Secciones cerradas

Ladridos (II). Afonía

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El tiempo nos arruga corazón y alma como ciruela caída del árbol. Sin duda. Nos visten de metálica malla para no sucumbir a los horrores de la vida y sirviéndonos tacitas coloreadas bebemos sorbo a sorbo las inmundicias que rodeando nuestro día a día muestran nuestro invencible bienestar.

Dom, 25/11/2007 - 13:32

Libros que nunca leeré - Me miento

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Últimamente difiero. Difiero aplazando mi obligada publicación mensual y difiero disintiendo en el seno de mi bipolaridad, obligándome a leerme en diferido; una acepción no considerada en 1780 por la imposibilidad en su ejecución… Y es que últimamente ando escaso de recursos y asímismo de juicios; no deseo ni recurrir a la cordura ni esperar la pronunciación de sentencia y, sin seguir pareceres, encuentro semejanzas de difícil imitación. ¿Se apoderó la absurdidad de mí? No conteste vigésima sexta; mucho temo que mi condición ciclotímica puede aina desvanecer.

Lun, 20/08/2007 - 15:44

Nueve nuevos bostezos

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Mordiscos.

Sus manos tiemblan. Tiemblan en cada mordisco. Tiemblan cada vez que agarran un pedazo de hambrienta hamburguesa. Sus mandíbulas, ¡como no!, tiemblan también.

Manos y mandíbula se mueven al unísono en un tintineo incesante, acolchado suavemente por una gorra de azul marino. La melodía se mastica a ritmo de semicorcheas. Ingiere con hambre. Termina. Se levanta, se pone su anorak verde, restriega a contratiempo la servilleta de ocre papel y se va.

La pequeña bandeja queda en la mesa con los desechos de una arrítmica comida.

Cabeza.

Mientras las manos sujetan la espera de su cabeza... los pensamientos traspasan las gafas de cristal; se encuentran.

Mar, 26/06/2007 - 19:31

W...

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Who are you

Ramon Vira-Sol

Dom, 20/05/2007 - 15:49

Seamos sinceros (V). Porque sí

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Las noches caían una tras otra masticando sollozantes respuestas que el amanecer apresurado difuminaba hasta el olvido. Y en cada despertar, reubicada mentalmente la ingravidez de la pregunta, se incorporaba con lentitud atravesada por la misma sensación de pesadez apabullante; a sombra de si lución mudó de brillante piel, su insustancial, trivial o común despertar se repetía una y otra vez. La tragedia estaba servida y, sin motivo aparente, la respuesta parecía desear seguir ocultándose. De si lución mudó o no de brillante piel, en realidad, era lo que menos le preocupaba; una vana lid ad líbitum, un desasosiego en bajamar. Aunque… ¿Qué sabría ella de si lución atiende o no atiende a los constantes cambios de la mar?

Vie, 11/05/2007 - 11:59

Seamos sinceros (IV). Literatura social

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Un Estado es quien tiene el «monopolio sobre la violencia legítima».
—Maximilian Weber—

Llevo algunos meses subseccionado en silencio; escuchando los alrededores de mi vida intentando comprender. Escucho atentamente a los que su posición social les permite opinar en singular o en plural, escucho —entre cafés— conversaciones ajenas violadas por mis oídos, te escucho a ti y, de tanto en tanto, me sorprendo escuchándome a mí.

Jue, 19/04/2007 - 16:15
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