado.


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Muy suelto veo yo a su alter...
A mí me encanta que las...
Aunque todo el mundo sabe...
Hola Pe fue un placer...
y yo me alegro....