Tradición Tabernil

El director tenor

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Unos turistas catalanes van a una oficina bancaria en Kuala Lumpur para retirar una pequeña cantidad de dinero. El cajero antes de darles el dinero realiza una enigmática llamada y tras ella el protagonista de esta pequeña anécdota, que no chiste, sale de su despacho enfundado en un elegante traje cruzado, se acerca a los catalanes y en un mal español les pregunta si son españoles. Los catalanes, benditos ellos, contestan que sí, lo sientan así o no, para no complicarse la vida dando más explicaciones de las que normalmente apetece dar a un desconocido que, tras la respuesta afirmativa, les informa de que es el director de la sucursal y les invita a entrar en su despacho.

Lun, 29/10/2007 - 17:05

Chesterton: La importancia de ser gordo

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El gordo Chesterton
El gordo Chesterton

Es importante ser gordo. Y digo ser, no estar. Me refiero a la perenne voluptuosidad de cuerpo y espíritu que implica, inevitablemente, una cosmovisión particular.

Ver a un señor gordo, de pesados y lentos movimientos, con su andar gallináceo, es un espectáculo digno de observar. A veces me quedo mirando a un gordo y me digo: he ahí a un ser superior. Un ser que, consciente de su pesada carga, se toma las cosas como si no le afectaran; mira el tiempo de otro modo y parece reírse de nuestras prisas y de nuestros ridículos intentos por estar ágiles, sanos y en conexión con este absurdo mundo que nos envuelve. El gordo sabe que no encaja en este mundo y por eso es capaz de observarlo desde una distancia que sólo los kilos de más pueden proporcionar.

Creo sinceramente que la gordura es un atributo esencial para entender al gran G.K.Chesterton, ese señor que una vez se levantó en un autobús para ceder el asiento a tres señoras. Por encima de gustos literarios, creencias religiosas e ideologías, Chesterton contagia a partir de sus escritos y de su manera de entender el mundo una alegría vital desmesurada y, paralela y casi inevitablemente, un odio feroz a un mundo que se torna –ya lo advertía hace cien años- aburrido, calculador y aséptico. Advirtió a una edad temprana que la autoridad recalaba en el convencionalismo. Cuando descubrió el sistema educativo lo describió así: “ser instruido por alguien que yo no conocía, acerca de algo que no quería saber” (Autobiografía).

Mié, 22/08/2007 - 09:01

Aki Kaurismäki, ese genio del mal

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«Soy esquizofrénico. Voy de una película seria a una loca, y de regreso a una seria.
Me gustan los dos tipos de cine, pero con las películas locas puedo pasar
más tiempo en el bar, y quizá sea por eso que no hago más películas serias.»

Aki Kaurismaki.

Foto Aki Kaurismaki

Poco sé de Aki Kaurismaki aparte de algunas de las anécdotas, a cientos las habrá, que pueblan su vida. Poco sé, y por eso espero que este pequeño artículo no agote lo que podamos decir de él y alguien con más bagaje pueda contarnos más. No será difícil pero por si esto no sucediera les recomiendo un excelente artículo que ilustra muchos porqués de las afirmaciones que en lo sucesivo haré y del que he tomado la cita del epígrafe: «Los hermanos que vinieron del frío». Poco sé del personaje aunque tengo la suerte de haber accedido a buena parte de su obra y con eso me basta. Sé, como anécdota, que en 1999 presentó su película Juha en un festival de cine mudo —evidentemente la película lo es— y por si no fuera suficientemente anecdótico hacer cine mudo en el noventa y nueve acudió totalmente borracho a la rueda de prensa, cosa que junto a sus temas y sus personajes acabados —dueños absolutos del arcén— le hace a mis ojos muy tabernilero. Sé que es, y esto es un dato objetivo, el mejor con diferencia manejando la elipsis, y desde luego el más atrevido por cuarenta y seis cuerpos de distancia lo cual quizá explique por qué es el mejor. Es tan tremendamente lacónico, tan parco, que normalmente sus películas llegan al desenlace en hora y cuarto como máximo, se le funden literalmente entre las manos. Lo que daría por poder espiarle en la mesa de montaje.

Dom, 22/04/2007 - 01:35

Carlos Pérez Uralde

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Carlos Perez Uralde
Carlos Pérez Uralde

Tal como les prometí hoy publicamos en Tabernil la columna de Carlos Pérez Uralde sobre La taberna errante de Chesterton que a su vez publicó el diario El correo allá por 2004. No suelo recortar nada del periódico, entre otras cosas porque no lo compro, lo leo en el bar y no me parece de muy buen gusto hacerlo. Sin embargo el día en que tuve la fortuna de toparme con esta columna no tuve más remedio que rasgar la página y llevármela a casa.

En ocasiones me he preguntado, lamentándolo, a quién privé de la lectura de aquel texto que yo disfruté tanto. Hoy me dispongo a enmendar mi pecado poniéndola a disposición de mucha más gente de la que en su día habría pasado por el bar y habría reparado en ella. Además, dado que están ustedes en este momento visitando Tabernil, si me permiten hablar en términos publicitarios, sé que me dirijo a un público objetivo mucho más afín al tema que el variadísimo personal que puede pasar un día cualquiera por un bar de barrio.

Jue, 08/02/2007 - 11:11

Whisky Galore! - Alexander Mackendrick (1949)

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Fotograma de Whisky Galore
Fotograma de Whisky Galore!

Lo primero que me vino a la mente al leer la sinopsis fue La taberna errante de Chesterton, ese gordo sublime, novela que no he leído pero de la que leí una sensacional columna en El Correo que firmaba Carlos Pérez Uralde. En la novela el gobierno decreta una terminante ley seca y dos héroes huyen por la carretera cargados con el último barril de ron, convirtiéndose así en la taberna errante que da título al libro.

En Whisky Galore! no hay tal ley seca, o al menos no la hay como tal, no se decreta, sino que, más sencillamente, se acaba el whisky. En un pueblo isleño donde no hay diversiones de ninguna clase, aislado y dejado de la mano de Dios, el whisky, llamado en gaélico Agua de Vida, es lo único que ameniza la existencia de sus habitantes. Un mal día el tabernero anuncia la tragedia. No queda más whisky. Tampoco se esperan nuevos suministros.

Mar, 06/02/2007 - 13:20
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