Tabernas de Tabernil

¿Jabes ño que te quero nechir?

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(U otra contrapaliza in retardando)

Int. Bar Anduriña. Muy de noche.

No, ni tú lo sabes, por eso haces esa pregunta con tanta insistencia, porque no lo sabes, cabrón ¡Pero si te acabas de terminar el sexto carajillo! Has perdido el hilo de la cuestión hace rato, no puedes estar a por dos cosas a la vez; o ves el partido o hablas; o te aplicas a observar la repetición minuciosa del último movimiento con que nuestro actual champion de dominó acaba de derrotar a su adversario o me sigues propinando la infernal paliza de verbo insustancial. Pero, por favor ¡No me toques el codo cada vez que repites: ¿Sabes lo que te quiero decir? ¡Cojones! No tienes idea de lo que me produce semejante tacto. Preferiría que cada vez que necesites llamar mi atención sobre un punto muerto de tu diatriba, impelido quizás por esa insistente, atenta y sobretodo muda indiferencia con la que te observo desde una profunda lejanía soltar sandeces, preferiría, digo, que me propinaras un puñetazo directo a la nariz ¿Sabes lo que te quiero decir? ¡Pum! ¿Entiendes o no? ¡Pum! ¡Pam!

Dom, 04/03/2007 - 01:38

El 28

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En esta ciudad acomplejada que sin demasiado acierto y con excesivas prisas trata, a la sombra de un museo grande, de modernizarse, pulirse, abrillantarse y dar esplendor por todos los rincones como si quisiera ocupar un sillón de la Real Academia. En esta ciudad que va poblándose a ritmo implacable de barandillas de aluminio, fachadas acristaladas y luces de neón. En esta ciudad, digo, había un... -no sé cómo llamarle-, un bar, o un pub, en cualquier caso un lugar abierto al público en el que servían copas durante buena parte de la noche. Había -ya di con la palabra- un antro llamado «28». Hoy, ya arrasado por los tentáculos de la asepsia galopante, me corresponde recordarlo, cerrar los ojos y recomponer lo que mis fragmentarias visiones deformadas por la ebriedad me permitan.

Jue, 03/08/2006 - 23:12

Bar Bodega Farré

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He aquí un bar bodega con doble personalidad. El mayor ejemplo de trastorno bipolar bodeguero que yo haya visto jamás.
De día sería un bar bastante corriente -jubilados jugando a las cartas o al dominó en la terraza, gente en la barra haciendo el vermut, el vinito, las olivas, la cañita- de no ser por los camareros. El dueño, un gran tipo física y personalmente, además de tener un ojo de cristal viste uno de esos delantales con bolsillo extragrande donde puede albergar perfectamente 300 ó 400 monedas. Su ayudante padece una extraña tartamudez y grita mucho; parece que esté enfadado contigo pero en realidad te está diciendo: ¿le pongo otra copita? Se puede reconocer al neófito del Farré por su reacción ante este peculiar camarero. Hasta aquí el Farré de día.

Jue, 03/08/2006 - 00:09
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