Tabernas
Beto Stocker | micro-textos | Tabernas de Tabernil
(U otra contrapaliza in retardando)
Int. Bar Anduriña. Muy de noche.
No, ni tú lo sabes, por eso haces esa pregunta con tanta insistencia, porque no lo sabes, cabrón ¡Pero si te acabas de terminar el sexto carajillo! Has perdido el hilo de la cuestión hace rato, no puedes estar a por dos cosas a la vez; o ves el partido o hablas; o te aplicas a observar la repetición minuciosa del último movimiento con que nuestro actual champion de dominó acaba de derrotar a su adversario o me sigues propinando la infernal paliza de verbo insustancial. Pero, por favor ¡No me toques el codo cada vez que repites: ¿Sabes lo que te quiero decir? ¡Cojones! No tienes idea de lo que me produce semejante tacto. Preferiría que cada vez que necesites llamar mi atención sobre un punto muerto de tu diatriba, impelido quizás por esa insistente, atenta y sobretodo muda indiferencia con la que te observo desde una profunda lejanía soltar sandeces, preferiría, digo, que me propinaras un puñetazo directo a la nariz ¿Sabes lo que te quiero decir? ¡Pum! ¿Entiendes o no? ¡Pum! ¡Pam!
Dom, 04/03/2007 - 01:38
Lillo | De la caverna a la taberna
Es propio de un rey obrar bien y ser calumniado.
Antístenes al enterarse de que Platón le calumniaba
Llevo tres noches sin dormir pensando en G. No sé quien narices se esconde detrás de la séptima letra del alfabeto y de ese misterioso, perfecto e infinito punto. Solo sé, no tengo más remedio que empezar a asumirlo, que G. forma parte ya de mi universo.
Sinceramente hubiese preferido que G. sobrevolase mi existencia como el cóndor de la canción o reptase a través de ella como la serpiente del jardín del Edén, que no sé yo, al no conocerla todavía lo suficiente, con qué animal compararla. Pero G. no ha pasado de largo. G. se ha colado en alguna muesca de mi cerebro y se ha hecho fuerte allí. Yo creo que se ha comido un poco de mi masa encefálica porque si no no me explico cómo ha podido encontrar un hueco para sentirse tan cómoda. Porque está cómoda, si no lo estuviese se habría marchado ya ¿o es que quizá venía de un sitio tan incómodo que mi abarrotado y polvoriento cerebro le ha parecido un lugar ideal para establecerse? El caso es que si se ha hecho un hueco comiéndome la cabeza ha debido zamparse alguna zona relacionada con la voluntad y la cordura -noto un descenso de ambas- y se ha instalado en el cráter mordisqueado. Espero que se encuentre bien allí y que a partir de ahora se vaya alimentando de las ideas que entren y no de las que tengo guardadas, que me ha costado muchos años madurarlas. Yo preferiría que se alimentase de ciertas ideas de otros que me entran cuando pongo el piloto automático. «¿Entiendes?» -dice mi interlocutor al que ni entiendo ni tengo ganas de esforzarme en entender porque hace rato que puse el piloto automático y lo único que deseo es dar por concluida la charla, la cena, la entrevista de trabajo, la fiesta de cumpleaños…- «Sí, claro, entiendo». Entiendo que me gustaría que G. se alimentase de esos inevitables asaltos a la razón para no tener que digerirlos yo y defecarlos más tarde vía dolor de cabeza, depresión o cabreo.
Dom, 03/09/2006 - 12:16
Lillo | De la caverna a la taberna
Desde que la filosofía ya sólo es capaz de vivir hipócritamente lo que dice,
le toca a la desvergüenza, por contrapeso, decir lo que se vive.
Peter Sloterdijk.
La noche del 2 de junio de 1953 el alpinista Edmun Hillary y su sherpa Tenzing Norgay se encerraron en el despacho del primer ministro Nepalí, un despacho vacío por la ausencia, provisional, de esa figura en el reino de Tribhuvan Bir Bikram Shah. Acababan de regresar de una expedición bajo bandera británica que había conseguido la primera instantánea en el la cumbre del Everest.
En ese preciso instante, en Londres, los flashes apuntaban a Isabel II mientras era coronada reina de lo que quedaba del Imperio Británico. En Picadilly, en Croxley, en la Gloucester Road o en Hornchurch los vendedores de periódicos y los altavoces de los transistores que escupían las noticias otorgaban la misma importancia a la coronación de Isabel y a la de Hillary.
En la Government House en Wellington, Nueva Zelanda, el Gobernador General Sir Charles Willoughby reunía a su gabinete de crisis en el Drawing Room y solicitaba una conferencia con el Nepal. Debían encontrar a Edmun antes de que las autoridades nepalíes lo aislasen, antes de que los periodistas preguntasen y, sobre todo, antes de que la reina Isabel II consiguiese comunicarse con él.
Mié, 30/08/2006 - 16:46
Benjamin Nazka | Tabernas de Tabernil
En esta ciudad acomplejada que sin demasiado acierto y con excesivas prisas trata, a la sombra de un museo grande, de modernizarse, pulirse, abrillantarse y dar esplendor por todos los rincones como si quisiera ocupar un sillón de la Real Academia. En esta ciudad que va poblándose a ritmo implacable de barandillas de aluminio, fachadas acristaladas y luces de neón. En esta ciudad, digo, había un... -no sé cómo llamarle-, un bar, o un pub, en cualquier caso un lugar abierto al público en el que servían copas durante buena parte de la noche. Había -ya di con la palabra- un antro llamado «28». Hoy, ya arrasado por los tentáculos de la asepsia galopante, me corresponde recordarlo, cerrar los ojos y recomponer lo que mis fragmentarias visiones deformadas por la ebriedad me permitan.
Jue, 03/08/2006 - 23:12
Monsieur Lange | Tabernas de Tabernil
He aquí un bar bodega con doble personalidad. El mayor ejemplo de trastorno bipolar bodeguero que yo haya visto jamás.
De día sería un bar bastante corriente -jubilados jugando a las cartas o al dominó en la terraza, gente en la barra haciendo el vermut, el vinito, las olivas, la cañita- de no ser por los camareros. El dueño, un gran tipo física y personalmente, además de tener un ojo de cristal viste uno de esos delantales con bolsillo extragrande donde puede albergar perfectamente 300 ó 400 monedas. Su ayudante padece una extraña tartamudez y grita mucho; parece que esté enfadado contigo pero en realidad te está diciendo: ¿le pongo otra copita? Se puede reconocer al neófito del Farré por su reacción ante este peculiar camarero. Hasta aquí el Farré de día.
Jue, 03/08/2006 - 00:09
Lillo | De la caverna a la taberna
Las tabernas, como cualquier otro templo en el que se rinde culto a una filosofía de vida, tienen múltiples utilidades espirituales y prácticas; casi tantas como los feligreses que acuden a ellas asidua (practicantes) o esporádicamente (no practicantes). Hay quien busca en ellas el sentido de la vida o de las vidas, pues inventa una distinta en cada taberna; hay quien olvida en sus barras los amores traicioneros y dolorosos o los fieles y placenteros; quien simplemente se divierte y quien se toma como una tarea prioritaria en su existencia el transmitir y hacer circular sus historias y enseñanzas que, la mayoría de las veces, no son reveladas fuera de las cuatro paredes de sus templos.
Como en las catedrales, en las tabernas hay líderes espirituales y mandamientos y cánticos y normas no escritas. Igual que se hace en las abadías con los abades, algunos de los más ilustres camareros de la historia fueron enterrados en el suelo de sus bodegas. El mismo suelo al que ahora caen los palillos, las servilletas, los huesos de aceituna y alguna que otra vomitona de los clientes.
Lun, 26/06/2006 - 14:30
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Comentarios recientes
y yo me alegro....
me ha gustado....
oh! El curso de filosofía...
Os invitamos a visitar...
Al igual que Pe, yo también...